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Los guardias abrieron fuego hacia los policías. Solté una exclamación ahogada al ver que mi amigo era directamente el objetivo a abatir. Sin embargo, Landon finalmente despertó de su trance. Retrocedió unos pasos para lograr ocultarse en el interior del hospital junto a sus compañeros, quienes contraatacaron disparando a través de las ventanas, ahora sin cristales. Lexi, Nils y Amelia hicieron lo mismo, ingresando de nuevo al edificio.
Nolan me tomó del brazo y me condujo hasta la fuente de piedra, brindándonos un poco de protección en medio del embrollo de disparos y gritos. Una bala impactó en una de las estatuas de ángel, desmoronándose en fragmentos. Los pedazos de piedra salieron disparados en todas direcciones, haciendo que los tres nos cubriéramos la cabeza con las manos.
La niña emitió un agudo chillido al ver cómo un trozo de piedra pasaba zumbando cerca de ella, apenas esquivándola por muy poco antes de caer al suelo con un golpe sordo. Pu-de volver a respirar cuando comprendí que tan solo había si-do un susto, pues ninguna piedra la había alcanzado.
Podíamos escuchar por encima del tumulto la voz de Landon dando órdenes a los demás policías. Nuestro refugio era lo mejor que teníamos en medio del caos que se desataba a nuestro alrededor, pero no podíamos permanecer mucho ra-to ahí.
—¿Cómo vamos a salir de aquí? —le pregunté a Nolan, con un deje de desesperación en mi voz.
Nolan frunció el ceño, escudriñando el entorno en busca de alguna posible ruta de escape. Sus ojos se detuvieron en uno de los furgones que quedaban más cerca de donde estábamos.
—No podremos hacerlo a pie.