En la línea de fuego 491
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—Adler. . —murmuré, sintiendo cómo el dolor me envolvía como una manta fría.

Pero no hubo respuesta, jamás la habría. Solo el silencio abrumador de la muerte. Cerré los ojos con fuerza, sintiendo cómo las lágrimas resbalaban por mis mejillas sin control.

Dejé salir sollozos entrecortados, permitiéndome llorar todo lo que mi cuerpo me pedía. Me incliné sobre su cuerpo inerte y le aparté un mechón de cabello rubio de su rostro pálido y frío, manchándolo de sangre.

Todavía en el suelo, mis ojos hinchados y vidriosos se posaron en Renata. Estaba observando el cuerpo inerte de Adler con una mueca de terror y tristeza a partes iguales. Pensé que ella no tendría que haber visto todo esto, que era una ni-ña demasiado pequeña para saber lo que era la muerte, y mucho menos presenciarla de cerca.

Entonces, giré la cabeza lentamente hacia Lily.

En algún momento había bajado la pistola, y ahora había arrepentimiento en sus ojos, como si no hubiese querido matarlo. No, por supuesto que no quería matarlo a él. Quería matarme a mí, y había apretado el gatillo sin pensarlo. Si Adler no me hubiese empujado, ahora mismo yo ya no estaría aquí para contarlo.

La tristeza comenzó a transformarse en una furia abrasa-dora, y mis pensamientos se nublaron con el deseo de hacerle pagar a Lily por lo que había hecho. Sentí esa familiar presión en la cabeza, justo detrás de los ojos. Mis manos temblorosas se cerraron en puños y mi mandíbula se tensó mientras luchaba por contener el torrente de poder que se agitaba dentro de mí.

Hinqué una rodilla en el suelo y me impulsé hacia arriba sin dejar de mirar a Lily, quedando en segundo plano el dolor de la herida en mi pierna. En realidad, todo quedó en segundo plano. Solo podía mantener mis ojos clavados en la chica 492

rubia que tenía frente a mí, y por un segundo fue casi como si estuviese viendo a una persona completamente desconocida para mí.

Solo podía pensar en que ella era tan responsable como su madre. Había dejado que encerraran a pacientes en esas celdas, durmiendo en el suelo y torturándolos. Casi que podía ver los moratones en la piel de Nolan cuando lo vi por primera vez en esa habitación.

Se me formó un nudo en el estómago al recordar las miradas perdidas de aquellos que habían sido privados de su humanidad. Tal vez por eso muchos preferían optar por la muerte, y decidían quitarse la vida por su propia cuenta. Y

Lily había permitido que murieran cientos de personas. El peso de todas esas muertes estaba encima de sus hombros, aunque no quisiera admitirlo.

Incluso había estado de acuerdo en borrar los recuerdos de quienes habían sido sometidos a experimentos crueles e inhumanos, o simplemente habían visto algo que los de este psiquiátrico no querían que vieran. Como Beth y Adler. A ellos también les habían privado de su identidad, de su pasado. Cuando a veces eso es todo lo que le queda a una persona para que sea feliz: los recuerdos. Si tan solo le arrebatas eso, ¿qué le queda?

Pero lo que realmente me llenaba de una rabia que me hacía sentir como si mis tripas se retorcieran y tuviera ganas de vomitar era el hecho de que, de algún modo, Lily estaba al tanto de los experimentos con niños. Lo supe porque conocía mi pasado, sabía lo que había ocurrido con ese hombre y lo que era capaz de hacer. Con lo cual, sabía entonces lo que significaba someter a esos pequeños a descargas eléctricas para provocar y manipular habilidades que tal vez ni siquiera existen en ellos.

La idea de que ella, o alguien como ella, pudiera consentir 493

y participar en tales atrocidades, me resultaba inconcebible y repugnante.

—Lo siento, yo. . no quería matarlo —titubeó ella—. Tienes que creerme, Jules. No era. . no era mi intención.

Pero eso ya no solo era por Adler.

Ladeé la cabeza, dejando que mi poder se liberara con u-na intensidad que ni siquiera sabía que existía y que, por tanto, todavía no podía contener ni controlar del todo. Un aura oscura y pulsante comenzó a emanar de mí, envolviéndome en una nube de energía que vibraba con una intensidad casi palpable.

Noté que la presión en mi cabeza aumentaba, haciendo que mi corazón latiera bruscamente en mi pecho. Apreté los dientes con fuerza y tuve una sed de venganza que jamás había experimentado en toda mi vida.

Entonces, un hilillo de sangre brotó de la nariz de Lily. No supe explicar el placer que sentí cuando vi cómo la sorpresa invadía sus facciones al llevarse la mano a la nariz, dándose cuenta de lo que estaba haciendo.

Intentó articular palabras, pero otro hilillo de sangre escapó de sus labios, interrumpiendo cualquier intento de hablar. En ese momento, no vacilé ni un solo segundo. La determinación ardía en mi interior, y no había espacio para la duda.

Sus ojos estaban abiertos de par en par, horrorizados, mientras se llevaba las manos al cuello, como si no pudiese respirar. Ni siquiera me di cuenta del momento exacto en el que había soltado la pistola, pero ahora yacía en el suelo. Su cuerpo se tambaleó y cayó de rodillas. Estaba dispuesta a seguir, a no parar hasta ahogarla con su propia sangre y. .

Alguien tiró de mi camiseta. Aún aturdida por el zumbido de los oídos y la presión en la cabeza, pude ver a una niña a 494

mi lado. Sus grandes ojos castaños me miraron fijamente con esa inocencia propia de un ser humano tan pequeño.

Comprendí entonces que me había olvidado de ella. De Renata. Negó con la cabeza lentamente, como si suplicara que no lo hiciera, que no hubiesen más muertes.

No quería que presenciara más violencia, por eso paré.

Cuando sentí que recuperaba todos mis sentidos, vi a Lily recuperando el aliento con el rostro manchado de sangre.

Faltó poco para que la matara. Iba a hacerlo sin dudarlo.

Me dejé llevar por la gravedad y caí al suelo de rodillas, sintiendo cómo cada músculo de mi cuerpo protestaba por el esfuerzo sobrehumano que acababa de realizar. Mis piernas temblaban y mi cabeza daba vueltas, pero lo peor de to-do era el vacío en mi interior, un vacío que ninguna cantidad de poder o venganza podría llenar.

Renata se acercó a mí con paso vacilante y dejé que sus diminutos brazos me rodearan. Me permití ser vulnerable, al menos por un momento, y lloré. Lloré por Adler, por todos los que habían perdido la vida a causa de la crueldad y el e-goísmo de este lugar.

Y así, entre sollozos, me permití sentir todo el dolor, la rabia y el pesar que había estado reprimiendo durante tanto tiempo. Porque aunque no pudiera borrar el pasado, aunque no pudiera cambiar lo que había sucedido, al menos podía permitirme sentirlo. Y tal vez, solo tal vez, encontraría la fuerza para seguir adelante.