En la línea de fuego 460
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—¿Cómo sabes que esto da al psiquiátrico? —preguntó él, dubitativo.

—Porque tu amiga y yo entramos por aquí hace unos días, y nos llevó directamente a los sótanos del edificio.

Se giró en redondo hacia mí.

—¿Cómo llegasteis hasta aquí?

—Eso ya te lo contará ella. —Sonreí angelicalmente—. Vamos, no hay tiempo que perder.

Tomé la delantera y me adentré al oscuro pasaje. Landon hizo un ligero movimiento con la cabeza a los demás policías antes de seguirme.

Observé de reojo a Landon. Sostenía la pistola con profe-sionalidad, como si estuviese demasiado acostumbrado a hacerlo. Sus ojos no dejaban de escudriñar el desagüe, alerta en todo momento.

—Debe importarte mucho esa chica para que hayas acce-dido a entrar a un desagüe —reconocí, con una sonrisilla perversa.

—Nos conocemos desde hace un tiempo —se limitó a decir, manteniendo la seriedad.

—¿Dónde os conocisteis? —pregunté, intrigada.

—En el trabajo.

—Oh, ya veo. . —susurré, con una sonrisa burlona.

Se giró hacia mí con el ceño fruncido.

—¿Qué pasa?

—Nada —respondí, tratando de contener una risita.

—Conozco a las mujeres, y cuando decís nada es de todo menos eso. Así que sea lo que sea que estés pensando, dilo.

—Vale, mujeriego —bromeé.

Landon se defendió de inmediato.