En la línea de fuego 445
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NOLAN

Seguí avanzando por los pasillos con ella cargada en mis brazos, evitando las áreas más congestionadas y procurando eludir la atención de los guardias de seguridad. Sin embargo, al doblar una esquina, tuve que detenerme de golpe al toparme con diez guardias. Todos armados.

JULES

Ya no podía aguantarlo más.

Cada vez que abrían la puerta de mi habitación, me estremecía nada más ver a esos hombres entrar. Porque era muy consciente de a dónde me llevarían y qué harían conmigo, a e-sa fría silla y a esas interminables sesiones. Y sabía que tenía que poner fin a todo esto como fuera.

Porque ya no me quedaba voz para gritar, ni fuerzas para intentar mitigar el dolor. Y no solo un dolor físico, corporal, tangible. Sino un dolor mucho más profundo. Me habían quitado mi niñez, mi inocencia, mi derecho a sentirme segura en mi propio cuerpo y en mi entorno. Habían robado mi confianza, mi autoestima, mi sentido de valía como persona.

Un día cualquiera, dentro de esa habitación, algo cambió en mí.

Mientras uno de los guardias me estaba atando las correas, listo para descargar corrientes eléctricas hasta que suplicara que pararan, mis ojos se clavaron en ese hombre con los dientes apretados. Fue justo en ese instante cuando sentí una presión en la cabeza que no había sentido jamás, provocando un zumbido en mis oídos bastante molesto.