En la línea de fuego 321
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Después del desayuno, nos convocaron a todos a una amplia sala de reuniones, normalmente utilizada para presentacio-nes médicas y sesiones informativas. Ofrecía suficiente espacio para acomodar a todos los internos.

Las sillas estaban distribuidas en filas frente a una pantalla grande, que ahora permanecía apagada. Tomé asiento en una de ellas junto a Lexi y Lily.

Podía imaginar por qué estábamos aquí cuando vi entrar por la puerta a la directora, con su habitual postura erguida y ese plante tan profesional.

Se colocó justo delante de la pantalla, con las manos entrelazadas por detrás. Su mirada firme recorrió la sala antes de posarse en cada uno de nosotros. Me dio la impresión de que sus ojos se clavaban en los míos más tiempo del debido.

El silencio se apoderó del lugar, solo interrumpido por el crujir de las sillas mientras nos acomodábamos nerviosos.

—Buenos días a todos —comenzó a decir—. Como sabrán, la situación de ayer fue inaceptable. No toleramos la violen-322

cia ni las confrontaciones en nuestras instalaciones. Estamos aquí para mantener un entorno seguro y terapéutico. Lo que ocurrió es completamente contrario a esos principios.

Mi mirada se desvió hacia Adler, que estaba unas filas más por delante de mí. Ya le había salido un moretón alrededor del ojo izquierdo en tonos púrpura y azul.

No volvimos a hablar desde que ocurrió lo de Nolan. Estaba segura de que empezaba a sospechar cosas.

—Dos miembros del personal resultaron gravemente heridos durante la confrontación. Ambos están recibiendo atención médica y se espera su pronta recuperación. Si este tipo de incidentes se repite, nos veremos obligados a tomar medidas más drásticas.

Aunque se escuchaban algunos murmullos entre los presentes, era evidente que nadie se atrevía a expresar en voz alta lo que comentaban entre ellos.

—Adler Hall, en pie —dijo de pronto.

Todas las miradas de los presentes se posaron en él. Adler, que hasta ahora se había mantenido cabizbajo, oculto ba-jo su capucha, hizo lo que le pidió y se levantó de su silla.

—Debido a su participación activa en la agresión y ser directamente quien la causó, será trasladado a la unidad de tratamiento residencial durante un periodo de tiempo que a-ún está por determinar.

La noticia no pareció afectarle demasiado, o simplemente llevaba puesta esa máscara de serenidad que le permitía so-brellevar las emociones sin mostrar vulnerabilidad.

Hizo ademán de sentarse de nuevo. Sin embargo, la directora añadió con voz firme:

—No he terminado.

Adler tensó la mandíbula, pero dejó que siguiera hablando.