En la línea de fuego 215
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Ahora que lo tenía frente a mí, quizás era el momento perfecto para sacarle algo de información. Era una oportunidad que no se me presentaría fácilmente otra vez.

—Quizás no sepas por qué estoy aquí, pero yo sí sé por qué lo estás tú —declaré con determinación, dando un paso al frente—. Y puedo prometerte que no te dejaré salir impune de tus crímenes.

Nolan se giró hacia mí para enfrentarme de nuevo, con una expresión que rozaba la diversión. Chasqueó la lengua, negando con la cabeza.

—Te creía más astuta, Jules.

Mi corazón dio un vuelco, dejándome sin aliento. Acababa de llamarme por mi nombre real, lo que confirmaba que sabía cuál era mi verdadera identidad.

—¡Revisad cada habitación de este pasillo! —se escuchó en el exterior de la habitación.

Desvié la mirada de la puerta antes de volver mi atención hacia él. Estaba claro que buscaban a Nolan, pero no parecía nervioso. Es más, ni siquiera reaccionó al escuchar a los guardias.

—Así que, eres tú a quién buscan.

—¿Y tú eres detective? —Me miró con una ceja enarcada.

Eso me ofendió más de lo que debería.

—Sí, la detective que se va encargar de meterte entre rejas. No lo olvides.

Iba a añadir un «imbécil» al final de la frase, pero por ahora no me atrevía a insultarlo.

—¿Qué pasaría si te dijera que puedo ayudarte a atrapar al verdadero responsable de esos crímenes? —inquirió, cruzándose de brazos.

Al hacerlo, los músculos de sus bíceps se tensaron con el 216

movimiento, atrayendo mi atención de manera involuntaria hacia ese gesto.

—No tengo tiempo para tus juegos mentales —reforcé mi tono, aunque me sentía atrapada en una telaraña que él había tejido.

Todas las alarmas de mi cabeza saltaron cuando se aproximó a mí con una pausada calma. Por instinto me pegué aún más a la pared, asustada.

Se inclinó tanto que pude sentir su aliento a escasos centímetros de mi rostro.

—No soy el monstruo que buscas, pero sé cómo cazarlo

—susurró en mi oreja, enviando corrientes eléctricas por to-do mi cuerpo.

Antes de que pudiera formular otra pregunta, cinco guardias invadieron la habitación, uno detrás de otro. Lo apuntaron con sus pistolas mientras le ordenaban que alzara las manos y se quedara quieto en su lugar.

Él, pese a ser más alto que cualquiera de esos guardias, no opuso resistencia cuando le colocaron las manos detrás de su espalda para retenerlo.

Mientras uno de ellos le ponía unas esposas, me miró fijamente con esos ojos oscuros tan intimidantes.

* * *

—Se lo dije —escuché que me decía Foster a través del pinganillo.

Volteé los ojos. Cómo odiaba esa frase.

—Ya tendrá tiempo de echarse flores encima. ¿Puede con-seguirme esos archivos o no?

—Cuente con ello. Landon irá a verla esta tarde y le entre-217

gará esos archivos que necesita.

—Bien.

Hubo unos instantes de silencio que se alargaron tanto que me vi en la obligación de hablar:

—¿Ocurre algo?

Escuché que soltaba un pesado suspiro.

—No quiero comunicarle esto por aquí.

Sentí un sabor amargo cuando cortó la interferencia.

Desde que me había puesto en contacto con él estaba de lo más extraño. Pensé que se alegraría de oír la noticia de que al fin había visto a Nolan y, sin embargo, parecía que su mente estaba en otro lugar.

Salí de una de las cabinas del baño. Ahora que estaba de vuelta en una habitación compartida, tenía que esconderme ahí para hablar con el inspector por el pinganillo. Solía hacerlo por la noche para no levantar sospechas, pero ese día no había aguantado más para darle la buena noticia.

Unos brazos me tomaron por sorpresa mientras avanzaba por el pasillo. Adler me atrajo hacia él, aprisionándome contra la pared para besarme de forma apasionada. Cuando se separó un poco para mirarme, tenía un extraño brillo en su cara.

—¿Qué hacías tanto tiempo en el baño?

—¿Ahora me espías? —Levanté una ceja.

—Solo te vigilo. Por si alguien más se digna a tocarte.

Sonreí, negando con la cabeza.

—¿Y a ti qué te pasa? —lo aparté un poco, colocando ambas manos en su pecho, para mirarlo fijamente—. Estás más. .

intenso.

—Está contento porque hoy nos trasladan al piso de arriba, junto a él —aseveró Beth, pasando por nuestro lado para 218

dirigirse hacia el baño.

—¿Sabes lo qué son las conversaciones privadas? —inquirió Adler.

—¡Estaba pasando por vuestro lado! ¡Ha sido inevitable escuchar!

La seguí con la mirada antes de centrarme en Adler.

—¿Es eso verdad?

Asintió con una sonrisa pícara en los labios. Pocas veces lo había visto con una expresión tan radiante como esa.

—Ya han pasado tres semanas desde que estáis en la primera unidad. Ahora podremos pasar más tiempo juntos. ¿No te alegra?

—No, sí sí. . —Fingí una sonrisa.

En realidad, era todo lo contrario. De ahora en adelante lo tendría más complicado para escabullirme de la habitación sin que Adler se enterara. Por lo menos las habitaciones de esa unidad eran individuales, lo cual añadía un mínimo consuelo a la situación.

Al mediodía recogimos todas nuestras cosas y nos dirigimos hacia la nueva unidad en el piso de arriba. Los que nos escoltaban eran el guardia flacucho y el otro con el que siempre iba acompañado.

Una vez arriba, me despedí de Beth y Lily, deseándoles lo mejor. Era consciente de que no era una despedida del todo, pues nos seguiríamos viendo en el comedor, el patio interno o incluso en los mismos pasillos del hospital. Pero, aún así, sentí algo de lástima. Había empezado a cogerles cariño.

Cuando ya solo quedaba yo por llegar a mi habitación, mi-ré a ambos guardias de reojo.

—¿Puedo preguntaros algo?

—No —respondió el grandullón sin tapujos.