En la línea de fuego 142
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—No, nunca antes lo había visto.

—¡Mientes otra vez! —gritó el chico entre dientes.

Sí. Esta vez sí que estaba mintiendo.

Porque algo en él me resultó familiar.

—Es Matthew Adams —dijo de pronto la chica pelirroja—.

Está ingresado en el ala de cuidados intensivos. Padece esquizofrenia.

Tras esa revelación, el ambiente quedó sumido en un profundo silencio.

—¡Mírame bien, zorra! ¡Me conoces! ¡Él y yo éramos igua. .!

Se interrumpió bruscamente cuando Adler le lanzó un puñetazo en la boca.

—Vuelve a faltarle el respeto y te quedarás sin dientes

—masculló él.

—Lleváoslo de aquí —le pidió la pelirroja a sus amigos—.

Le está dando una crisis.

Adler no lo soltó hasta que no se aseguró de que lo tuviesen bien agarrado, uno por cada brazo.

—¡No estoy loco! ¡Ella lo mató! ¡Fue ella! —comenzó a gritar, forcejeando para liberarse de ellos. Estaba completamente fuera de sí.

De pronto sentí un pinchazo en la cabeza. El ruido a mi alrededor se volvió confuso y mi visión borrosa. Cerré los ojos con fuerza, y cuando los volví a abrir experimenté una sensación abrumadora de mareo. Todo daba vueltas a mi alrededor.

Lo último que recuerdo es oír unas voces distantes, como si estuviese bajo el agua.

Después, oscuridad.