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—Un momento. ¿Qué hace esa botella ahí?
Mierda.
Beth me ofreció una sonrisa de oreja a oreja en cuanto me giré hacia ella para escudriñarla con la mirada.
El otro hombre se acercó a su compañero y se quedaron observando la botella de whisky que estaba en el suelo con el ceño fruncido.
—Nos la podríamos quedar —sugirió uno de ellos, haciendo que el otro se echase a reír.
—Ahora —murmuró Beth, despegándose de la estantería.
Lily y yo la seguimos de inmediato, gateando con rapidez y evitando hacer ruido. Los hombres seguían conjeturando ideas sobre cómo había podido llegar esa botella ahí, y apro-vechamos ese breve momento de distracción para acercarnos a la puerta.
Ya casi estábamos. Solo quedaban dos metros para llegar.
Pero entonces capté algo por el rabillo del ojo. Una sombra apenas perceptible que se movió ágilmente por el suelo.
Incluso lo vi venir antes de que sucediera.
Me giré hacia Lily, cuyo rostro se transformó en uno de completo terror al ver a esa rata. Y entonces hizo lo peor que podía hacer.
Soltó un grito aterrador, desvelando nuestro escondite.