NEGACIÓN
Al tercer día del entierro de mi padre la Guardia Cívica se llevó a mi madre. La tuvieron retenida sin pruebas dos días, nunca me quiso contar cómo fue el interrogatorio, pero al final la soltaron por no estar implicada, es decir, les convenció de que mi padre no le contó nada.
Supongo que acusar a otra persona hubiese levantado más sospechas de las que empezaba a haber, porque no todos pensaban que mi padre, mi tío o Alan hubiesen tenido algo que ver con la supuesta secta del médico, y dudar de ellos podía acarrear más dudas sobre Killian y el doctor.
Además, mi madre y mi padre fueron una pareja distante y estoy segura de que eso influyó en la decisión de dejarla libre.
A todas luces mi madre era una mujer confundida que sólo quería volver a su lugar de origen.
Desde ese momento decidió mostrar sus dudas hacia mi padre.
Interpretar su papel. De la noche a la mañana nos convertimos en sus verdugos, como tantos habían hecho con Killian y el doctor.
A nosotras por supervivencia, nos arrebataron todo, hasta la dignidad, porque qué más indigno que injuriar a mi padre, nos convertimos en sus Judas.
Hace solo unos días, él habló sobre la bajeza de la gente, ¿Con qué vara nos medirías ahora papá? Pero no es por temor a la muerte, temo perder a mamá, a Cathy y Robert. ¡Por mi egoísmo, por mi culpa te mataron papá! Ahora no permitiré que le pase eso a nadie más.
El médico nos visitó la semana siguiente a la liberación de mamá.
- Siento mucho vuestra pérdida. He supuesto que no irían a la consulta y he querido ver cómo te encuentras de tu caída Luisa.
- Mucho mejor -intervino mi madre-
No es que no pueda hablar, pero no quiero, sé que si empiezo a hablar terminaré gritando.
Por todas mis pérdidas, por las de mi padre, por las de mi madre, por las mentiras, quiero gritar con tanta fuerza que mejor callo, no quiero hundirlas más, ellas se han acostumbrado a mi silencio.
Están destrozadas, sólo están pendientes de si como y duermo, y yo como y duermo por ellas, pero no hablo, también por ellas.
- La inflamación ha bajado bastante. Dígame ¿está alimentándose bien?
- Si doctor, sólo no habla y nos preocupa. La última vez fue cuando..., ya ni lo recuerdo, han sido tantas cosas -lo recordaba perfectamente, fue cuando maldije al padre Peterson por no dejarnos enterrar a mi padre en nuestra hacienda-.
- Siento mucho lo que han vivido. Entiendo su dolor, pienso que es normal el estado de Luisa, ha pasado por demasiado, todas lo han hecho, poco a poco debe ir reaccionando.
Me he enterado lo ocurrido, no quiero parecer un entrometido, pero quiero que sepan que me indigna mucho lo que han hecho con el cuerpo de su marido, y con usted, me repugna.
Bueno, no quiero molestarlas más, debo visitar otros pacientes, pero les pido me llamen ante cualquier duda o ayuda que necesiten.
- Gracias Doctor, usted se va pronto, ¿verdad?
- Me quedaré un mes más y estoy a vuestra disposición.
- Muchas gracias.
- De momento sólo será necesario que le aplique este ungüento a Luisa, tres veces al día con paños secos calientes, le ayudará a remitir la inflamación.
La próxima semana me pasaré, pero si prefieren ir a Midletown, creo que les hará bien salir un poco.
Al menos que sirva de excusa la visita médica para que den una vuelta.
Mi madre murió el año pasado y me ha hecho bien salir.
Permanecía en la Facultad estudiando o en el hospital y me consumía con los recuerdos; mis compañeros me obligaron a salir, pasear, a veces respirar en un parque o ver la gente en las calles, tomar algo fuera hace que el día transcurra de una manera diferente.
- Gracias Doctor, lo intentaremos.
- Eso espero, si no, aquí estaré.
- Es muy amable de su parte.
- Es mi deber, no se preocupe. Cuídense mucho.
Es extraño que un desconocido no emita ningún juicio de valor, ni una sola pregunta, ni una mirada displicente y nuestros amigos juzguen, sin siquiera cuestionarse. Antes hubiese agradecido al joven médico, pero en vez de eso, su actitud me genera desconfianza.
Esa misma semana mi madre nos informa que compró pasajes para el próximo mes.
- Luisa, quiero que entiendas que debemos irnos. Tu padre dejó dinero, nos quedaremos con tu tío, seguro nos ayuda. Tu padre me dijo que no veía otra salida para nuestra situación.
Donde estuviese Killian, no lo podía localizar, me instó a irme y él hizo lo mismo.
No podía dejar a nadie mi dirección en París, no veía más caminos, aun así, un odio tan grande crecía, se calcificaba en mí.
Irnos era la solución, a Killian no lo volvería a ver.
Sólo sabría que fuimos a París, no perdería la esperanza, sabía el nombre y apellido de mi tío, el barrio donde vivía, aunque nada más.
Y la gente que acabó con todos los que he amado vivirían, saldrían impunes.
En un mes nos iríamos y ellos ganarían, nunca nadie sabría lo que realmente pasó.
No soportaba la idea. Cómo volver, cuándo, pero este odio no se acabaría hasta que consiguiera desenmascararlos, me juré a mí misma que un día lo haría.
Al anochecer mi madre estaba tomando el té con mi tía en el salón, me había quedado dormida en el sofá pensando en todo lo que pasó la última noche antes de los asesinatos, ¿tenía algo que ver mi fiesta o fue casualidad?
Me desperté con el sonido de sus voces hablando muy bajito, por lo que decidí simular que seguía dormida.
- ¿Crees que debamos quedarnos tanto tiempo? ¿No será mejor ir a Dublín, Marie?
- No lo sé. No tenemos tanto dinero para permanecer un mes en Dublín, con el gasto en los pasajes del barco.
Pierre nos ayudará, estoy segura, y trabajaré, pero no podemos ir con las manos vacías, somos tres bocas.
Parte del dinero lo tiene Robert y no sé si lo localicemos pronto, no sé nada, no sé cuánto tiempo lleve vender las cosas.
Mientras no estemos fuera de aquí no podremos ponernos en contacto con ellos.
Confío que los asesinos piensen que nosotras no estamos enteradas de nada y nos dejen en paz, he intentado ser convincente.
En parte pienso que si nos quedamos es más seguro, si vamos a Dublín un mes antes puede interpretarse como que huimos.
- De eso no podemos estar seguras hija. Pueden pensar que nos vamos por las habladurías, que no lo soportamos.
- Seguro que nos vigilan, pero si de verdad creyeran que estamos enteradas, estaríamos bajo tierra. Ahora todos entienden que quiera volver con mi familia a París, no tentemos a la suerte, esperemos.
- Marie, han implicado a todos. Debemos verlo desde todos los ángulos y hablarlo con claridad.
- Está bien Cathy, hablemos con claridad, estamos tan preocupadas que evitamos hablar de esto.
¿Cuántos fueron al funeral de Roger? Podemos contarlos con los dedos, los Byrne, los gemelos Kelly, el viejo señor Butler, siempre fue un cascarrabias, nunca le ha importado lo que los demás piensen, sino lo que él piensa, y no sabes cómo se lo agradezco; George y su hija Anne, es la única amiga de Luisa que fue; mis amigas y la tuyas ninguna.
Han colgado a mi marido, bastó con decir que se suicidó y que estaba implicado, que tu hijo y Alan ahora son unos sodomitas y estaban dentro de la secta con el Dr. Benson, así de fácil, nadie quiere contradecir lo que dice el cura y la Guardia.
¡Qué fácil les ha sido matar una familia y culpar a un grupo de pueblerinos!
Tienes razón, si no somos claras entre nosotras no podemos ayudarnos, estamos entre la espada y la pared.
Sería muy fácil deshacerse de nosotras; tal vez esperen a que nos vayamos para hacernos desaparecer y a nadie le importará, todos pensarían que nos fuimos y estarían agradecidos.
- Ahora explícame qué te dijo Roger, por qué resolvieron que nos vayamos.
Hasta donde sé, tuvieron una reunión con el Dr. Benson y lo que dijo les ha costado la vida.
Pero ellos no sabían quiénes fueron, y Roger no quería encontrar a los culpables, sino irse con su familia.
¿En qué momento decidieron que lo mejor era matarlo e inculparlo?
- Ay mi querida Cathy, eso es lo que me tranquiliza. No debo explicarte nada para que nos entiendas.
- Por el amor de Dios, los conozco, a mí nadie me va a venir con ningún cuento. Son mi familia, soy una mujer simple pero no estúpida.
- Eres una mujer muy grande Cathy, la mejor, y eres todo menos simple.
El Dr. Benson hizo la autopsia a la familia de Ian, lo sabes.
Dedujo que fueron asesinados por un médico por la forma de las muertes, por cómo los desollaron.
La Guardia Cívica no tomó en cuenta los informes.
Aunque luego, como sabes lo culparon a él, como si ellos lo hubiesen deducido.
De la reunión con Alan y Robert, Roger no me dijo quién más estuvo, pienso que Ron también por su forma de irse del pueblo.
Como nos dijo, el médico les contó que dudaba de la Guardia.
Tu hijo también vio unas marcas en el suelo, me dijo, y es lo que más me preocupa, no paro de darle vueltas.
Vio una caja de plata en la habitación de Luisa con el mismo símbolo.
- ¿Qué caja, déjame ver?
Al cabo de un rato vino con la caja.
- ¡Esa caja era de mi primo John!
- Eso me dijo. ¿Sabes qué significa?
- No lo sé. Sólo que la guardaba porque la tenía en un cajón en el despacho bajo llave.
Robert la cogió un día de pequeño y se enfureció con él, por eso la recuerdo, John era un hombre insoportable así que tampoco lo vi como algo particular de la caja, sino porque la cogiera sin su consentimiento.
Era hermético, poco sabía de él en aquel entonces y creo que fue la única vez que vi la caja.
Sí que son símbolos extraños, parecen rúnicos o celtas, es extraño que sea el mismo símbolo o tal vez no.
- ¿Por qué dices eso?
- Tal vez signifique algo genérico y sea una casualidad. Como muerte o vida o el símbolo de un clan.
- Puede ser. Me gustaría saber qué significa.
- Podría sugerir varias personas que conocen la simbología celta. Pero no creo que nadie quiera hablar con nosotras. Además, despertaríamos sospechas.
- Tienes razón… no podemos arriesgarnos por algo que tal vez no nos lleve a nada.
Disimular que dormía ha sido de las cosas más difíciles que he podido hacer.
Desollados, como a los animales, a eso se refieren.
Imágenes de las reses desolladas y colgadas pasaban por mi mente.
¡Nooo!, Killian, tú lo viste. Amor mío, cómo podrías seguir viviendo, “no confíes ni en mí”, escribiste.
Killian, nos han quitado la humanidad, nos han quitado la inocencia, la vida.
Mis amadas amigas, mi familia, lágrimas silenciosas recorrían mis mejillas, qué distante queda mi humanidad.
Killian cómo podía pedirte que te quedaras, no podía pedirte nada, si nada te quedaba.
En la noche tuve pequeños momentos de inconsciencia, reses pasaban en una fila infinita, un hombre se encargaba de sacarles la piel, pequeños corderos gritaban, sus gritos eran insoportables.
Killian lo miraba desde lejos, quise llegar a él y sacarlo.
Pero el carnicero ejercía un poder invisible sobre él, que lo paralizaba.
El carnicero se giró hacia mí, su cara deforme y sus ojos rojos como los de un demonio.
Killian no podía moverse ni parpadear, sus ojos negros sólo lloraban.