Capítulo 17
Noventa y dos por ciento incompatibles
Dante
D ante desconfió de la sección en cuanto vio la palabra algoritmo impresa en la primera página.
—No hay ningún algoritmo —dijo, mirando a Paula.
Ella siguió comprobando el orden del programa.
—Hay un formulario.
—Entonces no es un algoritmo.
Leo, sentado a su lado, acercó una de las hojas.
—Regla número veintisiete: nunca utilizar una palabra tecnológica en presencia de Dante sin documentación acreditativa.
—Esa regla no existe.
—Acabo de crearla.
Dante lo ignoró y volvió a mirar el guion.
El patrocinador había propuesto una sección especial: los dos responderían a una serie de preguntas y una herramienta genérica de la marca calcularía al final un índice de compatibilidad.
El texto promocional dejaba clara la intención de demostrar numéricamente lo diferentes que eran los presentadores de Dos Lados .
Aquello ya decía más sobre el resultado esperado de lo que Dante consideraba científicamente aceptable.
—Las preguntas se han elegido para producir diferencias.
Bia respondió desde detrás del portátil:
—Se han elegido para producir entretenimiento.
—No es lo mismo.
—Para un programa patrocinado, muchas veces está lo bastante cerca —dijo Leo.
Dante se volvió.
—¿Estás defendiendo el método?
—Estoy diciendo que nadie cree que esto sea una investigación académica. Es un juego.
—El patrocinador lo llama algoritmo.
—Yo también llamo Sandra a mi cafetera. Ninguna de las dos cosas necesita sobrevivir a un peritaje.
Bia se rio.
Dante cerró el guion.
—Aun así quiero saber cómo calculan el resultado.
Leo apoyó la cabeza en una mano.
—¿Vas a pedir la fórmula?
—Sí.
—Por favor, hazlo en directo.
Paula levantó la vista.
—No lo hagas en directo.
—Gracias, Paula —dijo Dante.
Leo la miró.
—Acabas de destruir contenido excelente.
—Llevo protegiendo vuestro programa de vosotros mismos desde el piloto.
Bia giró el portátil hacia Dante antes de que continuara.
—Y nadie aquí ha visto el resultado antes, por si esa era tu siguiente pregunta.
La herramienta es del patrocinador, las respuestas se introducen durante el bloque y el índice solo se calcula cuando se cierran las dos secuencias.
Producción recibió las preguntas, no una simulación con vuestras respuestas.
—Entonces han construido una campaña entera suponiendo el resultado —concluyó Dante.
Bia se encogió de hombros.
—Supusieron que vosotros dos conseguiríais discrepar en algo.
Leo lo miró.
—Ya hemos empezado decepcionando a la gente.
La emisión comenzó pocos minutos después. La sección apareció en el segundo bloque, presentada por Leo con suficiente entusiasmo como para compensar el escepticismo de Dante.
—El patrocinador de hoy ha decidido responder por fin a la pregunta que nadie se atrevía a hacer: ¿cuánto tienen que ser diferentes dos personas para estar obligadas contractualmente a discutir dos veces por semana?
Dante lo miró.
—Esa no es la pregunta.
—Es la esencia.
—La pregunta es cuál es nuestro índice de compatibilidad según las respuestas del formulario.
Leo hizo una mueca.
—Has conseguido empeorarlo.
En la pantalla detrás de ellos apareció la identidad de la sección. El chat se aceleró.
Las primeras preguntas parecían hechas para producir exactamente el contraste esperado.
¿Planificar las vacaciones con meses de antelación o decidir cerca de la fecha?
Dante eligió antelación.
Leo también.
Dante se volvió.
—Has marcado lo mismo.
—Sí.
—Te pasas el tiempo diciendo que demasiado itinerario arruina un viaje.
—Itinerario. No comprar un billete la víspera por tres veces su precio.
Bia levantó las cejas detrás del cristal.
Leo la señaló.
—No pongas esa cara. Tengo facturas.
La siguiente preguntaba si preferían cenar en un lugar conocido o probar un restaurante nuevo.
Los dos eligieron nuevo.
Leo miró la pantalla.
—Esto está empezando mal.
Dante reprimió una sonrisa.
—¿Para quién?
—Para toda la campaña.
Llegaron más. Trabajar en silencio o con música: silencio para los dos. Resolver un conflicto inmediatamente o esperar a que se enfriara: inmediatamente para los dos.
Esta vez Dante se quedó mirándolo.
—Tú no esperas.
Leo pareció ofendido.
—Claro que no.
—Literalmente ya has salido de una conversación porque te sentiste incómodo.
—Y volví.
La respuesta salió rápida.
Dante percibió la diferencia antes incluso que Leo.
—Volviste —confirmó.
Leo sostuvo su mirada durante un instante y después se volvió hacia la cámara.
—Quiero dejar constancia de que esto no tiene ninguna relación con el test y no será admitido como prueba.
El chat se disparó.
Bia les hizo una señal para que continuaran.
Las siguientes preguntas por fin produjeron algunas diferencias.
Dante prefería llegar veinte minutos antes; Leo consideraba diez aceptables.
Dante guardaba recibos importantes; Leo les hacía una foto y los tiraba.
Leo prefería decidir qué comer ese mismo día; Dante consideraba razonable saberlo antes de salir de casa.
Pero el patrón general seguía siendo irritantemente parecido.
Cuando registraron la última respuesta, la pantalla detrás de ellos empezó la animación del cálculo.
Leo cruzó los brazos.
—Mi predicción es veintiocho por ciento.
—¿Basada en qué?
—Autopreservación.
—Yo diría cincuenta.
Leo entrecerró los ojos.
—¿Crees que estamos de acuerdo en la mitad de las cosas?
Dante lo pensó.
—Quizá en más.
—Eso parece información peligrosa.
La animación se detuvo.
El número apareció enorme en la pantalla.
92 %
Ninguno de los dos habló.
Durante unos segundos, todo el estudio pareció darse cuenta al mismo tiempo de que la campaña patrocinada acababa de producir exactamente el resultado que no quería.
Bia volvió la cara hacia el monitor, mordiéndose el labio en un intento inútil de no reírse.
Paula bajó la mirada hacia el guion. Al otro lado del cristal lateral, alguien del equipo comercial hizo un gesto rápido hacia Bia, que respondió encogiéndose de hombros como diciendo que tampoco sabía qué hacer con aquello.
Leo se inclinó hacia delante.
—Quiero una auditoría.
Dante siguió mirando el número.
—Por fin estamos de acuerdo en algo.
El chat explotó.
¿¿¿NOVENTA Y DOS????
OS LO DIJIMOS
DANTELEO
BESAOS DE UNA VEZ
#DanteLeo
#BesaosDeUnaVez
Leo se volvió hacia Dante.
—Esto está manipulado.
—Acabas de exigir una auditoría y ahora acusas de fraude antes de la investigación.
—Conozco el sistema.
—Hace quince minutos decías que era solo un juego.
—He cambiado de opinión ante nuevas pruebas.
Dante no consiguió evitar la sonrisa.
Leo lo señaló inmediatamente.
—No sonrías.
—No estoy...
—Sí que estás.
—El número sigue sin significar nada.
—Perfecto. Entonces deja de parecer satisfecho.
Dante se volvió hacia la cámara.
—Un noventa y dos por ciento de compatibilidad en un cuestionario patrocinado no convierte esto en un dato científico.
Leo también miró a la cámara.
—Este hombre está recurriendo la decisión del algoritmo porque ha resultado demasiado compatible conmigo.
—No existe ningún algoritmo.
—Exactamente lo que diría alguien en negación.
Bia renunció por completo a esconder la risa detrás del cristal.
Dante intentó recuperar el rumbo del programa.
No ayudó.
Cuanto más rechazaban el resultado, más trataba el chat ese rechazo como una confirmación.
La acción que debía demostrar que eran opuestos acababa de transformar su supuesta incompatibilidad en un noventa y dos por ciento en la pantalla de un patrocinador nacional.
◆◆◆
En el siguiente bloque, Dante cometió el error de intentar compensarlo.
No fue una decisión acordada. Leo simplemente empezó a exagerar pequeñas discrepancias, y Dante se dio cuenta de lo que hacía demasiado rápido.
—Una película de dos horas y cuarenta es larga —afirmó Leo durante un dilema sobre parejas que nunca conseguían elegir qué ver.
—No necesariamente.
Leo se volvió.
—Llevas tres semanas diciendo que una película de dos horas y veinte necesita intermedio.
Aquello era cierto.
—Depende de la película.
—Ahora no puedes usar «depende».
—Puedo, porque las películas distintas tienen ritmos diferentes.
Leo abrió los brazos.
—Hace cuatro días dijiste que cualquier director que no consiga contar una historia en dos horas tiene que revisar sus prioridades.
—Dije «muchos directores».
—Dijiste «cualquiera».
—No lo dije.
—¿Quieres que busque el mensaje?
Dante se quedó inmóvil medio segundo.
Error.
Leo también se dio cuenta.
—¿Mensaje? —repitió Dante.
—Grupo de producción —respondió Leo, demasiado rápido.
Bia levantó la cabeza detrás del cristal.
—No hace falta que lo busques —dijo Dante—. Sigues estando equivocado.
Leo asintió.
—Perfecto. Hemos vuelto a la hostilidad.
El problema era que ahora los dos lo estaban intentando.
Y se notaba.
Una discusión sobre la temperatura del aire acondicionado terminó con Leo recordando que Dante siempre tenía frío en ambientes demasiado refrigerados.
Dante alegó que aquello era observable. Leo replicó que Dante sabía exactamente qué bebida pediría él sin mirar la carta.
Dante declaró que Leo era predecible; Leo respondió que solo lo era para personas excesivamente interesadas.
El chat perdió cualquier interés por el dilema.
ESTO EMPEORA CADA SEGUNDO
YA NO SABÉIS DISCUTIR
92 %
BESAOS DE UNA VEZ
El intento de parecer más incompatibles producía exactamente lo contrario: cuanto más se esforzaban en discrepar, más revelaban hábitos y preferencias que conocían el uno del otro.
Cuando llegó la pausa, Dante se quitó uno de los auriculares.
—Tenemos que parar.
Leo bebió agua.
—Estoy de acuerdo.
—Lo estamos empeorando.
—Mucho.
Dante miró a través del cristal. Bia ya hacía algo en el móvil con una velocidad preocupante.
—Está preparando un clip.
—Claro que sí.
Dante volvió a ponerse los auriculares.
—En el siguiente bloque, normal.
Leo asintió.
—Normal.
El problema era que lo normal entre ellos se había convertido precisamente en aquello que la campaña no conseguía controlar.
◆◆◆
Marcos apareció en la sala de preparación menos de veinte minutos después de que terminara el programa.