Capítulo 16 #2
Lo beso con fuerza; de alguna manera siento que me he relajado, que podemos tener nuestra primera noche ahora.
Entonces abro los ojos.
El rostro de Haakon, iluminado por la luz de la luna que entra por la ventana, es realmente hermoso de ver. Él es en todo un príncipe. Guapo, fuerte, que me ha respetado y me ha preparado para este momento.
Pero en el rincón del cuarto, en la sombra que proyecta un reloj grande, lo veo. Gustavo está ahí. Me está mirando, juzgándome, recordándome lo sucia que soy.
—¿Ravena? —Haakon me sujeta el brazo cuando me quito de encima de él.
Niego con la cabeza y me cubro los pechos con el brazo libre.
—No puedo... perdona...
—¿Estás bien? —Recoge su frac del suelo.
¡Maldita sea! ¡Lo he estropeado todo! Estaba todo tan perfecto, hasta que los recuerdos de mi pasado salieron a flote.
Y Gustavo sigue ahí, observándome. La forma en que me mira me hace sentir ridícula.
—Nadie va a quererte como yo te quise. —Sus labios se mueven allá en la oscuridad, pero yo oigo sus susurros desde aquí.
—Yo... yo necesito... lo siento mucho... —empiezo a tartamudear; no consigo mirar a Haakon.
—Mira esas marcas en tu cuerpo. —Gustavo se ríe. Mueve los dedos desde lejos, pero siento el tacto en mi cintura—. Ya no eres aquella chica guapa que conocí... engordando y adelgazando todo el rato... tu cuerpo está lleno de marcas...
—Para... por favor...
Y él me muestra su pistola. Y sonríe.
—Ábrete de piernas para mí, puta.
—¡Gustavo, para! —grito, y aparto sus manos de un empujón.
Creo que necesito cinco, quizá diez segundos para razonar y ver a Haakon delante de mí. Tiene los pantalones abrochados. Y yo me miro el cuerpo, los brazos... estoy cubierta por su frac, que me queda enorme.
—¿Cómo me has llamado? —pregunta él.
—Lo siento mucho. —Solo consigo negar con la cabeza—. Ha sido un error.
Intento escapar y huir. Dios sabe que es lo que necesito ahora. Pero el príncipe no me deja moverme del sitio.
—Mírame —insiste. Sus dos manos aprietan los lados de mi cara—. Soy yo, Ravena. Soy... yo...
—Sí... —Sacudo la cabeza. Los ojos me arden y me siento más estúpida que antes.
¿Qué estoy haciendo? ¿Qué me está pasando? ¿Por qué lo he estropeado todo?
—Yo... yo no voy... no voy a poder... —Intento contener el llanto.
Y cuando me doy cuenta de que es exactamente eso lo que estoy haciendo, rompo a llorar.
Gustavo sigue allí, en el rincón, vigilándome. Hay un placer indescriptible en su mirada, un regocijo que refleja bien cuánto ama destruirme, estropearlo todo, hacerme sentir una basura.
Me siento sucia. Siento asco de mí misma. Nunca voy a poder entregarme a otra persona... ¡él siempre va a estar ahí!
—Necesito una ducha. —Agacho la cara.
—¿Qué ha pasado, Ravena?
—Yo... estoy sucia... perdona por decepcionarte.
—Tú... no estás sucia —dice él, sin entender nada—. No tienes que disculparte. Si no te he hecho sentir cómoda...
—No... no... el problema no eres tú. Soy yo. Yo no soy... Verás, Haakon... yo no soy virgen. Y no soy una princesa.
—Sé que no eres virgen y sé que no eres una princesa. —Se sienta en el diván.
Extiende el brazo y yo me encojo, me aparto. Pero él mantiene la palma de la mano abierta durante tanto tiempo que yo, aun con miedo, estiro la mía. Siento su mano cerrarse lentamente hasta apretar la mía. A continuación tira de mí muy despacio, hasta que me siento a su lado.
—Sé exactamente quién eres. Y eres perfecta para mí. No quiero que seas diferente...
—No tienes ni idea de las cosas que hay dentro de mi cabeza... —sollozo.
—Déjame saberlas. Cuéntame. Estoy aquí, para ti. No soy el mejor consejero... No... sin duda soy el peor consejero, porque siempre actúo por impulso y la cago —se ríe—, pero soy un buen oyente.
No puedo decirlo.
¿Qué voy a contarle? ¿Que vi a mi ex maltratador ahí, en el cuarto? ¿Qué va a pensar? ¿Que pensé en otro hombre mientras estaba con él?
Me sentiré aún más desconcertada, sucia, inservible para él.
Haakon termina de abrocharme el frac que llevo puesto, dejándome toda cubierta, desde el inicio del muslo hasta el cuello.
—Esta vida... —Haakon toma mi otra mano y sujeta las dos sobre su regazo—. Es muy aburrida a veces...
—¿Cómo que aburrida?
—Ellos, los empleados del palacio, lo hacen todo por nosotros. Nos despiertan, nos visten, nos alimentan... hasta pueden bañarte, si quieres. —Se ríe de un modo nervioso—. Pero algunas cosas solo nosotros podremos hacerlas el uno por el otro.
Asiento con la cabeza.
Todavía estoy confundida. ¿No va a echarme de aquí? ¿A sacarme del palacio por hacerle perder el tiempo?
—Solo yo podré quitarme la ropa para ti.
—Su mano derecha toca suavemente mi cara y limpia mis lágrimas—.
Solo yo podré amarte, darte placer y calentarte en los días fríos de Koioskovo.
Y aunque serás asunto de seguridad nacional, quiero que sepas que eres mi prioridad, porque yo, antes que nadie, voy a protegerte.
—Besa mi mano—. Quiero cuidar de ti. Quiero ser tu apoyo.
Tu compañero. Algunos días querré ser tu oyente...
tu amigo... tu amante... tu rey. Acostúmbrate a eso.
—Sí.
Me equivoqué.
Creía que no podía haber nada más suave que su pañuelo, el que limpió mis lágrimas en el avión. Craso error. Sus dedos son suaves. Sus labios, que ahora sonríen con decencia, son suaves. Y su mirada tierna y cautivadora también es suave.
—Si tengo que esperar para tenerte, es lo que haré. Quiero que estés lista para mí, Ravena. Quiero que me desees tanto como yo te deseo.
—Te deseo... es solo que no... no sé, no me he sentido bien esta noche.
—Y no pasa nada. —Su mano forma una concha en mi cara.
Y sus labios besan los míos sin prisa—. Eres mi futura reina.
Y voy a respetarte como tal. —Retira mis manos de su regazo y besa el dorso—.
No estás sucia ni lo eres. No lo olvides nunca: eres mi mujer.
La futura reina. Serás la madre del futuro rey.
Olvida lo que te hirió en el pasado... ahora ya no eres aquella chica. Mantén los ojos en el futuro.
—Gracias —digo, por no tener nada mejor que decir.
—Te dejo descansar. —Se levanta.
—Alteza. —Soy yo quien sujeta su mano ahora—. Quédate. Duerme aquí esta noche...
Con un gesto de negación, él me acaricia la barbilla.
—Prefiero dormir en mi habitación. Buenas noches, Ravena.