Ella me dijo que corriera Capítulo 12 Cuando termina la huida #4
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Capítulo 12 Cuando termina la huida #4

Después apareció algo diferente.

Un sonido metálico.

Leve.

Distante.

Sarah volvió a escucharlo.

Y luego otra vez.

Parecía una campana.

No.

Una cadena.

O quizás una estructura metálica movida por el viento.

Anotó la observación en su libreta.

Podía ser importante.

En una investigación, incluso los detalles más pequeños podían conducir a respuestas inesperadas.

Guardó la grabadora en una bolsa protectora y continuó examinando el automóvil.

Emily jamás dejaba las cosas al azar.

Si había ocultado aquella grabación bajo el asiento, probablemente había dejado otras pistas.

Sarah revisó cada compartimento.

Cada bolsillo.

Cada espacio.

Durante casi una hora no encontró nada nuevo.

Hasta que observó algo extraño en el respaldo del asiento del conductor.

Un pequeño corte en la tela.

Demasiado limpio para ser accidental.

Sarah acercó la mano.

Introdujo dos dedos cuidadosamente.

Sintió algo dentro.

Un sobre.

Pequeño.

Doblado varias veces.

Lo extrajo lentamente.

Su corazón comenzó a acelerarse.

En la parte frontal había una única palabra escrita con la letra de Emily.

Sarah.

Durante unos segundos permaneció inmóvil.

Luego abrió el sobre.

Dentro había una hoja doblada.

Y una fotografía antigua.

Sarah observó primero la fotografía.

Mostraba una calle principal de un pequeño pueblo.

Varias personas aparecían frente a edificios de madera.

En la esquina inferior podía leerse una fecha.

1987.

Y un nombre.

Black Creek.

Sarah giró la fotografía.

Al reverso había una anotación escrita por Emily.

"Mira a la tercera persona desde la izquierda."

Sarah observó nuevamente la imagen.

Contó cuidadosamente.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuando llegó a la tercera figura sintió un escalofrío.

Porque aquella persona había sido marcada con un círculo rojo.

Y debajo aparecía una pregunta.

"¿Por qué desapareció de todos los registros?"

Sarah frunció el ceño.

No entendía completamente lo que significaba.

Pero estaba claro que Emily había descubierto algo relacionado con aquella persona.

Guardó la fotografía y desplegó la hoja.

Era una lista de nombres.

Más de veinte.

Junto a cada nombre aparecían fechas.

Algunos estaban marcados con una cruz.

Otros con signos de interrogación.

Y varios estaban rodeados por círculos.

En la parte inferior de la página había una nota escrita apresuradamente.

"Todos estuvieron en Black Creek durante el mismo año."

Sarah sintió que estaba observando una pieza importante del rompecabezas.

Pero todavía no comprendía cómo encajaba.

Tomó fotografías de todo.

Luego guardó cuidadosamente los documentos.

Mientras lo hacía, algo llamó su atención.

Un movimiento.

Rápido.

Entre los árboles.

Sarah se quedó inmóvil.

Miró hacia el bosque.

Nada.

Solo sombras.

Ramas.

Vegetación.

Pero estaba segura de haber visto algo.

O a alguien.

Esperó varios segundos.

El viento agitó las hojas.

Nada más.

Aun así, la sensación de estar siendo observada regresó inmediatamente.

Aquella misma sensación que había experimentado años atrás.

Antes del ataque.

Su respiración se aceleró.

No.

No podía permitir que el miedo controlara sus decisiones.

Había aprendido demasiado durante aquellos años.

Respiró profundamente.

Contó hasta cinco.

Y recuperó la calma.

Cuando volvió a mirar hacia el bosque, todo parecía normal.

Sin embargo, la inquietud permaneció.

Decidió abandonar el lugar.

Por ahora.

Tenía suficiente información para continuar investigando.

Y prefería analizar las pistas en un entorno más seguro.

El trayecto de regreso a la cabaña fue silencioso.

Sarah no encendió la radio.

No escuchó música.

Solo pensó.

La grabación.

La fotografía.

La lista de nombres.

Todo parecía conectado.

Pero aún faltaban demasiadas piezas.

Al llegar, extendió los documentos sobre la mesa principal.

Encendió una lámpara.

Tomó su computadora portátil.

Y comenzó a investigar.

La lista de nombres produjo los primeros resultados sorprendentes.

Varias personas habían vivido en Black Creek durante la década de los ochenta.

Eso no era extraño.

Lo extraño era otra cosa.

Muchos de ellos parecían haber desaparecido de los registros públicos.

No habían fallecido.

No se habían mudado oficialmente.

Simplemente dejaban de aparecer.

Como si nunca hubieran existido.

Sarah revisó bases de datos.

Archivos digitales.

Periódicos antiguos.

Los patrones comenzaron a repetirse.

Demasiadas coincidencias.

Demasiadas ausencias.

Demasiadas preguntas sin respuesta.

Mientras avanzaba en la investigación, recordó algo que Emily le había dicho años atrás.

—La historia siempre deja huellas.

—¿Y si alguien intenta borrarlas?

Emily había sonreído.

—Entonces las huellas se vuelven aún más interesantes.

Sarah observó la fotografía nuevamente.

Quizás aquello era exactamente lo que estaba ocurriendo.

Alguien había intentado borrar parte de la historia.

Y Emily lo había descubierto.

Horas más tarde, cuando la noche ya había cubierto completamente la montaña, Sarah recibió una llamada.

Era Rebecca Collins.

—¿Encontraste algo?

—Sí.

—Por tu voz diría que algo importante.

Sarah le explicó todo.

La grabación.

Los documentos.

La fotografía.

Hubo un largo silencio al otro lado de la línea.

Finalmente Rebecca habló.

—Sarah.

—¿Sí?

—Necesitas tener cuidado.

Aquellas palabras llamaron su atención.

—¿Por qué dices eso?

—Porque esto ya no parece una simple investigación histórica.

Sarah miró la grabadora que descansaba sobre la mesa.

—Lo sé.

—¿Crees que Emily estaba siendo seguida?

Sarah recordó el miedo en la voz de su amiga.

—Estoy segura.

Rebecca guardó silencio.

Luego habló nuevamente.

—Voy a intentar conseguir información sobre Black Creek desde aquí.

—Gracias.

—Y prométeme algo.

—¿Qué?

—No hagas nada imprudente.

Sarah sonrió levemente.

Era exactamente el tipo de advertencia que Rebecca siempre hacía.

—Lo intentaré.

Cuando la llamada terminó, la cabaña volvió a quedar en silencio.

Sarah observó la oscuridad más allá de las ventanas.

Las montañas parecían inmensas.

Antiguas.

Llenas de secretos.

Por primera vez comenzó a comprender la verdadera dimensión del problema.

Emily no había desaparecido por accidente.

Había descubierto algo.

Algo que alguien quería mantener oculto.

Y ahora Sarah estaba siguiendo exactamente el mismo camino.

La misma ruta.

Las mismas preguntas.

Los mismos secretos.

Quizás incluso los mismos peligros.

Tomó nuevamente la grabadora.

Reprodujo la última parte del mensaje.

—Sarah...

La voz de Emily sonó cargada de urgencia.

—No vengas a buscarme.

Luego llegó la última palabra.

La palabra que había dado un giro completo a toda la investigación.

La palabra que seguía resonando en su mente desde que la escuchó.

—Corre.

Sarah apagó la grabación.

Permaneció varios segundos en silencio.

Mirando la oscuridad.

Pensando.

Finalmente tomó una decisión.

No iba a correr.

No iba a abandonar la búsqueda.

No iba a dejar sola a su amiga.

Porque si Emily había arriesgado todo para descubrir la verdad, ella haría exactamente lo mismo.

Y en algún lugar, oculto entre los bosques, los archivos olvidados y las historias enterradas de Black Creek, se encontraba la respuesta.

La respuesta que explicaría por qué Emily desapareció.

Quién la estaba persiguiendo.

Y qué secreto era tan importante como para que alguien intentara silenciarlo.

La verdadera investigación acababa de comenzar.

Capítulo 5: El pueblo olvidado

La mañana llegó cubierta por una neblina espesa que envolvía las montañas como un velo silencioso.

Sarah Jenkins apenas había dormido. Las imágenes de la fotografía encontrada en el automóvil de Emily y la grabación con aquella inquietante advertencia habían ocupado cada pensamiento durante la noche.

La palabra seguía resonando en su mente.

Corre.

Pero cuanto más pensaba en ella, más convencida estaba de que no podía hacerlo.

Emily había desaparecido.

Alguien la estaba persiguiendo.

Y todas las pistas parecían señalar el mismo lugar.

Black Creek.

El pueblo olvidado.

El pueblo que, según los registros oficiales, había sido abandonado décadas atrás.

El pueblo cuya historia parecía haber sido cuidadosamente borrada.

Sarah se encontraba sentada frente a la mesa de la cabaña cuando abrió nuevamente el mapa.

La ubicación de Black Creek aparecía apenas marcada.

Era extraño.

La mayoría de los mapas modernos ni siquiera mencionaban el lugar.

Como si nunca hubiera existido.

Aquello solo aumentaba sus sospechas.

Tomó una libreta y repasó todo lo que sabía hasta ese momento.

Emily había investigado Black Creek durante semanas.

Había encontrado documentos desaparecidos.

Había mencionado personas borradas de los registros.

Había dejado una advertencia.

Y luego desapareció.

No parecía una coincidencia.

Sarah cerró la libreta.

Había llegado el momento de visitar el lugar personalmente.

Dos horas después, conducía por una carretera secundaria que serpenteaba entre montañas cubiertas de pinos.

El cielo permanecía gris.

El viento agitaba las ramas de los árboles.

A medida que avanzaba, las señales de civilización comenzaban a desaparecer.

Menos casas.

Menos vehículos.

Menos personas.

Finalmente llegó a un camino estrecho señalado únicamente por un cartel oxidado.

Las letras estaban casi borradas por el tiempo.

Pero aún podían leerse.

Black Creek – 12 km

Sarah sintió un escalofrío.

Era la primera vez que veía el nombre fuera de las notas de Emily.

Apagó el motor durante unos segundos.

Observó el sendero.

Parecía abandonado desde hacía años.

La vegetación había invadido gran parte del camino.

Aun así, alguien había pasado recientemente.

Lo supo al observar las marcas frescas de neumáticos sobre el barro.

Alguien seguía visitando aquel lugar.

La pregunta era quién.

Y por qué.

Volvió a arrancar el automóvil.

El camino se volvió más difícil a medida que avanzaba.

Las ramas golpeaban los costados del vehículo.

La niebla reducía la visibilidad.