Capítulo 1 El aniversario de las sombras #2
Observó aquellas palabras durante unos segundos.
Como periodista de investigación, había aprendido a separar los hechos de las emociones.
Y los hechos eran claros.
Algo estaba mal.
Terminó su café, tomó las llaves del automóvil y salió de la cabaña.
La señal telefónica regresó parcialmente cuando descendió varios kilómetros por la carretera de montaña.
Inmediatamente llamó a Emily.
Una vez más.
El mismo resultado.
Buzón de voz.
Sarah cerró los ojos durante unos segundos.
Después marcó otro número.
Era el de la madre de Emily.
La llamada fue respondida después del tercer tono.
—¿Sarah?
—Buenos días, señora Carter.
—¿Ha aparecido Emily?
Aquella respuesta sorprendió a Sarah.
—¿Qué quiere decir?
Hubo un breve silencio.
—No responde nuestras llamadas desde hace dos días.
Sarah sintió un nudo en el estómago.
—¿Dos días?
—Sí. Pensamos que estaba ocupada trabajando. Ya sabes cómo es cuando encuentra una nueva investigación.
Sarah conocía perfectamente esa faceta de Emily.
Cuando comenzaba a investigar algún misterio histórico, podía pasar horas leyendo archivos, entrevistando personas y revisando documentos antiguos.
Pero jamás desaparecía sin avisar.
Jamás.
—¿Les comentó algo sobre un viaje?
—No exactamente —respondió la señora Carter—. Solo dijo que estaba investigando algo relacionado con un antiguo pueblo abandonado cerca del Monte Rainier.
Sarah tomó nota de inmediato.
—¿Mencionó algún nombre?
—No lo recuerdo.
—¿Parecía preocupada?
La mujer guardó silencio unos segundos.
—Ahora que lo preguntas... sí.
Sarah permaneció atenta.
—¿Por qué?
—Durante la última semana parecía distraída. Como si estuviera pensando constantemente en algo.
—¿Le dijo qué era?
—No.
Sarah escribió cada detalle.
La conversación continuó varios minutos más, pero no surgió ninguna información importante.
Cuando terminó la llamada, una sensación incómoda comenzó a crecer dentro de ella.
Emily llevaba dos días desaparecida.
Dos días.
Y nadie parecía considerarlo preocupante.
Sarah volvió a arrancar el automóvil.
Su siguiente destino era la pequeña oficina del sheriff local.
La estación se encontraba en un pueblo tranquilo situado al pie de las montañas.
Cuando llegó, el lugar parecía tan silencioso como el bosque.
Entró en el edificio.
Un oficial de recepción levantó la vista.
—¿Puedo ayudarla?
—Necesito hablar con el sheriff Foster.
El hombre señaló una oficina al fondo.
Sarah caminó hasta allí.
La puerta estaba abierta.
Detrás del escritorio se encontraba Michael Foster, un hombre de aproximadamente cincuenta años con expresión cansada y cabello entrecano.
Levantó la vista cuando Sarah entró.
—¿Señorita Jenkins?
—Sí.
—La madre de Emily Carter llamó esta mañana.
Sarah tomó asiento.
—Entonces ya sabe por qué estoy aquí.
—Supongo que sí.
La respuesta fue demasiado tranquila.
Demasiado indiferente.
Sarah cruzó los brazos.
—Mi amiga desapareció.
—No exactamente.
—¿Cómo que no exactamente?
—Es adulta.
Sarah sintió cómo aumentaba su frustración.
—No responde llamadas.
—Puede estar ocupada.
—No se presentó a una reunión importante.
—Quizás cambió sus planes.
—No avisó a nadie.
El sheriff se acomodó en la silla.
—Sucede más veces de las que imagina.
Sarah lo observó fijamente.
Aquella actitud le resultaba insoportable.
—¿Ha iniciado una investigación?
—No hay evidencia de un delito.
La respuesta fue como un golpe.
—¿Ni siquiera intentará localizarla?
—Señorita Jenkins, muchas personas desaparecen durante unos días. Luego regresan.
Sarah apretó los puños.
—Usted no conoce a Emily.
—Y usted está preocupada. Lo entiendo.
—No, no lo entiende.
El sheriff suspiró.
—Si aparecen pruebas concretas, actuaremos.
Sarah se puso de pie.
—Entonces esperarán hasta que sea demasiado tarde.
El hombre no respondió.
Aquello fue suficiente.
Sarah abandonó la oficina sintiendo una mezcla de ira e impotencia.
Mientras caminaba hacia el estacionamiento, recordó algo que había aprendido durante años de periodismo.
A veces las autoridades hacían todo correctamente.
Otras veces simplemente no querían complicarse la vida.
Y cuando eso ocurría, la verdad dependía de otras personas.
Personas dispuestas a seguir buscando.
Personas como ella.
Durante las siguientes horas, Sarah comenzó su propia investigación.
Regresó temporalmente a una cafetería del pueblo donde había conexión a internet.
Abrió su computadora portátil.
Lo primero que revisó fue el blog de Emily.
Miles de lectores seguían sus investigaciones históricas.
La mayoría trataban sobre edificios abandonados, desapariciones antiguas y leyendas locales.
Pero las publicaciones recientes llamaron inmediatamente su atención.
Durante el último mes, Emily había escrito varias entradas relacionadas con un lugar llamado Black Creek .
Sarah nunca había escuchado ese nombre.
Abrió el primer artículo.
Black Creek había sido una pequeña comunidad minera fundada décadas atrás.
Según los registros oficiales, el pueblo había quedado abandonado después de una crisis económica.
Fin de la historia.
Pero Emily parecía pensar otra cosa.
Sarah continuó leyendo.
En varios artículos aparecían preguntas que Emily aún no había logrado responder.
¿Por qué desaparecieron ciertos documentos históricos?
¿Por qué algunos registros municipales fueron destruidos?
¿Por qué varios habitantes abandonaron el lugar durante la misma semana?
Sarah sintió curiosidad.
Abrió otro artículo.
Y luego otro.
A medida que avanzaba, comenzó a comprender por qué Emily estaba tan interesada.
Había demasiadas inconsistencias.
Demasiados vacíos.
Demasiadas preguntas sin respuesta.
Algo no encajaba.
De repente apareció una publicación incompleta.
La última que Emily había intentado escribir.
No estaba terminada.
Solo contenía algunas notas.
Sarah leyó cada línea lentamente.
Y entonces encontró una frase que hizo que se le acelerara el corazón.
"Creo que alguien ha intentado ocultar lo que realmente ocurrió en Black Creek."
Sarah permaneció inmóvil.
Volvió a leer la frase.
Luego otra vez.
Aquello no parecía una teoría cualquiera.
Parecía una advertencia.
Continuó examinando las notas.
La siguiente línea estaba incompleta.
"Si logro confirmar la información obtenida del archivo..."
La frase terminaba abruptamente.
Nada más.
Sarah observó la pantalla.
Emily había dejado aquel texto pocas horas antes de desaparecer.
No podía ser una coincidencia.
Simplemente no podía.
La tarde comenzaba a caer cuando Sarah recibió una llamada inesperada.
Era Rebecca Collins.
Su antigua mentora en el mundo del periodismo.
—Sarah.
—Rebecca.
—La madre de Emily me llamó.
Sarah se sorprendió.
—¿También estás preocupada?
—Mucho.
Aquella respuesta le dio algo de alivio.
Al menos alguien más comprendía la gravedad de la situación.
—He estado revisando sus publicaciones.
—Yo también.
—¿Viste lo de Black Creek?
—Sí.
Rebecca guardó silencio unos segundos.
—Sarah, necesito preguntarte algo.
—Adelante.
—¿Crees que Emily descubrió algo importante?
Sarah miró por la ventana.
Las montañas comenzaban a oscurecerse bajo las sombras del atardecer.
—Sí.
—Yo también.
Aquella respuesta confirmó lo que ya sospechaba.
No estaba imaginando cosas.
No estaba exagerando.
Algo estaba ocurriendo.
Y Emily se encontraba en el centro de todo.
Esa noche, Sarah regresó a la cabaña.
El bosque estaba silencioso.
Demasiado silencioso.
Mientras preparaba una cena sencilla, repasó mentalmente toda la información obtenida.
Emily desaparecida.
Autoridades indiferentes.
Investigación sobre Black Creek.
Documentos ocultos.
Una publicación incompleta.
Era un rompecabezas.
Y apenas tenía algunas piezas.
Sin embargo, algo seguía molestándola.
Había una pregunta que no lograba responder.
¿Por qué Emily no la llamó?
Si realmente estaba en peligro...
Si realmente había descubierto algo importante...
¿Por qué no la llamó directamente?
Sarah observó su teléfono.
La pantalla permanecía oscura.
Sin mensajes.
Sin llamadas.
Nada.
Entonces recordó algo.
Emily le había dicho una vez:
—Si alguna vez dejo de comunicarme sin explicación, significa que algo realmente malo está pasando.
En aquel momento ambas habían reído.
Parecía una broma.
Ahora ya no lo parecía.
Sarah sintió un escalofrío.
Porque la llamada que debía haber llegado nunca llegó.
Y cuanto más tiempo pasaba, más evidente resultaba una terrible posibilidad.
Quizás Emily había intentado pedir ayuda.
Quizás había intentado comunicarse.
Quizás había intentado advertir a alguien.
Pero por alguna razón nunca tuvo la oportunidad.
Sarah cerró lentamente la libreta de notas.
Miró hacia la oscuridad que se extendía más allá de las ventanas de la cabaña.
En algún lugar de aquellas montañas se encontraba la respuesta.
Y también Emily.
Podía sentirlo.
La búsqueda apenas había comenzado.
Pero una cosa era segura.
No abandonaría aquella montaña hasta descubrir la verdad.
Porque ahora ya no se trataba únicamente de encontrar a una amiga.
Se trataba de descubrir qué había ocurrido antes de que la llamada más importante de todas se perdiera para siempre.
Capítulo 3: El automóvil entre los árboles
El tercer día desde la desaparición de Emily Carter comenzó con un cielo cubierto de nubes bajas y un viento frío que recorría las montañas como un susurro constante.
Sarah Jenkins había pasado gran parte de la noche revisando notas, mapas y capturas de pantalla de las publicaciones más recientes del blog de su amiga.
Cuanto más analizaba la información, más convencida estaba de que Emily no había desaparecido voluntariamente.
Había algo que no encajaba.
Algo importante.