Elementtal: La Primera Profecía
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William
Su hija gritaba como un animal rabioso mientras veía como la enfermera se llevaba a su nieto.
Su sucio y Blanco nieto.
― ¡Regrésame a mi hijo!
La Señora Ventus esperó a que la enfermera cerrara la puerta y que el llanto del bebé se extinguiera. Luego, volvió a ver a su hija, encadenada a la cama del hospital.
―Nunca debiste revolcarte con un asqueroso Blanco ― bramó con odio. Su hija siempre había sido su gran orgullo―. ¡Has arruinado tu vida y la reputación de esta familia!
― ¡A la mierda eso! ¡Lo hice por amor, madre! ¡Algo que tú nunca entenderás!
Hav se acercó a la imprudente de su hija y le dio una cachetada. Rosa chilló y se sujetó la mejilla.
―Cállate, estúpida. Arruinaste a esta familia por tu estupidez. ¡Te revolcaste con un Blanco!
― ¡Yo lo amo! ― sollozó―. Él sabe que tenemos un hijo. Vendrá por mí, y juntos buscaremos a nuestro bebé.
La Señora Ventus se enderezó y vio a su hija con calma―. Eso será imposible, ese imbécil está muerto.
La piel de su hija palideció, y sus ojos dejaron de tener luz. La tomó por la barbilla, y se acercó hasta su oído.
―Lo mandé matar―susurró―. Para que tú puedas rehacer tu vida. Te casarás, y limpiarás el nombre de la familia.
Hav se alejó. Su hija comenzó a lloriquear de nuevo, trató de escapar de sus cadenas, forcejeó unos minutos, hasta que se rindió.
Cuando se le pasara su berrinche, su hija obedecerá a la orden impuesta.
Siempre lo hacía. Ese bebé era un error, una pequeña piedra en su camino, solo tuvo que patearlo, y continuar.
No iba a permitir que su hija desperdiciara su vida junto a un Blanco.
Ella era su heredera, y debía comportarse como tal, como la próxima Señora Ventus.