CAPÍTULO 30 #2
Cuando el pomo de la puerta se bloqueó, impidiendo que la persona entrara, abandoné los labios de Logan y bajé los míos por su dura extensión.
Él ahogó un gruñido en su garganta. Yo apagué mis gemidos en él.
Babeé, gemí, chupé... Las lágrimas se agolpaban en el rabillo de mis ojos cuando tuve que apartar la boca para respirar, haciendo que un sonido indecente resonara en la habitación.
Ahí fuera, la gente intentaba averiguar por qué la puerta estaba cerrada con llave.
Ahí dentro, yo me pasaba la lengua por los labios, sintiendo su sabor en cada rincón de mi boca y sonreía con picardía, volviendo a volverle loco.
— Ya basta —gruñó, levantándome de un solo movimiento—. Has sido lista al ponerme a prueba cerca de ellos. Ahora te toca a ti...
¿Crees que podrás controlarte cuando esté todo dentro de ti, amor?
Gemí al oír su sucia promesa al oído.
— Solo lo sabrás si lo intentas.
Logan sonrió, aceptando el reto. Me guió de vuelta hasta la escalera anclada a la pared, cogió una cuerda que había cerca y, cuando me quise dar cuenta, me estaba levantando los brazos.
— No te creas que será fácil, Hannah —pronunció mi nombre con una dosis de sarcasmo. A continuación, dio un paso atrás, admirando su propia obra.
Mis muñecas estaban atadas sobre mi cabeza. Mis pechos, fuera del sujetador. Mis piernas seguían con los movimientos restringidos.
— ¡Preciosa! —contempló en un susurro ardiente.
Giré la cara buscando cualquier cosa que me diera una idea de lo que él estaba viendo, y fue entonces cuando me encontré reflejada en el cristal de una ventana.
No era muy grande, pero lo suficiente para hacer volar mi imaginación. Nunca me había sentido tan empoderada, tan deseada... tan buena. Aunque
"control" no fuera la palabra que mejor definiera aquel momento.
Logan volvió a arrastrar la fusta, desde mi cara hasta mis rodillas, explorando sin prisa cada una de mis reacciones en los puntos más sensibles.
Volví a jadear y a gemir.
— Fóllame ya. Para con esta tortura.
— Ya te dije que no iba a ser fácil —me provocó.
Mis brazos empezaban a calentarse.
Logan volvió a besarme de forma impetuosa, haciéndome olvidar cualquier cosa que no fuera ese deseo loco de correrme con él dentro de mí.
Acto seguido, abandonó mi boca —dejándome con una sensación de vacío— y bajó mordiéndome el cuello y el escote, hasta llegar a mis pechos.
Sonrió, perverso, y cerró los labios alrededor de uno. Me sacudí, jadeando por el contraste de su boca caliente. Mi cuerpo estaba ardiendo, pero la corriente de la habitación empezaba a estar fría.
— Logan... —Creo que no sonó tan bajo como deseaba.
No me hizo caso, chupando de un modo provocativo hasta cerrar los dientes con fuerza. Ahogué un grito en la garganta, pero me resultó imposible cuando hizo lo mismo con el otro. Gruñí, forzando los brazos, impedida por las ataduras.
Dolía, pero el morbo era mucho mayor.
— Logan, deja de maltratarme así... fóllame ya —
supliqué.
Gruñó contra mi pecho, pero no me soltó.
En su lugar, aumentó la presión de la mano que sujetaba mi cintura contra la escalera, dejándome aún más deseosa y cautiva.
No me lo pensé dos veces y usé los pies para librarme de los pantalones, cerrar las manos en la escalera y enrollar mis piernas alrededor de su cintura.
— Tienes fuerza en el abdomen, ¿eh?... —me provocó, soltando una mano para venir a jugar con mi clítoris.
— Eso es porque aún no has sentido la fuerza con la que mi coño está pidiendo a gritos tu polla.
— Pues, estoy loco por descubrirlo —gruñó como respuesta, agarrando su polla por la base y penetrándome con firmeza.
Ahogué el grito en su cuello, sacudiéndome de placer por la presión en mi vientre. Logan apretó la mandíbula.
— Joder, amor... no bromeabas.
Gemí, sintiendo cómo se movía dentro de mí.
— No... no bromeaba —murmuré, perdiendo el control cada vez que sentía mi espalda y mi culo golpear contra el metal frío—. Ay,
Logan... qué rico...
Volvió a besarme.
— La gente te va a oír —me recordó.
— Que les follen. Ahora, solo quiero que me hagas correr fuerte como me prometiste.
Logan siguió embistiendo con fuerza y ritmo. Cada célula de mi cuerpo vibraba, suplicando por él. Mi deseo me enloquecía.
Se deslizaba vigorosamente dentro de mí haciéndome sentir todo de él, cada centímetro, cada vena, cada movimiento.
Sus gruñidos aumentaban mi morbo, el riesgo de que nos pillaran lo potenciaba todo a niveles aún mayores.
Me corrí fuerte, mordiéndole el hombro, sintiendo que los míos ardían por la postura. Logan se corrió a continuación, rugiendo entre dientes.
Abrí los ojos primero, encontrándolo sudado, con la mandíbula tensa y una expresión de puro placer.
Me contraje de nuevo. Él lo sintió, pues me estimuló el clítoris y no dejó de embestir, aunque ya había eyaculado.
Cuando me quise dar cuenta, nos estábamos moviendo en sincronía de nuevo, en busca del deseo que nos consumía. Esta vez, nos corrimos juntos.
Con cuidado, sacó su miembro de mi interior, apoyó una pierna en el escalón de la escalera —haciendo de su muslo un asiento para mí— y desató la cuerda con una mano.
— ¿Estás bien? —indagó, analizándome con atención.
Le dediqué una sonrisa, relajando los brazos.
— Estoy genial después de dos orgasmos seguidos en el cuarto de aperos.
Sonrió, acariciándome la barbilla.
— Te quiero.
Cerré los ojos, deleitándome con aquella declaración que se había vuelto constante entre nosotros.
— Yo también te quiero —declaré, rodeando sus hombros con mis brazos—. ¿Cómo sabías que yo estaba aquí?
Esbozó una sonrisa de medio lado, deslizando el pulgar por mi cintura.
— Tal vez paso mucho tiempo observándote por las cámaras y conozco, exactamente, tus costumbres.