Epílogo
Santa Mónica, Los Ángeles. Una noche de verano...
Junto a la playa, se celebra un festival.
La música de las bandas que versionan grandes éxitos de los ochenta y los noventa se mezcla con las risas.
La luz del atardecer aún lo ilumina todo.
El ambiente es vibrante y relajado, lleno de expectativas, como el inicio del verano.
El foco invisible que se mueve entre la multitud serpentea por todo el terreno.
A continuación, se detiene.
Los encuentra.
Un chico y una chica.
Ella ha llegado hace poco a Los Ángeles. Ha huido de Reno, su ciudad natal, donde solo le quedaban recuerdos y un padre ausente.
Lo único que quiere ahora es buscar su camino, vivir el presente, perseguir un sueño.
Él hace solo unas horas que ha puesto fin a una relación que lo estaba consumiendo, aunque esa decisión tenga consecuencias a las que no sabe si será capaz de enfrentarse.
Solo quiere escapar unas horas, buscarse a sí mismo entre los pliegues del dolor, respirar, ser libre.
Ella está con su mejor amiga y quiere pasárselo bien.
Él está con su primo, con la mirada perdida.
El grupo que hay en el escenario interpreta su versión de una canción de R.E.M. cuando ella repara en él.
Siente algo inexplicable. Un tirón en el estómago. Una descarga bajo la piel.
Comienza a aproximarse a él sin saber que las vidas de ambos están a punto de cambiar.
Sin saber que, en apenas unos minutos, se mirarán a los ojos por primera vez, que una conexión imparable los envolverá y los acercará el uno al otro.
Que pasarán la noche entre conversaciones y olas; que acabarán la noche juntos, pensando que será la única.
Él parpadea unos instantes y sus ojos se encuentran con una mirada que parece atravesarlo. Aguanta la respiración mientras esa desconocida va hacia él, sin saber que, en apenas unas horas, le pondrá de frente con sus propios anhelos, le recordará quién es debajo del disfraz.
Que despedirse de ella romperá algo dentro de él y, aunque parezca una locura, sabrá que la quiere en el momento en que se dicen adiós.
Ambos volverán a la vida real.
Él, a su papel de perfecto heredero de un imperio tecnológico.
Ella, a buscar las oportunidades que sabe que la están esperando.
Ahora, ella se acerca y le pide fuego.
Él la mira, desconcertado, y salen juntos del recinto.
Lo que ninguno de los dos espera es que, tres años más tarde, sus caminos se cruzarán de nuevo.
Cuando él se haya perdido del todo bajo las expectativas de otros.
Cuando ella se encuentre en su momento más vulnerable tras ver su vida arder.
No pueden alcanzar a imaginar que, juntos, construirán un refugio, que serán un secreto, que acabarán diciéndose adiós de nuevo antes de destrozarse el uno al otro.
Que pasarán dos años hasta que vuelvan a verse.
Que seguirá siendo imposible, pero que ellos lo harán posible.
No pueden intuir que, cinco años después de esta noche, terminarán viviendo juntos en Nueva York. Que aprenderán a quererse. Que cuidarán el uno del otro.
Que durante un tiempo compartirán casa con la hermana y la sobrina de ella.
Que viajarán con frecuencia a California.
Que él tratará de acercarse a su madre, aunque no se lo ponga fácil.
Que ella no se alejará de la gente a la que quiere y siempre la ha querido.
Que la empresa de él despegará a la vez que a ella le ofrezcan presentar su propio programa.
Que será difícil encontrar el equilibrio entre el trabajo y su relación, pero que lo harán, que seguirán construyendo su «momento perfecto».
Que, en un atardecer de verano, se casarán.
Que tendrán hijos.
Y que ambos bajarán el ritmo de sus carreras para acompañarlos, cuidarlos mejor, estar presentes.
Que su casa se llenará de sonidos nuevos, de colores, de un amor tan grande que nunca conseguirán explicar del todo.
Que aprenderán a valorar cada pequeño paso de su historia y sonreirán al recordar cada bache en el camino, porque todos esos tropiezos los han llevado a su presente.
Pero eso, ahora, ellos no lo saben.
Ahora, ella está frente a él y, en pocas horas, le preguntará algo como: «¿Qué harías si esta fuera la única noche para ser quien te apeteciera ser?».
Y él compondrá una expresión misteriosa.
Contestará una tontería.
Pero dentro, muy dentro, lo sabrá.
Todo lo que harán juntos.
Que esa noche acaba de cambiarles la vida.