El verano que fuimos libres
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1. Elise
Elise
Existen dos tipos de momentos: los que te cambian la vida y los que no.
Hoy, ahora, a mi alrededor: música, alcohol, gente abriéndose a la posibilidad de más y la playa de Santa Mónica de fondo.
Yo me bebo la cerveza número tres sin pararme a pensar en el significado de la casualidad. Y también sin plantearme que mi vida podría ser diferente después de esta noche.
—Me encanta esta canción —dice Sam, mi amiga y la persona que ayer a última hora consiguió entradas para el festival de covers más importante de Los Ángeles.
De fondo, está sonando Shiny Happy People .
—Sí. Me gusta el toque que le da el grupo. Por cierto, ¿has visto al batería?
Sam se pone de puntillas y aguza la vista en dirección al escenario.
—¡Guau! —exclama.
—Sí. Guau.
—¿Crees que podremos colarnos luego en el backstage ?
—La de los contactos eres tú, no yo.
—¿Me acompañarías?
Sonrío. Ella ya sabe la respuesta.
En todos los años que llevamos compartiendo aventuras, nos han detenido por error, hemos salido en el periódico y hemos conseguido que en un pub del barrio en el que vivimos pongan nuestros nombres a una bebida.
—Eh, aquí estabais. —Es Amanda, una de las compañeras de reparto de la película donde Sam acaba de lograr un papel.
—Es demasiado fácil perderse —responde mi amiga, fingiendo, como finjo yo, que estamos acostumbradas a relacionarnos con actrices cuyos proyectos más recientes se encuentran disponibles en el catálogo de HBO.
—Vamos, por aquí.
Seguimos a Amanda hasta donde está el resto del elenco.
Hace un par de meses, Sam obtuvo un papel secundario en la última película de una productora independiente de Los Ángeles. Es la oportunidad que llevaba esperando desde que nos mudamos a la ciudad, tras terminar la universidad, y la que nos está descubriendo nuevas posibilidades.
Aunque sigo siendo empleada del restaurante IHOP de Sunset Boulevard, a la espera de una oportunidad en el mundo de la comunicación, he conseguido un par de trabajos como imagen de una marca local.
Abrirte camino en Los Ángeles es duro, especialmente si no tienes madera de cantante ni de bailarina ni dinero para invertir en ningún negocio.
Llegamos junto a los otros compañeros de la película, Jenny y Kevin, quien un par de canciones más tarde, desaparece entre la multitud.
Del grupo, él es el más fácil de reconocer gracias a su faceta de modelo, y no ha necesitado mucho tiempo para llamar la atención de alguien a quien él había echado el ojo primero.
—No es justo lo fácil que les resulta a algunos —comenta Jenny con cierta acritud al verlo marchar.
—A ti lo que te pasa es que te hubiera gustado ser ella.
Ella se ríe, pero no confirma ni desmiente.
Seguimos bailando y bebiendo y charlando.
Jenny y Amanda son agradables de una manera superficial. Como mucha gente en determinados círculos de la ciudad.
Los Ángeles ha sido el lugar perfecto para empezar de cero: oportunidades, rincones por descubrir y una capa de irrealidad que provoca que no te tomes nada demasiado en serio.
—¿Y esos de ahí? —dice Jenny, que parece decidida a no irse sola a casa para tener una historia que intercambiar con Kev en el set—. El repeinado tiene pinta de banquero, pero de los que se dejan la corbata en la puerta antes de entrar en el dormitorio, si sabéis a lo que me refiero.
—Mmm, no. Demasiado pijo —resuelve Amanda.
—¿Y los de allí? —pregunta Sam.
—Demasiado grunge .
—¿Y esos? —aporto yo, tras echar un vistazo a mi alrededor y encontrar a alguien que llama mi atención.
—¿Esos? Parecen dos extras del reparto de The Big Bang Theory .
—A mí el de la izquierda me parece mono —contesto.
—Lleva una camiseta de El Señor de los Anillos —insiste Amanda.
—¿Y?
—Es muy de los 2000.
—Cierto —señala Jenny—. Friki y desfasado.
— El Señor de los Anillos es atemporal —sentencio.
—¿Por qué no te acercas entonces, Els? —me desafía.
—Eso. ¿Por qué no? —le respondo, aceptando el reto.
Miro decidida hacia el chico, quien, en ese mismo instante en el que yo fijo mi vista en él, ofrece media sonrisa triste a su colega. Ese chico es alguien que desconoce lo que va a suceder.
Alguien que, aunque yo aún no lo sepa, está a punto de cambiarme la vida.