El vengador CAPÍTULO VEINTE
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CAPÍTULO VEINTE

E l doctor alzó la vista desde el otro lado del escritorio hacia la joven sentada frente a él. Le sonrió, pero ella no le devolvió la sonrisa; sus ojos redondos y oscuros no mostraban ni expectación ni aprensión. Era su segunda visita, una de esas pacientes que entran de la calle.

—Bueno, enhorabuena, Sra. Martin —dijo—. Las pruebas han dado positivo. Está embarazada. Y contenta, seguro.

Buscó una sonrisa en el rostro de facciones delicadas de la joven, pero no había nada. No, se corrigió, había algo: un leve destello en sus ojos, algo parecido a la satisfacción. Pero no podía estar seguro.

—Está contenta, ¿verdad, Sra. Martin? —indagó. Hoy en día nunca se sabe.

—¿Contenta? —hizo de esa única palabra algo reflexivo, inconcluso—. No, doctor, no estoy contenta —continuó—. Pero estoy satisfecha. Muy, muy satisfecha.

Se levantó de golpe.

—¿Cuándo quiere que vuelva? —preguntó.

—En un mes —dijo él, y ella asintió.

—Aquí estaré —respondió.

Donna Martin salió del pequeño consultorio, pulcro y antiséptico.

Fuera, el aire traía el frescor del otoño.

Las hojas caían ya sin esfuerzo de los árboles y convertían la calle en algo parecido a un sendero del bosque.

Sonrió en su soledad mientras caminaba entre las hojas.

Sería un bebé de primavera. Eso estaba bien, una época de renovación, una época de promesas.

Crecería rodeado de amor y fortaleza. Amaría todo lo bueno y todo lo justo, ella se encargaría de eso, y sabría que defender lo correcto es algo bueno, y su nombre sería Ben Martin.

Se apresuró hacia el mañana.