El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2) Prólogo
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El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2)

El Velo de Cronos (Las aventuras de Quim Mora 2)

Por Ivan Gilabert

© inepub.com

Prólogo

No soy una persona solitaria, pero sí que me gusta mantener un poco las distancias, menos con mi familia y con Lucía, claro, ella me vuelve loco.

Hace poco que salimos juntos y todavía estoy en esa nube caprichosa y maravillosa a la vez.

Siempre fue mi amor platónico. Nunca me atreví a pedirle una cita formal, porque prefería tenerla como amiga a no tenerla.

Pero un día, ella decidió dar el paso. Y aproveché la ocasión, vaya si lo hice.

Cuando uno ha tenido pocas oportunidades como esta, te subes al tren, aunque sea en marcha.

De joven pasé por el mundo casi inadvertido. Yo era un niño de esos que odiaban los espejos, al que nunca le importó la moda ni lo que pensaran los demás, costumbre que sigo manteniendo.

Hoy podría, si quisiera, ser el centro de todas las fiestas gracias a un don que poseo y que es tan especial que sería la envidia de todos. Pero no quiero.

Nadie debe saber que yo puedo viajar en el tiempo.

Como lo lees.

Con algunas restricciones, eso sí .

Puedo viajar en el tiempo, pero no en el espacio.

En realidad, solo puedo viajar al pasado. A ver, que no me quejo por poder ir nada más que al pasado y no al futuro, ojo, que ya sé que es alucinante.

¿Por qué me sucede esto? Durante años no tuve ni pajolera idea del motivo y tan solo me limité a disfrutar de mi regalo. Pero, hace unos meses, durante uno de mis viajes, me encontré en la Edad Media con un personaje que me explicó mi historia. Vas a alucinar.

Resulta que soy un Señor del Tiempo.

¡Toma ya!

Te explico: Soy descendiente de una familia ancestral cuyos primogénitos han tenido el don de poder viajar al pasado.

No todos, a veces se salta generaciones, pero a mí, por suerte, me ha tocado.

Averigüé para mi sorpresa, además, que mi padre también tiene el don y también es un Señor del Tiempo.

Esta información sí me pilló fuera de juego.

Mi padre era arqueólogo y desapareció hace ocho años durante una de sus expediciones. Tras tanto tiempo, lo dimos por muerto. Pero este nuevo e increíble dato me abrió un sinfín de nuevas posibilidades sobre su repentina desaparición.

Empecé a indagar y descubrí pistas irrefutables que indicaban que mi padre se hallaba en algún lugar del pasado.

No sé si enfermo, perdido o, incluso, muerto.

Espero que no. Pero desde el instante en que lo supe no he dejado de buscarlo en distintas épocas y lugares.

Todavía no he podido dar con él, pero yo sigo intentándolo una y otra vez hasta que lo encuentre.

He de confesarte que hay momentos en los que todo esto me viene un poco grande, la verdad. En el fondo solo soy un arqueólogo dominguero, un historiador por placer, y esto de los viajes temporales, a veces, me da dolor de cabeza.

Las leyes del universo se me escapan y, por qué no decirlo, me la traen bastante floja. No sabría formular la teoría física o metafísica que explique por qué puedo ir al pasado, ni lo quiero intentar siquiera, ya que el tema me aburre soberanamente.

Solo sé que tengo que tener mucho cuidado cada vez que lo hago.

No debo modificar nada. O intentar cambiar lo menos posible, porque, si te soy sincero, no ha habido un viaje en el que no haya metido la pata hasta el fondo.

Y mira que lo intento, pero es como caminar por un campo repleto de hormigas y pretender no pisar ninguna.

En cualquier viaje volveré y me encontraré con gorilas dominando el mundo, como en la peli esa de la que han hecho ocho o nueve versiones.

Tengo muy en cuenta lo que me contó un afamado físico una vez, eso de que toda nuestra historia forma parte de la enmarañada estructura del universo y sus intrínsecas energías de los cojones.

Ya sabes a lo que me refiero: que el equilibrio no se puede romper porque el aleteo de una mariposa se transforma en un pedazo de huracán que acaba fastidiando a todo el mundo…

En fin, que no tengo ni idea de cuántas chorradas juegan un papel importante en todo esto, solo sé que así son las cosas y que debo ir con mucho cuidado.

Y, en resumen, este soy yo. Por cierto, no sé si te lo había dicho, pero me llamo Quim. Quim Mora.