Capítulo 39
La Cuarta Señal
El domingo por la mañana la señal de Sara marcaba cuarenta y uno.
Daniel lo vio cuando encendió el monitor a las siete. No lo había encendido antes de dormir. El salto —de treinta y cuatro a cuarenta y uno en dos días— era el más grande desde el viernes del cruce sincronizado. Escribió el número en el cuaderno, debajo del treinta y cuatro. Lo cerró.
Sara estaba despierta. Lo miraba desde la cama.
—¿Cuánto? —dijo.
—Cuarenta y uno.
Silencio. Fuera, Lyon con niebla baja sobre el río.
—¿Cuándo empezó a subir? —dijo Sara.
—No lo sé exactamente. El viernes era de treinta y cuatro. No lo revisé ayer.
Sara se incorporó. Fue al baño. El grifo durante un minuto. Cuando volvió, Daniel tenía el monitor abierto y miraba las señales.
—No noto nada diferente —dijo Sara—. O sí, pero no malo. Es como tener más resolución en algo que ya veías. —Pausa—. No sé cómo explicarlo mejor.
—No tienes que explicarlo.
Sara lo miró.
—Sí tengo que hacerlo. —Se sentó—. Ayer, cuando Claire describía los nodos y las líneas de tensión, yo los veía. No en el diagrama de la pared: en el espacio del apartamento. Como capas superpuestas. —Una pausa corta—. Eso no me pasaba la semana pasada.
Daniel no respondió inmediatamente. Fuera, Lyon empezando a despertar. El ruido de un camión de basura en la calle.
—¿Y ahora? —dijo.
—Ahora también. Pero lo puedo apartar. Como aprender a no leer el texto del fondo de una imagen cuando quieres ver solo la imagen.
Era una buena descripción. Pero era también una descripción que implicaba que Sara necesitaba ya un esfuerzo activo para habitar el mundo de este lado de la misma manera que lo hacía antes del viernes.
Daniel lo anotó en el cuaderno sin decírselo.
* * *
Llegaron al apartamento de Claire a las nueve. Ella tenía el diagrama central de la pared reproducido sobre papel A3 sobre la mesa y tres sillas dispuestas frente a él.
—Quiero ver si pueden llegar al nodo central desde fuera —dijo Claire—. No cruzar: percibir. Los dos juntos, desde aquí. —Miró a Sara—. Usted ya puede hacerlo sola. Pero con alguien que haya estado dentro como referencia, el ángulo puede ser distinto .
Se sentaron. Claire cerró los ojos primero. Daniel observaba el monitor portátil.
La señal de Sara: estable a cuarenta y uno. Sin pico de cruce. Sin separación.
Tres minutos. Cuatro.
Sara tenía los ojos abiertos pero la mirada en ningún punto fijo de la habitación. La misma posición que en el apartamento de Barquillo cuando acompañaba a Jan desde el borde.
A los seis minutos Claire abrió los ojos.
—¿Lo siente? —dijo a Sara.
Sara tardó en volver.
—El central —dijo—. Hay algo diferente en el central desde anoche. Más tenso. —Una pausa—. Como si estuviera esperando.
Claire asintió.
—Lo noté al amanecer. —Miró el diagrama—. La arquitectura lleva tres días con esa tensión aumentada. Desde el jueves, cuando ustedes llegaron.
—¿Cree que sabe que estamos aquí? —dijo Daniel.
—No lo creo. Lo sé. —Sin énfasis—. Percibe las señales activas cerca del cuarto nodo. Usted lleva el cuarto nodo integrado en su patrón desde hace nueve días. —Miró a Sara—. Claro que sabe que está aquí.
El teléfono de Daniel vibró. Marcos.
—Tengo que coger—dijo Daniel, y salió al pasillo.
La conversación duró once minutos. Cuando volvió al salón, Sara y Claire miraban el diagrama en silencio.
—La UCACE adelantó el plazo —dijo Daniel—. No doce días. Ocho. Cortés tiene un apoyo en el comité que no teníamos calculado. —Pausa—. Marcos puede bloquear la evaluación de Hiroshi ocho días. Después de eso, no.
Sara miró el diagrama.
—¿Qué necesita Hiroshi para ser autónomo? —dijo.
—Dos o tres cruces más con la estructura. —Claire señaló el nodo del este—. Si el nodo aguanta esta semana, aprenderá a usarlo sin apoyo externo.
—¿Y si la UCACE llega primero? —dijo Daniel.
—Medicación. El proceso se suprime. El nodo del este pierde la fuente de energía que lo alimenta. —Una pausa—. No sé cuánto tiempo podrá aguantar un nodo sin actividad. Nunca lo he visto ocurrir.
Daniel pensó en los siete muertos del archivo del GIM. En los tres que habían abandonado el proceso. En el desaparecido. El proceso suprimido o abandonado no era neutro: tenía consecuencias que el archivo documentaba durante décadas sin entender la causa.
—Necesito hablar con Hiroshi hoy —dijo.
—Sí —dijo Sara. Y añadió, sin transición—: Y necesito cruzar esta tarde.
El silencio que siguió fue diferente. No de sorpresa: de algo que estaba en la habitación desde por la mañana y que Sara acababa de nombrar.
—Con Claire como guía exterior —dijo Sara—. Sin equipo. Sin el tiempo que me puse la última vez. Solo llegar al nodo central y ver qué hay.
Daniel miró el monitor. La señal de Sara a cuarenta y uno. La de Elena, estable.
—¿Y si no vuelves igual? —dijo.
Sara lo miró durante un momento.
—Defíneme igual —dijo.
* * *
Hiroshi contestó la llamada a las once de la mañana, hora de Tokio. Era la segunda vez que cruzaba solo sin que nadie lo monitorizara, y lo había hecho esa misma noche.
—Sin episodio —dijo—. Orientación correcta. Usé el nodo del este como referencia. Funcionó.
—¿Cuánto tiempo? —dijo Daniel.
—Doce minutos.
Era el doble de la primera vez. El proceso se consolidaba con cada cruce correcto.
—Hiroshi, hay una complicación. —Daniel le explicó la situación de la UCACE de la forma más directa que pudo—. Si aceptan la evaluación voluntaria del GIM, Marcos puede ganar tiempo. Si no la aceptan, la UCACE puede intervenir y recomendar tratamiento.
—¿Qué tipo de tratamiento? —dijo Hiroshi.
—Medicación para suprimir el proceso.
Un silencio de cinco segundos.
—¿Y si acepto la evaluación voluntaria?
—El GIM documenta el caso. Hiroshi queda en el registro. Con lo que eso implica a largo plazo. —Pausa—. Pero el proceso sigue activo. Pueden seguir cruzando.
Otra pausa.
—Mi hermana me preguntó ayer si esto iba a terminar —dijo Hiroshi—. Le dije que no lo sabía.
—Es la respuesta correcta —dijo Daniel.
—¿Qué haría usted ?
Daniel pensó en los dos años que había pasado en el registro del GIM. En el protocolo, las sesiones con Pascual, los informes al comité. En todo lo que el GIM le había dado y todo lo que le había costado estar dentro del sistema.
—Yo aceptaría —dijo—. Con lo que sé ahora.
Hiroshi tardó.
—De acuerdo —dijo.
Colgaron. Daniel escribió en el cuaderno: Hiroshi acepta evaluación. Marcos necesita saberlo hoy.
Llamó a Marcos. La conversación fue breve: Marcos tenía el protocolo de evaluación voluntaria preparado desde el viernes. En cuarenta y ocho horas podía tener a Hiroshi en el sistema sin que la UCACE pudiera intervenir.
Cuando colgó, Sara y Claire estaban en el estudio. Sara había copiado en papel el diagrama del nodo central con el nivel de detalle que necesitaba. Claire le estaba explicando los patrones de tensión que había observado cerca del borde.
Daniel se quedó en el umbral de la puerta un momento, mirándolas.
Dos personas que habían llegado al mismo proceso desde lados opuestos, que estaban comparando mapas del mismo territorio.
Era lo que el GIM debería haber construido hace décadas.
* * *
Domingo por la tarde.
Sara se tumbó en el suelo del apartamento de Claire con los ojos cerrados a las cuatro menos cuarto. Claire se sentó frente a ella, en el suelo también, con el cuaderno en el regazo. Daniel encendió el monitor portátil.
Señal de Sara: cuarenta y uno. Estable.
Claire cerró los ojos. Guía exterior: era alguien que conocía la arquitectura desde dentro y podía describírsela a Sara desde fuera mientras Sara avanzaba.
No era el protocolo LÚCID-3. Era algo que no tenía nombre todavía.
Cuatro minutos. La señal de Sara subió dos puntos sin el pico de cruce completo. El mismo patrón que cuando lo hizó con Jan Koller, pero más profundo: más lejos del borde, más cerca del centro.
Claire habló en voz baja, en francés. Daniel no entendía todo, pero entendía el ritmo: estaba describiendo lo que percibía, orientando a Sara dentro de la arquitectura que ella conocía mejor que nadie.
Siete minutos.
La señal de Sara: cuarenta y tres.
Elena: sin variación.
Los diecinueve minutos del cruce sincronizado. Los once minutos con Jan Koller. Los ciento cuatro cruces de Claire en seis meses.
A los trece minutos Sara dijo algo en voz baja. En español: «Está ahí.»
Claire dejó de hablar.
Los últimos tres minutos en silencio.
A los dieciséis minutos, la señal de Sara bajó con el pico de vuelta. Limpio. El patrón de retorno.
Sara abrió los ojos. Se quedó tumbada un momento, mirando el techo. Luego se sentó.
Daniel le dio agua. Ella bebió sin decir nada .
Claire tenía el cuaderno abierto y anotaba.
—¿Llegaste al central? —dijo Daniel.
—Sí.
—¿Qué había?
Sara tardó. No porque no supiera qué decir: porque estaba eligiendo qué decir primero.
—Ella —dijo—. Estaba en el nodo central. Y me vio. No como Hiroshi, que sintió el cambio de luz. Me reconoció. —Una pausa—. Sabe quién soy.
El silencio.
—¿Te dijo algo? —dijo Daniel.
—No en palabras. —Sara miró el diagrama que había copiado por la mañana—. Pero hay algo que quiere que entiendas tú. No yo. Tú.
Daniel miró el monitor. La señal de Sara: cuarenta y tres. Elena, estable.
—¿Qué es? —dijo.
—Tienes que ir tú —dijo Sara—. Yo no puedo transmitirlo. No tengo el contexto. —Una pausa—. Tiene que ser un cruce tuyo.
Fuera, Lyon a media tarde. La niebla se había levantado y el sol bajo entraba por las ventanas del estudio de Claire, oblicuo y frío.
Daniel miró a Sara.
—Esta noche —dijo.
—Esta noche —dijo Sara.
* * *
La espera duró cuatro horas .
Claire les dejó el apartamento. No comentó a dónde iba: recogió el cuaderno, el abrigo y las llaves de un apartamento de una amiga en el mismo edificio, y les dijo que estaría disponible en el teléfono si necesitaban algo.