Capitulo Dos
La casa era exactamente como la foto.
Esto no es tan comun como deberia ser, especialmente con los alquileres de verano en el sur.
Pero la casa en Zahara era solida, limpia, con techos altos y ventiladores que funcionaban y una cocina con espacio suficiente para que cuatro personas se movieran sin pisarse.
Y la terraza con vistas al mar era real y era exactamente lo que necesitaba.
El primer dia fue perfecto en la manera en que son perfectos los primeros dias de vacaciones: la desconexion todavia es novedad, el cuerpo no ha terminado de soltar la tension acumulada pero ya ha empezado, y cualquier cosa -- una copa de vino al atardecer, una ducha con agua caliente que no tienes que pagar, el sonido del mar a cien metros -- se convierte en un pequeno milagro.
Cocinamos Patri y yo mientras Sofia y Marta ponían la mesa en la terraza.
Comimos demasiado y bebimos lo suficiente y hablamos durante horas de las cosas de las que se habla cuando llevas meses viendote poco: el trabajo de Marta, los hijos de Patri, la nueva vida de Sofia, mis vagas respuestas cuando me preguntaban como estaba yo.
Como estoy? bien, decia. Un poco cansada. Ya sabes.
Sofia me miro de una manera especifica cuando dije eso. La manera que tiene cuando sabe que hay algo mas y esta decidiendo si preguntarlo ahora o dejarlo para mas tarde.
Lo dejo para mas tarde.
Fue un error.
No porque la conversacion hubiera cambiado lo que paso. Sino porque si hubiera hablado esa noche, si hubiera dicho en voz alta lo que llevaba seis meses callando, quiza las dos semanas siguientes habrian sido diferentes.
Quiza no habria necesitado que mi cuerpo dijera lo que yo no era capaz de decir con palabras.