El último verano que fuimos
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Prólogo
Siempre tenía una sonrisa tímida, pero quienes la conocimos de verdad sabemos que podía reír a carcajadas, como si nada le importara.
Era más guapa de lo que ella creía y más fuerte de lo que los demás pensaban.
Odiaba dormir porque decía que cerrar los ojos era perderse un trozo de mundo, que la vida seguía pasando y ella no quería perdérsela.
Había algo en ella que hacía que todo lo demás pareciera ruido.
Dicen que el tiempo todo lo cura, pero hay personas que no se olvidan, que dejan una huella imborrable en el corazón.
A veces, cuando acaba el día y me meto en la cama a dormir, pienso en ella.
Es como esa canción que no escuchas en años, pero cuya letra sabes de memoria.
Y, cuando vuelve a sonar, lo recuerdas todo.
Su risa, sus ojos, su forma de mirarme y entonces me parece que fue ayer…
El último verano que fuimos.