El Último Peregrino (El Código del Camino de Santiago 7) CAPÍTULO 33 — El Último Paso
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CAPÍTULO 33 — El Último Paso

BLOQUE 1

Baltasar Ordóñez falleció seis semanas después de completar su propio último tramo del Camino, rodeado por su propia familia y, según su expreso deseo compartido en sus últimos días, por buena parte del equipo que lo había acompañado durante aquella etapa final tan decisiva: Gabriel, Lucía,

Adrien y Padre Esteban, todos presentes en aquel momento tan íntimo, honrando así el propio vínculo genuino que se había construido a lo largo de aquellos días compartidos de tensión y descubrimiento conjunto.

---Me alegra tanto haber llegado ---fueron, según relató después su propia hija, algunas de las últimas palabras que pronunció con claridad, sonriendo levemente al recordar aquel momento culminante frente al altar mayor de la catedral---. Cincuenta años, y finalmente llegué.

Gabriel, presente en el propio funeral celebrado semanas después en la pequeña parroquia rural donde la familia Ordóñez había vivido durante generaciones enteras, sintió el peso considerable de todo lo que aquel hombre había representado para el conjunto completo de la saga.

BLOQUE 2

Padre Esteban, oficiando personalmente aquella ceremonia final por expreso pedido de la propia familia, ofreció una homilía que capturaba, con considerable precisión, el propio significado de la vida de Baltasar dentro de la historia mucho más amplia que había ayudado a completar.

---Baltasar Ordóñez no fue un custodio oficial, ni un académico reconocido, ni ninguna figura de poder institucional ---dijo, ante la pequeña congregación reunida---.

Fue, simplemente, un hombre que decidió honrar una responsabilidad heredada, sin buscar jamás ningún reconocimiento propio, hasta el último día de su propia vida.

Si existe algún ejemplo perfecto de lo que significa proteger la verdad con humildad genuina, sin ningún interés personal de por medio, creo que lo encontramos, finalmente, en la propia vida de este hombre.

Lucía, escuchando aquella homilía con una emoción considerable, sintió que capturaba exactamente el sentimiento compartido de todo el equipo hacia aquel hombre que había cambiado, en apenas unos días intensos, su propia comprensión de lo que representaba, verdaderamente,

cargar con una responsabilidad histórica de aquella magnitud.

BLOQUE 3

Semanas después, ya de vuelta en su propia rutina habitual, Gabriel visitó personalmente la tumba de Baltasar, dejando junto a ella una copia impresa de la propia publicación académica final,

con el nombre completo de la familia Ordóñez destacado con el mismo respeto que cualquier otro custodio documentado a lo largo de toda la saga.

---Cumplimos nuestra promesa ---dijo, en voz baja, ante la propia lápida todavía reciente---. Su familia va a ser recordada exactamente como usted quería.

Adrien, acompañándolo en aquella visita, ofreció una reflexión final sobre el conjunto completo de aquel tomo particular, considerablemente distinto de cualquier otro capítulo anterior de la larga saga que llevaban compartiendo desde Bobbio.

---Empezamos este tomo persiguiendo un manuscrito ---dijo---.

Terminamos, en cambio, conociendo a un hombre extraordinario, y aprendiendo, gracias a él, que algunas de las verdades más importantes de toda esta historia no se protegieron nunca desde ningún poder institucional, sino desde la simple decencia silenciosa de quienes decidieron,

generación tras generación, hacer lo correcto sin esperar jamás ningún reconocimiento por ello.

Gabriel, asintiendo con la misma emoción compartida, sintió que el Camino, una vez más, apenas terminaba de mostrarle una nueva capa de significado, distinta a cualquier otra que hubiera aprendido antes, mientras se preparaba, con el resto del equipo,

para retomar la propia investigación que todavía los esperaba, tres nodos nuevos y considerablemente más lejos de lo que jamás habían imaginado al principio de todo aquel largo y compartido recorrido.