El Último Peregrino (El Código del Camino de Santiago 7) CAPÍTULO 16 — Noche en Melide
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CAPÍTULO 16 — Noche en Melide

BLOQUE 1

La llegada a Melide, apenas un día después de la tensa noche en Palas de Rei --resuelta finalmente sin ningún incidente directo, aunque con la certeza incómoda de que ambos grupos seguían cerca, todavía sin coordinar entre sí según los últimos reportes de Ferrán--,

coincidió exactamente con la advertencia que este mismo había ofrecido días atrás sobre la propia vulnerabilidad particular de aquel punto del camino.

---Melide es un cruce importante, donde confluye el propio Camino Francés con el Camino Primitivo ---explicó Otero, revisando el plano del pueblo con el equipo completo apenas se instalaron en el albergue municipal---.

Eso significa considerablemente más movimiento de peregrinos, más puntos de acceso, y más dificultad para mantener vigilancia completa sobre cada ángulo posible.

Gabriel, sintiendo la tensión familiar de cada noche anterior intensificarse considerablemente dada aquella advertencia específica, insistió en reforzar personalmente la propia vigilancia sobre la habitación de Baltasar, decidido a no repetir ningún descuido similar al ocurrido en Sarria.

BLOQUE 2

Pasada la medianoche, con buena parte del albergue ya sumido en el silencio habitual de cualquier noche de descanso entre peregrinos agotados, un movimiento sospechoso detectado por uno de los agentes apostados en el propio perímetro exterior generó la alarma que todos, en cierto modo, ya esperaban.

---Dos figuras distintas, aproximándose desde direcciones opuestas ---informó el agente por radio, con la voz tensa por la propia urgencia del momento---. No parecen coordinados entre sí. Podría tratarse, efectivamente, de ambos grupos actuando de manera independiente, exactamente como anticipamos.

Otero, coordinando de inmediato la respuesta completa del dispositivo de seguridad reforzado, dio la orden de máxima alerta a todo el equipo desplegado alrededor del propio albergue.

BLOQUE 3

El enfrentamiento que siguió, considerablemente más caótico que cualquier confrontación anterior de aquel tomo particular, involucró a ambos grupos convergiendo casi simultáneamente sobre el propio perímetro del albergue,

generando una confusión considerable que los propios agentes de seguridad aprovecharon, sin embargo, para intervenir con mayor eficacia de la que un enfrentamiento más ordenado les habría permitido.

Gabriel, protegiendo personalmente a Baltasar en el interior de la propia habitación mientras el enfrentamiento se desarrollaba en el exterior, escuchó gritos confusos, algunos en español, otros en un idioma que no lograba identificar con precisión,

mezclados con el propio sonido de una breve pero intensa refriega física.

---¿Qué está pasando ahí afuera? ---preguntó Baltasar, con la voz tensa pero sorprendentemente controlada dado el peligro evidente del momento.

---Nuestra gente los está conteniendo ---respondió Gabriel, escuchando por su propio radio las actualizaciones que Otero transmitía en tiempo real---. Parece que efectivamente chocaron entre ellos mismos antes de lograr coordinar cualquier ataque conjunto contra nosotros.

La confrontación terminó apenas diez minutos después, con dos hombres detenidos --uno de cada grupo rival, según confirmaría Otero poco después-- y ningún herido de gravedad entre el propio equipo de seguridad, aunque con la certeza incómoda de que los líderes de ambas operaciones,

ni Halvorsen ni Souto directamente, habían participado en aquel primer intento físico, prefiriendo mantenerse, una vez más, a una distancia prudente de cualquier riesgo personal directo.