CAPÍTULO 4 — Ataque en el Albergue
BLOQUE 1
Aquella misma noche, con Baltasar instalado en una habitación privada del albergue bajo la vigilancia discreta de uno de los agentes de Otero, un intento de intrusión generó la primera confrontación directa de todo aquel tomo particular: alguien,
aprovechando la propia distracción del cambio de turno de vigilancia, forzó una ventana lateral del edificio, avanzando con considerable sigilo hacia la habitación donde Baltasar dormía.
El agente de guardia, alertado por un ruido apenas perceptible procedente del propio pasillo, reaccionó a tiempo, interceptando al intruso justo cuando este intentaba abrir la puerta de la habitación con una ganzúa improvisada.
---¡Alto! ---gritó el agente, con el arma reglamentaria ya desenfundada, mientras el intruso, sorprendido por la propia rapidez de la reacción, retrocedía instintivamente hacia la ventana por la que había entrado.
BLOQUE 2
Gabriel, despertado de golpe por el propio alboroto, salió de su habitación justo a tiempo para ver cómo el intruso, sin lograr escapar por la ventana original ya bloqueada por un segundo agente que había reaccionado con rapidez similar, terminaba reducido contra el propio suelo del pasillo,
sin oponer demasiada resistencia adicional.
---Tenemos uno ---confirmó Otero, llegando apenas minutos después, todavía ajustándose la propia chaqueta sobre el pijama que revelaba lo repentino de su propio despertar---. Vamos a interrogarlo de inmediato, antes de que su propio grupo note su ausencia y decida cambiar de estrategia.
El hombre detenido, identificado poco después mediante sus propios documentos como un ciudadano de nacionalidad rumana con antecedentes menores por robo, confirmó bajo presión considerable que había sido contratado, apenas días atrás, por un intermediario que nunca llegó a conocer en persona,
con instrucciones específicas de sustraer "cualquier documento antiguo" que el propio Baltasar llevara consigo.
BLOQUE 3
Baltasar, todavía visiblemente afectado por la propia conmoción del ataque nocturno, sostenía con fuerza considerable su propia mochila, negándose a soltarla ni siquiera mientras los agentes terminaban de asegurar la escena completa.
---Está bien, está bien ---repetía, más para sí mismo que para nadie en particular, con la voz todavía temblorosa por la adrenalina acumulada---. Sigue aquí, conmigo. No se lo llevaron.
Lucía, sentándose junto a él con la misma calma reconfortante que había ofrecido en tantos otros momentos difíciles a lo largo de la saga, intentó tranquilizarlo con palabras cuidadosamente elegidas.
---Está a salvo, Baltasar. Y nosotros también, gracias a la rapidez de nuestros propios agentes ---dijo---. Pero esto confirma que necesitamos ser considerablemente más cuidadosos de ahora en adelante, en cada etapa que todavía nos queda por delante.
Gabriel, procesando la magnitud de aquel primer ataque directo, sintió que la propia investigación, apenas iniciada, ya confirmaba con claridad la gravedad real del desafío que enfrentaban.
---Necesitamos reforzar considerablemente la seguridad para el resto del trayecto ---dijo, dirigiéndose a Otero con una determinación renovada---.
Si están dispuestos a atacar directamente un albergue lleno de otros peregrinos, sin ninguna consideración por el riesgo de exponerse públicamente, no podemos permitirnos ningún descuido adicional en ninguna de las etapas que todavía nos separan de Santiago.