El Último Peregrino (El Código del Camino de Santiago 7) CAPÍTULO 1 — El Peregrino de Sarria
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El Último Peregrino (El Código del Camino de Santiago 7)

El Último Peregrino (El Código del Camino de Santiago 7)

Por Daniel Enrique Chicote

© inepub.com

CAPÍTULO 1 — El Peregrino de Sarria

BLOQUE 1

Sarria, el punto de partida más popular entre los peregrinos que buscaban completar únicamente los últimos cien kilómetros exigidos para obtener la Compostela oficial, bullía con la actividad habitual de cualquier mañana de temporada alta: mochilas apiladas junto a las puertas de los albergues,

grupos enteros ajustando bastones y botas antes de emprender la primera etapa, el propio ambiente cargado de una mezcla de nerviosismo y expectación que Gabriel reconocía de memoria después de años enteros estudiando aquel mismo fenómeno desde una perspectiva académica,

sin haberlo vivido nunca del todo en carne propia.

Baltasar Ordóñez, sentado a una pequeña mesa del comedor del albergue, con el manuscrito todavía guardado con extremo cuidado en su propia mochila desgastada, los recibió con una calma que contrastaba considerablemente con la propia advertencia que había dejado flotando dos días atrás.

---Sabía que iban a venir ---dijo, simplemente, apenas Gabriel, Adrien y Lucía se sentaron frente a él---. Mi padre siempre decía que, tarde o temprano, alguien lo bastante paciente y lo bastante honesto terminaría llegando hasta el final de todo esto.

BLOQUE 2

Gabriel, observando a aquel hombre mayor con una mezcla de cautela profesional y una curiosidad considerable, formuló la primera de muchas preguntas que llevaba días acumulando.

---¿Por qué decidió caminar el último tramo usted mismo, en lugar de simplemente enviarnos el manuscrito, o contactarnos directamente desde su propia casa?

Baltasar, considerando la pregunta con la misma calma pausada que parecía definir cada uno de sus gestos, ofreció una respuesta que reflejaba, evidentemente, años enteros de reflexión previa.

---Porque mi padre nunca lo hizo, y yo tampoco, en cincuenta años enteros ---dijo---.

Guardamos esto, generación tras generación, sin nunca completar nosotros mismos el propio camino que representa.

Antes de morir, quería sentir, con mis propios pies, lo que tantos otros sintieron durante siglos enteros llevando algo considerablemente más pesado que cualquier mochila.

Además, doctor Llorente, algo me decía que caminar, en lugar de simplemente viajar en coche o en tren, me daría el tiempo necesario para decidir con calma si de verdad estaba listo para entregar esto, después de tanto tiempo protegiéndolo.

BLOQUE 3

Lucía, revisando con atención el propio estado físico de Baltasar, evidentemente cansado tras días enteros de caminata a pesar de su edad considerable, formuló una preocupación práctica inmediata.

---¿Cómo está su salud? ¿Está en condiciones de continuar caminando los próximos días?

---Más fuerte de lo que cualquier médico esperaría a mi edad ---respondió Baltasar, con una media sonrisa orgullosa---.

Pero agradezco la preocupación, señorita.

Y ya que estamos siendo directos entre nosotros, permítanme serlo yo también: sé que no soy el único interesado en llegar a Santiago con esto en mis manos.

Los sentí siguiéndome desde hace ya varios días, aunque nunca logré verles el rostro con claridad.

Adrien, procesando aquella confirmación con una inquietud considerable, formuló la pregunta que representaba, para todo el equipo, la principal prioridad inmediata.

---¿Puede describir algo sobre ellos? ¿Cuántos, qué aspecto, cualquier detalle que pueda ayudarnos a entender contra qué exactamente estamos protegiéndolo?

Baltasar, considerando la pregunta con la misma calma pausada, ofreció finalmente una respuesta que confirmó, con una claridad inquietante, la magnitud real del desafío que tenían por delante.

---Dos grupos distintos, doctor Moreau ---dijo---. Los vi por separado, en momentos distintos, y no parecen conocerse entre sí. Me temo que mi último tramo del Camino va a resultar considerablemente más complicado de lo que había anticipado al salir de casa.