EL ÚLTIMO DRAGÓN DE ALBORADA CAPÍTULO 69 LA PURIFICACIÓN
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CAPÍTULO 69 LA PURIFICACIÓN

Aureus, el dragón dorado, llegó acompañado de Selene y de Aldric, que había sentido la angustia de Liana a través de su propio vínculo con Aurelio. El anciano dragón examinó a Liana con sus ojos dorados, que brillaban con una sabiduría ancestral.

—Es una semilla de sombra —confirmó—. Pero es diferente de las que encontramos en el bosque. Esta se implantó directamente en su alma.

—¿Puedes extraerla? —preguntó Kael.

—Sí. Pero requiere un sacrificio.

—¿Qué clase de sacrificio?

—Alguien tiene que absorber la semilla. Alguien cuyo vínculo con la luz sea lo bastante fuerte como para neutralizarla.

—Yo lo haré —dijo Aldric, adelantándose.

—No —respondió Aureus—. Tú eres demasiado joven. Tu vínculo con Aurelio aún no es lo bastante fuerte.

—Entonces, lo haré yo —dijo Selene.

—Tú tampoco. Tu vínculo conmigo es fuerte, sí, pero la semilla necesita un vínculo púrpura. Un vínculo como el que Liana tiene con Kael.

—Entonces, solo queda uno —dijo Kael—. Yo.

—No —dijo Liana—. No voy a permitirlo.

—No tienes elección. Soy el único que puede hacerlo.

—Pero si la semilla te consume...

—No lo hará. Confío en ti. Como tú confiaste en mí.

Kael apoyó su hocico sobre el pecho de Liana y cerró los ojos.

Una luz púrpura empezó a fluir de su cuerpo, envolviendo a su guardiana.

Liana sintió que la semilla de sombra se removía en su interior, resistiéndose, pero el fuego púrpura era más fuerte.

La semilla fue extirpada lentamente, emergiendo del pecho de Liana como una niebla negra que se retorcía en el aire.

—Ahora —dijo Aureus—. Absórbela.

Kael abrió sus fauces y aspiró la niebla. Durante unos segundos, su cuerpo se tensó, como si estuviera luchando contra una fuerza invisible. Luego, lentamente, la niebla se disipó en su interior, y Kael emitió un rugido que resonó en toda la escuela.

—¿Estás bien? —preguntó Liana, corriendo hacia él.

—Sí —respondió Kael—. Estoy bien. La semilla ha sido neutralizada.

—Gracias —dijo Liana, abrazándolo.

—No tienes que agradecérmelo. Es lo que hacemos.

—Ya lo sé. Pero gracias de todos modos.

La semilla de sombra había sido destruida, pero la experiencia dejó una marca en Liana. Ahora sabía que la Sombra podía atacar desde dentro. Y que la única defensa contra ella era el amor.