El último cine de barrio Epílogo
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Epílogo

No te pedimos que seas feliz, te pedimos que te acuerdes.

El jardín de las delicias

Me hubiera gustado que me hubieran enterrado en el Cine Maravillas, pero imagino que muchos pensaron que acabaría apareciéndome como un fantasma en las sesiones dobles.

Mi tumba está en el cementerio de la Almudena, el más bonito de Madrid y, dicen, que del mundo. Muchos piensan que es una ciudad de muertos, pero eso es solo una estación de espera.

Las lápidas, como en la tumba de Julio Verne, no podrán detenernos cuando suene la última trompeta, cuando todo lo que fue vuelva a ser, cuando el polvo y los huesos recuperen su carne, los tendones y los músculos vuelvan a crecer hasta ser cubiertos por la piel y de nuevo el soplo de vida los inunde, como fue al principio.

En ese día, mientras los coros resuenen en el horizonte, todos nos reuniremos otra vez en la gran fiesta.

La familia permanecerá unida frente a una pantalla de cine, en la que podremos ver de nuevo todas las escenas de nuestra vida, compartir los buenos y malos momentos, pero sin dolor.

La vida y la muerte, el sueño y la realidad se confundirán en esa última hora, mientras la mejor película del mundo dará inicio, las luces se apagarán y el proyector reflejará la inmensa pantalla, en la que comenzará una vez más la mayor historia jamás contada, la de la humanidad.