El Troll Capítulo 34
67%

Capítulo 34

LEANNE

Mi propia cara me devuelve la mirada desde el centro de la pantalla. La verdad es que preferiría mil veces ver las caras de las demás mujeres en lugar de la mía, pero como he sido yo la que ha empezado a hablar, Zoom saca mi recuadro a primer plano.

He llamado a nuestro grupo Operación Cazar al Troll , pero me pregunto si no sonará demasiado frívolo dada la gravedad de lo que nos ha reunido a las cinco. Aun así, esperaré a ver si alguna dice algo y, si es así, le cambiaré el nombre al grupo en Zoom.

Estoy con el alma en vilo desde que me he levantado de la cama, esperando a que Eamon saliera de casa con las niñas. Ni de broma le parecería bien que hiciera esto; hasta me ha dicho que debería centrarme en mi propia familia, no en la de otra.

—Gracias a todas por sumaros —empiezo—. Ya estamos todas, así que ¿os importaría presentaros una a una y hacer un breve resumen de lo que os ha estado pasando con los mensajes?

Escucho mientras las mujeres van diciendo por turnos cómo se llaman, de dónde son y a qué se dedican. Podríamos estar en una jornada de formación, o en algún taller donde todo el mundo tiene que presentarse en círculo. El temido rompehielos . Pero esto es más oscuro que eso. Mucho más oscuro.

—A lo mejor ahora podríais hablar de vuestras páginas de Instagram —continúo—. Al fin y al cabo, es lo que todas tenemos en común. Chloe, por supuesto, era bookfluencer. ¿Y tú, Jade?

—Mi página se llama Jade’s Palace, «El Palacio de Jade», y ahí comparto sobre todo fotos de mi casa y del jardín. Aunque había varias fotos de mi hijo de cuatro años, que ya he quitado. Mi marido se puso hecho una furia porque las hubiera publicado en abierto.

—Es una pena tener que pensar así. —Kaylene se acaricia la barriga—. Pero yo pienso hacer lo mismo en cuanto nazcan estos bebés. No hace falta que nadie nos diga qué clase de indeseables podrían hacerse con esas fotos.

Las páginas de las mujeres son todas muy distintas. Antonia nos habla de la suya, llena de fotos de antes y después de los peinados de su salón, mientras que la de Kaylene planta cara al término madre geriátrica .

Solo Brenna se ha visto obligada a cerrar su página, con miedo a dejarla activa y exponerse a más amenazas.

Me contó que ya tenía bastante encima, con todas las reseñas asquerosas que han dejado sobre la consultoría de la que es socia, por no hablar del montón de citas falsas que le siguen pidiendo.

Pero luego está la escalofriante semejanza entre todas: las notas que han dejado en la casa de cada mujer, que el troll parece estar usando como tarjeta de visita.

—A mí no me ha visitado quienquiera que esté haciendo esto.

—Me señalo a mí misma mientras las cuatro caras expectantes me miran desde la cuadrícula en la parte de arriba de la pantalla—.

Yo sí recibo mensajes desagradables a todas horas, pero de un tono distinto al de los que sé que estáis recibiendo vosotras.

Así que no creo que el mismo troll se haya fijado en mí, al menos de momento.

—Puede que sea porque vives muy lejos —responde Brenna—. Pero, como ha demostrado quienquiera que sea, no le importa nada viajar.

—La policía sigue cotejando todos los trenes de Leeds a Londres de aquel día —les digo, recordando otra conversación por mensajes que tuve con Sue—. Pero seguro que aún no han sacado nada en claro.

—Estuviste con Chloe la noche que murió, ¿verdad? —pregunta Kaylene. Habla con voz suave y tiene un vago aire a Chloe. Esa observación me estruja el corazón. Sobre todo porque Chloe nunca llegará a ser madre.

—Estuvo en mi evento de Londres. —Se me quiebra la voz—. Y, al igual que vosotras, aguantó los mensajes de acoso durante las semanas previas a aquella noche.

—¿Alguien dejó una nota en su casa?

Asiento con la cabeza. —El día que la mataron. Si me lo hubiera contado, podríamos haber hecho algo y quizá seguiría viva.

—¿Por qué no lo hizo?

Agacho la cabeza. —Solo se me ocurre que pensó que podía estropear el evento. Muy de Chloe.

—¿Ha revisado la policía las cámaras de seguridad de la zona donde vive? Vivía . —Kaylene se corrige, y no sé quién puede sentirse peor con esa corrección: ella o yo.

—Creen que quien lo hizo habrá atravesado el parque que da a la parte de atrás de la casa de Chloe —respondo—. Como es lógico, habrá cruzado por las zonas menos transitadas del parque, las que no cubren las cámaras. Entró por la ventana de la cocina.

—Yo me había dejado la puerta de la calle sin echar la llave.

—Kaylene cierra los ojos mientras su cara agotada llena la pantalla—.

Solo había salido un momento a sacar al perro, y en nuestra calle todo el mundo deja las puertas sin echar la llave.

Llevo años viviendo ahí y nunca ha habido un allanamiento, ni una sola vez.

Todos nos cuidamos unos a otros, pero aquella noche, está claro que no.

—Se ríe, pero es una risa cargada de amarga ironía.

—Gracias a Dios que recibiste el mensaje de quienquiera que estuviera dentro —digo—. Imagínate si hubieras vuelto y te lo hubieras encontrado cara a cara.

—Habría dado a luz allí mismo. —Por lo poco que se ve de Kaylene en la pantalla, tiene la barriga enorme—. Eso si no me mataba antes. Tom, mi marido, les ha dicho a sus jefes que va a trabajar desde casa hasta que atrapen al tío.

—Ojalá sea pronto —dice Antonia.

—Lo sé. —Kaylene parece hundida—. No soporto vivir así. Me recuerda a cuando era joven, cuando tenía un exnovio obsesionado que no me dejaba en paz. Pero esto parece algo mucho más siniestro.

—Quien fuera se metió en mi dormitorio . —Antonia tiene los ojos muy abiertos de terror—. Desde entonces me quedo en casa de mi hermana.

—En el mío también. —Jade se señala a sí misma—. Hasta se metió en el cajón de mi ropa interior. Y no queréis saber lo que untó por dentro de la puerta de mi congelador. —Pone una mueca—. Me dan arcadas solo de pensarlo. He tenido que llevar el congelador al punto limpio.

—¿Qué? —corean las otras tres mujeres.

—Pensad en lo peor que os podáis imaginar.

—Ay, Dios mío. —Tres manos vuelan a tres bocas. Yo ya lo había oído, pero volver a oírlo no lo hace más fácil.

—La policía lo analizó, esperando encontrar ADN, claro, pero parece que era de perro.

Un silencio atónito se instala entre nosotras un instante antes de que Jade continúe: —He estado yendo a casa de mi madre mientras mi marido está en el trabajo. Es una pesadilla absoluta.

—En mi dormitorio no entró nadie. —Brenna esboza una sonrisa forzada—. A lo mejor porque soy un poco mayor que las demás. Pero que hubiera alguien en mi cocina ya es bastante grave.

—Bueno, señoras, el motivo por el que os he reunido a todas es que creo que las cinco juntas podemos ser más fuertes que por separado. También creo que juntas quizá podamos ayudar a la policía a atrapar antes a ese chalado.

—No veo cómo —dice Brenna—. Ahora mismo apenas me atrevo a salir de casa. Por suerte, mi hermano pequeño viene a quedarse conmigo por las noches; si no, seguramente no vería un alma aparte de mis clientes por videollamada.

—Hay algo que me reconcome desde que pasó —empiezo—. Algo…

—Han detenido a alguien. —Una voz masculina interrumpe lo que estoy diciendo mientras la imagen de Kaylene ocupa toda la pantalla. Ella se gira en la silla para mirar a quienquiera que acabe de entrar en su habitación—. Rápido, mira: está por todo TikTok.