El Troll
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Prólogo
Nadie repara en mí mientras observo las ventanas iluminadas del hotel desde las sombras, bajo los árboles.
Nadie repara nunca en mí.
El personal de servicio revolotea como moscardones alrededor de los muertos. Va de un lado a otro entre las mesas, tomando y sirviendo pedidos, doblando servilletas, rellenando copas, atendiendo cualquier exigencia. Es una vida que nunca he conocido y que probablemente nunca conoceré.
En lugar de eso, me limito a observar de lejos cómo vive la otra mitad.
Una pareja sale del restaurante y enfila el lujoso pasillo de vuelta a su habitación. La mujer echa un vistazo a la oscuridad, pero no me ve. ¿Por qué iba a verme? La gente como ella no mira hacia la oscuridad.
Aprieto los puños dentro de los bolsillos y se me va de nuevo la mirada hacia la habitación de la planta baja, en el extremo del hotel. De pronto, la ventana se ilumina y una sombra revolotea de un lado a otro tras las cortinas.
La persona a la que llevo semanas observando, la persona que me hace sentir que no soy absolutamente nada, por fin ha vuelto a su habitación.
«Se acabó ser invisible», murmuro entre dientes mientras salgo de mi escondite y me enrollo una bufanda alrededor de la cara.
Es hora de hacerme notar.