El trato era no enamorarnos Capítulo 25
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Capítulo 25

El mensaje de Daniel

Daniel volvió a escribir un miércoles.

Daniel: Necesito hablar contigo. Es importante y tiene que ver con Lúmina.

Valentina miró el mensaje durante casi un minuto.

No quería responder.

Pero la última frase cambió todo.

Valentina: Dime.

Daniel: No por aquí. Café a las 6.

Valentina escribió a Sebastián.

Valentina: Daniel quiere hablar conmigo. Dice que tiene que ver con Lúmina.

La respuesta llegó rápido.

Sebastián: ¿Quieres que vaya contigo?

Valentina sonrió.

No ¿por qué te escribe?

No no vayas.

Solo eso.

Valentina: No. Pero gracias.

Sebastián: Escríbeme al salir.

A las seis, Daniel estaba en la misma cafetería donde habían hablado semanas antes.

—Gracias por venir.

Valentina se sentó.

—¿Qué pasa?

Daniel sacó una carpeta.

—Mi consultora está participando en un proceso con Meridian.

Valentina conocía el nombre.

Meridian era una empresa tecnológica que Lúmina llevaba meses intentando captar.

—¿Y?

—Uno de tus ejecutivos está filtrando información.

Valentina sintió frío.

—¿Qué información?

—Presupuestos, fechas de pitch, estructura de propuesta.

—Eso es una acusación seria.

—Lo sé.

Daniel deslizó unas capturas impresas.

Había mensajes enviados desde una cuenta personal a un ejecutivo de la competencia.

Valentina leyó.

No reconoció el nombre.

—¿Quién es?

—No lo sé. Pero alguien mencionó a Sebastián.

Valentina levantó los ojos.

—¿Qué?

—Dijeron que él había tenido conversaciones con la competencia mientras negociaba Madrid.

La vieja sensación regresó.

Pero esta vez se detuvo.

Respiró.

—¿Tienes pruebas de que Sebastián filtró algo?

—No.

—Entonces no vuelvas a insinuarlo.

Daniel se quedó callado.

—Vale, yo solo…

—Valentina.

—¿Qué?

—Me llamo Valentina.

La corrección lo sorprendió.

Ella guardó las capturas.

—Gracias por avisarme.

—¿Confías tanto en él?

Valentina lo miró.

—Sí.

La respuesta salió fácil.

Daniel apoyó los brazos sobre la mesa.

—Has cambiado.

—Espero que sí.

—Antes habrías investigado todo antes de defender a alguien.

—Voy a investigar. Pero no voy a condenarlo para sentirme segura.

Daniel sonrió con tristeza.

—Supongo que él tuvo más suerte que yo.

Valentina negó con la cabeza.

—No fue suerte, Daniel.

Se levantó.

—Lo nuestro terminó porque queríamos vidas distintas y porque ninguno supo hablar sin convertir el amor en una prueba. No necesito que uno de los dos sea el villano.

Daniel bajó la mirada.

—Tienes razón.

—Gracias por las capturas.

Salió.

En la vereda llamó a Sebastián.

—¿Terminaste? —preguntó él.

—Sí.

—¿Todo bien?

—Necesito verte.

—Estoy en la oficina.

Valentina volvió a Lúmina.

Le contó todo.

Sebastián leyó las capturas.

—No fui yo.

—Lo sé.

Él levantó la vista.

—¿Así de fácil?

Valentina asintió.

—Así de fácil.

Sebastián dejó los papeles.

—No sé si eso me asusta o me gusta.

—Acostúmbrate.

—¿Y si estoy mintiendo?

—Entonces lo descubriré y te destruiré profesionalmente.

Él sonrió.

—Ahí está el equilibrio.

Valentina se acercó.

—Confío en ti. No significa que haya dejado de tener criterio.

Sebastián la tomó de la cintura.

—Eso es bastante sexy.

—No arruines mi momento de crecimiento personal.

—Imposible.

La besó.

Después se quedaron hasta tarde revisando registros.

A las once encontraron el origen de la filtración: un ejecutivo junior externo que colaboraba con dos agencias y había compartido documentos.

No era Sebastián.

Valentina nunca había dudado de verdad.

Y esa fue la parte que más cambió algo dentro de ella.

* * *