El Tratamiento Capítulo 31
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Capítulo 31

Los viernes esto se vacía a las siete.

A las siete y cuarto quedan las de la tarde y el celador de guardia. A las siete y media queda el celador. A las ocho menos veinte, cuando bajo por la escalera del ala este, en toda la planta baja hay una luz encendida y es la del office.

Llevo la bata puesta. Eso lo he pensado a las seis y cuarto y me ha parecido una idiotez y luego me la he puesto igual, porque una mujer con bata bajando una escalera de servicio es una enfermera y una mujer sin bata bajando una escalera de servicio es una mujer bajando una escalera de servicio.

Menos uno: puerta metálica, cristal reforzado, y detrás el parking.

Menos dos: puerta igual, y por el cristal se ve el pasillo de las salas de visita, apagado, con la máquina de agua iluminada por dentro porque esas máquinas no se apagan nunca.

Menos tres: la escalera se acaba. No hay más peldaños. Hay un rellano de metro y medio por metro y medio, una puerta igual que las otras dos y un lector a la derecha, a la altura del pecho.

Y aquí es donde me paro, y no me paro por miedo: me paro a repasar.

Si se abre y hay alguien dentro, digo que soy Belmonte, vinculación, y que vengo a verificar la ubicación de tres unidades de mi cartera. Eso es verdad. Está escrito, con esas palabras, en la solicitud SA-2036/1177, que presenté el miércoles a las nueve menos cuarto y que está denegada.

Lo de que está denegada es lo que no digo.

Y si me preguntan por qué he bajado con una solicitud denegada, digo que la tarjeta abrió y que pensé que se había resuelto. Eso no es verdad.

Miro el techo del rellano para ver si hay cámara y hay un detector de humo y una luz de emergencia y nada más, y me doy cuenta a la vez de dos cosas: de que la he buscado, y de que hace tres semanas yo no sabía dónde estaban las cámaras de mi propio aparcamiento.

Paso la gris.

El piloto se pone verde. El cerrojo hace un clic y luego, medio segundo después, otro más corto, que es el pestillo secundario, y la puerta cede.

Lo primero es la temperatura.

Arriba estamos a veintidós y aquí hay diecinueve, y se nota en los antebrazos antes que en ningún otro sitio. Es una diferencia pequeña y es la que hay entre una planta pensada para que la gente trabaje ocho horas y una planta pensada para otra cosa.

Lo segundo es que no está a oscuras. Hay una tira de led corrida a media altura, en modo nocturno, que da luz suficiente para andar y para leer una etiqueta y no para leer un papel.

Es exactamente la luz que ponemos arriba de once de la noche a seis de la mañana.

Es una decisión clínica y está bien tomada.

Lo tercero es el ruido, que es el clima por arriba y, por debajo, un sonido que conozco: bombas de perfusión. Muchas. Cada una con su ritmo, y todas juntas hacen una cosa que no es un ritmo.

Y lo cuarto, que es lo que no me esperaba, es que huele a limpio. A jabón de manos y a suelo fregado hace poco.

El pasillo tiene doce metros y luego gira a la izquierda y sigue.

Las puertas están a los dos lados y cada una tiene una etiqueta blanca impresa a la altura de los ojos, con el código en cuerpo grande, negro sobre blanco: 3-01 .

3-02 . No hay nombres en las puertas. Arriba tampoco los hay, para que se sepa: arriba lo que hay en la puerta es el código de unidad, y el nombre está dentro, en la ficha del pie de la cama.

En el codo del pasillo hay un mostrador de control con una silla, un monitor apagado, un termo y una taza puesta boca abajo encima de un papel de cocina.

No hay nadie.

De noche hay una persona para la uno y la dos y sube cada dos horas; para aquí abajo hay una ronda a las ocho y otra a las diez.

Lo dice el cartel de turnos que está pegado con celo en el lateral del mostrador, y lo dice con una tabla hecha en un procesador de textos, con los bordes de la tabla puestos a mano.

Son las ocho menos cuatro.

Y hay una tercera cosa que no hago y que llevo tres días sin hacer, y es abrir la 1A-041.

La 1A-041 está en la planta uno, sector A, dos plantas por encima de mi cabeza, y para verla no hace falta ninguna tarjeta gris: hace falta bajar del ascensor y girar a la derecha.

Antes de moverme hago dos cosas.

La primera es mirar el cartel de turnos entero, porque un cartel de turnos te dice más de una planta que media hora de conversación.

Aquí abajo hay una auxiliar por la mañana, una por la tarde, y por la noche lo cubre la de la uno con dos rondas.

Los nombres están escritos en la columna del mes y son siempre los mismos tres.

No hay enfermera fija: hay una responsable que baja los martes y los viernes por la mañana y que se llama Chelo.

La segunda es contar puertas. Doce en el primer tramo, del 3-01 al 3-12. El pasillo gira y en el segundo hay diecinueve más. Treinta y una. Coincide con la tabla y coincide con la lencería, y esa es la primera vez en dos semanas que un número me sale a la primera.

Voy a la 3-07.

La puerta no tiene cerradura, tiene un pomo. Se abre.

Consuelo Arjona Peñalver, setenta y nueve años, cinco años y tres meses de reposo. Está tapada hasta el pecho con la sábana en pico. Tiene la vía central en la subclavia derecha y el apósito con fecha del martes. Está muy delgada y es lo que hay: cinco años son cinco años.

Le han cortado las uñas.

Están cortas y limpias y bien hechas, sin picos, y las de la mano izquierda están cortadas por alguien que era diestro, porque el borde va en el mismo sentido en las cinco.

Y yo me quedo mirando esas uñas y noto una cosa que tardo dos segundos en reconocer y que es agradecimiento, y luego me quedo con el agradecimiento en la mano sin saber dónde ponerlo.

Le miro los talones, que es lo que se mira. Tiene taloneras de gel en los dos. La piel de debajo está bien.

3-14: Encarnita Ruzafa. Igual.

3-22: Sonia Bellido, treinta y siete años ahora, tres de reposo. Esta sí me suena en cuanto le veo la cara, y me suena de la sala dos, y no me acuerdo de nada más.

Las tres están donde dice el módulo. Las tres tienen la ficha al pie de la cama con su nombre y su expediente, en la funda de plástico de siempre.

Salgo al pasillo y son las ocho y cuatro y la ronda no ha bajado, y eso quiere decir que la de las ocho la hacen tarde, que es lo que pasa en todas las plantas de todos los sitios en los que he trabajado.

Vuelvo sobre mis pasos.

3-22. 3-21. 3-20.