49. Chapter 49
***CANDACE***
Disfruté de la nada durante un breve instante, antes de encontrarme en el turbulento vacío. El Entremedio. Se parecía mucho a la nada, pero no lo era.
Suspiré. Esperaba que mi descanso durase toda la eternidad. O, quizá, un poco más. Pero, por algún motivo, me sentía distinta. Ya no me palpitaba la cabeza. Ya no albergaba dudas. Ni sentía tentación alguna de hacer lo incorrecto. Aunque fuese por las razones correctas.
Me llevé una mano a la cara y me palpé los ojos. No había parche. ¡Tenía dos ojos! Volvía a ver bien.
Sentí que una presencia entraba en el vacío a mi espalda.
Me volví y me encontré cara a cara con dos humanos.
Un hombre de barba naranja como el fuego, vestido con un abrigo de un naranja igual de intenso.
Idéntico al de Kat. Llevaba un hacha vikinga al costado y lucía una sonrisa desenfadada.
La otra persona era una mujer joven. Más o menos de mi edad.
Tenía la piel más oscura que Tom. El pelo negro.
Llevaba una camiseta con la imagen de un ángel.
Una de sus alas era negra y la otra, blanca.
Por algún motivo, me recordaba muchísimo a Conrad Khoi.
—Candace Evergreen —dijo el hombre—. Me llamo Tom McLoughren.
Asentí.
—Lo sé. Lo cual convierte a esta en la hija de Conrad.
La mujer puso los ojos en blanco. Parecía que aún seguía en su etapa adolescente. El vacío distorsionaba el tiempo. Probablemente todavía fuese adolescente. O quizá a mí me habían obligado a madurar demasiado deprisa.
—Muy perspicaz. Era de esperar de usted, señorita Evergreen. Es muy conocida en numerosos reinos.
—Qué maravilla —respondí sin entusiasmo.
—Una auténtica maravilla —repuso Tom, haciendo caso omiso de mi sarcasmo.
—¿Podemos irnos? No le interesa —insistió la hija de Conrad.
Tom la ignoró y dio un paso al frente.
—Solo quiero hablar con usted, Candace. Ofrecerle la posibilidad de elegir.
Levanté una mano para detenerlo.
—Ya cumplí con mi parte. Solo quiero descansar.
—Y esa es una de sus opciones. Pero, por favor, considere primero la otra.
Medité sus palabras. Recordé una época en la que habría enviado gusanos a infestarlo por dentro por molestarme de aquel modo. Pero ninguna tentación semejante se apoderó de mi mente.
Me sentía… limpia. Pura.
Libre.
—Puede sentirlo, ¿verdad? —preguntó Tom—. La ausencia de mácula. Ahora es libre. Por fin dueña de su propio destino. Se acabaron las voces. Se acabó la corrupción. Eso significa que puede elegir sabiendo a ciencia cierta que la decisión es solo suya.
Tenía que admitir que ser libre sentaba bien.
—La idea de descansar sigue gustándome, pero puedo permitirme escuchar la otra opción.
Tom sonrió como un niño.
—¡Excelente! Sabía que nos daría una oportunidad. ¿No te dije que nos daría una oportunidad, Ali?
Ali volvió a poner los ojos en blanco.
—Todavía no ha dicho que sí.
Tom volvió a mirarme.
—Hope City está a salvo. La Tierra está segura, de momento. Pero el Entremedio sigue amenazado. Hay fuerzas que amenazan todos los reinos, siempre al acecho entre las sombras. Y hay quienes, como nosotros, queremos defenderlo. Defenderlos a todos. Creo… es más, sé que usted es una de esas personas.
Volvió a sonreír, aunque esta vez de forma más comedida. Me tendió la mano.
—Vamos, Candace Evergreen. Defendamos juntos el Entremedio.
—O, ya sabe, puede volver a echarse una siesta o lo que sea —añadió Ali.
Tom le dio un codazo en las costillas.
Era una decisión difícil. Ya había tomado una decisión. No quería seguir existiendo. Quería que todo terminase. Y le había puesto fin.
Pero… ya no había ningún motivo real para dejar de existir. Y, si aún había personas en peligro y amenazas que se cernían sobre todos los reinos, ¿quizá debería ayudar a detenerlas?
Asentí despacio y cogí la mano de Tom. Él sonrió, mientras Ali gemía y le entregaba un fajo de billetes. No pude evitar reírme mientras seguía a Tom y a Ali hacia la luz y comenzaba mi nueva vida.
***