El Tiburón de Barcelona (Inspector Álex Cortés 14) 53
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Álex y Karla eligieron un resort en las islas Canarias para descansar.

Desayunos lentos, sol, lecturas de novelas policíacas y sexo, mucho sexo.

Diez días en el paraíso a tan solo dos horas y media de Barcelona.

El resort tenía spa , piscina climatizada y todo tipo de servicio de bienestar.

Álex y Karla estaban tomando el sol después de comer. Tumbados en una hamaca, se calentaban con el sol de diciembre.

Álex se giró hacia Karla.

—¿No puedes desconectar del trabajo?

—¿Qué dices, Álex?

—¿Hasta en vacaciones lees thrillers ?

—¿Qué voy a leer, romántica?

Álex levantó un libro de color rosa.

—Pues me gusta la romántica. Por lo menos desconectas.

Karla se giró hacia su libro y se encogió de hombros.

—Tú mismo.

Álex sonrió y se acercó a ella.

—Te seguiré manteniendo entrenada por si aparece un cadáver en el hotel y nos piden resolverlo, como en las novelas de Agatha Christie.

Ella rio.

—Estás fatal, Álex. Vete a leer tus historias de amores imposibles y cosas de esas.

Álex se encogió de hombros.

—A mí me gustan —respondió, satisfecho.

—Pues ya está, cada uno con lo suyo.

—Cada loco con su tema… —susurró.

—¿Qué has dicho, Cortés? —espetó Karla.

Álex hizo caso omiso del comentario de Karla. Levantó un brazo e indicó al camarero que fuera allí con la bandeja. El camarero la dejó en una mesita y se fue.

Sintió como su corazón se disparaba. Bufó y estiró el cuello de un lado y del otro.

—Mira, esto es para ti —dijo Álex, acercando un mojito a Karla—, esto es para mí —se cogió un caipiriña para él—, y…

Karla se había girado para hacer un brindis. Un brindis por ellos. Por esos días, por la salud, uno como muchos, de los que llevaban en esos días preciosos.

Pero su mirada cayó en la bandeja.

Aparte de los dos combinados, había un tercer objeto.

Era oscuro, pequeño y totalmente inesperado, tanto que no pintaba nada allí.

Álex lo cogió.

Lo sujetó con las dos manos. Una lo sujetaba por debajo y la otra mano lo sujetaba por encima.

—Bueno, creo que es el momento de volver a probar —dijo Álex—. ¿Qué te parece?

Karla se quedó sin palabras. Cuando Álex abrió la caja y Karla vio el anillo con el diamante, abrió la boca de par en par. Se quitó la gafas como pudo y apoyó la otra mano en su pecho.

—Lo volvemos a probar —repitió, nervioso y acongojado—. Karla, ¿te quieres convertir en mi esposa? ¿Quieres casarte conmigo?

Álex cerró los ojos por un segundo y el tiempo que tardó en contestar fue el período más largo de los últimos años.

Ella suspiró. Y gritó solo una palabra antes de lanzarse encima de él.

—¡Síííí!