El testigo que murió dos veces (Los casos de Rivas 5) CAPÍTULO 30 #2
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CAPÍTULO 30 #2

—Y revisar las declaraciones anteriores sin dar por hecho que alguien mintió sobre una relación que nunca le preguntamos directamente.

—Exacto.

Marta apartó uno de los documentos.

—Sergio, hay otra diferencia importante. Una relación sentimental oculta puede explicar por qué alguien ocultó determinados encuentros. No demuestra que esa persona participara en la muerte de Irene.

—Lo sé.

—Quiero que lo tengamos claro desde el principio.

Le pedí que continuara con la recuperación documental y acordamos solicitar las comprobaciones necesarias antes de plantear nuevas entrevistas.

Cuando terminamos, dejé la carta junto a las copias que había utilizado durante años para reconstruir los movimientos de Irene.

Molina apareció poco después con una carpeta relacionada con las últimas actuaciones del homicidio de Andrés.

—La documentación principal ya está incorporada —me dijo—. Quedan algunas ampliaciones, pero la reconstrucción del crimen está terminada.

Le indiqué dónde podía dejarla.

Observó las hojas de Alicante.

—¿Otra vez Irene?

—Marta ha encontrado algo que necesitamos revisar.

Le mostré la carta.

Molina la leyó sin hablar hasta llegar a las líneas donde Irene mencionaba los encuentros privados.

—Esto no estaba en las declaraciones antiguas.

—No.

—¿Y sabemos a quién se la escribió?

—Todavía no.

Le expliqué las coincidencias entre las reservas de salas, la correspondencia privada y las seis personas que habíamos investigado por los hechos de 2014.

Molina volvió al comienzo de la carta.

—Entonces uno de ellos podía mantener una relación con Irene.

—Eso parece indicar el conjunto de documentos. Necesitamos confirmar las atribuciones y recuperar los originales.

—¿Ninguno habló de esto?

—Ninguno declaró mantener una relación sentimental con ella. Pero nuestras preguntas se concentraron en los asuntos que conocíamos entonces.

Molina dejó la hoja.

—Igual preguntamos por lo equivocado.

—Preguntamos por los hechos que podíamos investigar. Lo que tenemos que hacer ahora es comprobar si esa información modifica alguna declaración.

Se acercó a la ventana.

—¿Crees que estaba protegiendo a alguien?

—Podría haber querido proteger una relación. También pudo estar intentando terminarla. La carta no permite saber qué ocurrió después.

Molina regresó a la mesa.

—Y tenemos seis personas que pueden explicar por qué se veían con ella.

—Tenemos seis personas cuyas relaciones con Irene debemos revisar desde otra perspectiva. Todavía no sabemos a quién iba dirigida la carta.

Cogí el informe sobre el caso de Andrés y lo coloqué aparte.

La muerte de Andrés Mena había terminado siendo consecuencia de una historia que comenzó con su desaparición fingida, la identificación equivocada de Saúl y las responsabilidades económicas que Verónica intentó ocultar.

Su participación en el encargo de Alicante era anterior y distinta. La documentación no nos permitía relacionar aquel servicio con su asesinato.

Sin embargo, las copias que conservó habían terminado aportando información que desconocíamos sobre Irene.

Molina señaló una de mis anotaciones antiguas.

—Aquí tenemos las declaraciones de los seis.

Había preparado aquella relación mucho antes de conocer a Andrés. Junto a cada nombre figuraban los movimientos comprobados, sus intereses profesionales y las contradicciones detectadas en las investigaciones anteriores.

Empecé a repasarlas.

Algunas preguntas seguían siendo pertinentes. Otras habían perdido importancia con el paso del tiempo.

Había anotaciones sobre llamadas cuya finalidad nunca conseguimos determinar y reuniones que habíamos interpretado únicamente como encuentros de trabajo.

Ahora debía averiguar si alguna de ellas ocultaba algo personal.

—Quiero recuperar las declaraciones completas —dije—. También los registros de contactos que todavía podamos contrastar.

—¿Los seis otra vez?

—Primero los documentos. Después decidiremos a quién necesitamos preguntar.

Molina recogió la carpeta de Andrés.

—Será raro dejar de ver su nombre por todas partes.

—Todavía quedarán actuaciones sobre 2017, pero el homicidio ya no necesita que sigamos buscando otro culpable.

Se detuvo junto a la puerta.

—Por lo menos una de las dos historias ha terminado.

Lo vi marcharse con el expediente.

Aquella tarde conseguí salir a la hora que había acordado con Elena.

Claudia tenía una representación y había insistido durante toda la semana en que fuéramos los dos. Cuando llegué al salón de actos, Elena estaba sentada en una de las filas centrales, revisando el programa.

Me hizo sitio.

—Pensaba que vendrías más tarde.

—He terminado a tiempo.

—¿Todo bien?

—Sí. Marta ha encontrado documentación importante sobre Irene. Tendremos que seguir investigándola.

Elena dobló el programa.

—¿Necesitas viajar a Alicante?

—Ahora mismo, no. Marta está comprobando los originales y puede continuar con esa parte.

—Bien.

Me entregó una copia del programa y señaló dónde aparecía Claudia.

—Sale en la segunda escena. Daniel está con sus amigos, dos filas más atrás.

Me volví y lo vi hablando con varios compañeros. Al descubrir que lo miraba, levantó una mano antes de continuar la conversación.

En el escenario todavía estaban colocando parte del decorado. Una profesora comprobaba los micrófonos mientras varios alumnos esperaban entre las cortinas.

Elena guardó el teléfono.

—¿Has descubierto algo que cambie lo de Irene?

Pensé en la carta y en las seis personas que llevábamos años investigando.

—Sí. Hay indicios de que mantenía una relación sentimental que nadie había mencionado. Ahora tenemos que averiguar con quién.

Elena me observó.

—Eso puede complicar bastante las cosas.

—Puede cambiar algunas de las explicaciones que hemos dado por buenas.

—¿Sabes quién era?

—Todavía no.

Se encendieron las luces del escenario y Elena dejó de hablar.

Claudia apareció unos minutos después, acompañada de otros alumnos. Había cambiado varias veces de escena durante los ensayos y ahora esperaba junto a una mesa de cartón, pendiente de su primera intervención.

Cuando comenzó a hablar, busqué su nombre en el programa, aunque sabía perfectamente cuál era su papel.

Elena me señaló la línea donde figuraba.

—Ahora viene la parte que tanto le costaba —susurró.

Claudia dijo su frase sin equivocarse.

Desde mi asiento pude verla continuar la escena con los compañeros. Elena sonrió y dejó el programa sobre sus rodillas.

Volví la atención al escenario.

La investigación sobre Irene seguiría abierta al día siguiente. Tendríamos que comprobar la carta, recuperar documentos y volver a examinar declaraciones que creíamos conocer.

Pero aquella tarde Claudia estaba representando una obra para la que llevaba semanas preparándose, y nos había pedido que estuviéramos allí.

Cuando llegó su siguiente intervención, Elena me tocó ligeramente el brazo para que mirara.

Claudia buscó un momento entre el público, encontró nuestra fila y continuó hablando con su compañero de escena.

LA HISTORIA CONTINÚA…

LOS CASOS DE RIVAS — LIbrO 6