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“Hay una cosa que no he entendido bien”, pregunté a Rebecca. “¿Por qué las páginas de los libros hebreos se usaban para hacer encuadernaciones?”
“Bueno, es una historia un poco larga.”
“Todavía nos queda una hora para llegar a Venecia.”
“¿No se te ocurre nada mejor sobre qué hacer con ese tiempo?”, preguntó Rebecca con malicia.
“Claro que sí”, dije antes de besar sus receptivos labios. “Pero tenemos que concentrarnos, carissima.”
“Eres tan alemán a veces...”, respondió ella, riéndose.
“Ok, prepárate para una lección magistral. Lo primero que tienes que saber es que la razón por la que viejos manuscritos fueron reutilizados para encuadernar libros es porque estaban hechos de pergamino, que es un material muy resistente,
puesto que no es más que la piel sin curtir de animales como vacas, ovejas o cabras, la cual se prepara específicamente para servir de soporte a textos manuscritos.
La segunda cosa que necesitas saber es que el reciclaje de pergaminos tanto para reescribir en ellos o para otros propósitos es una actividad tan antigua como la historia del propio pergamino. Sin embargo, su reutilización como material de encuadernación de libros es más reciente,
ya que ocurrió principalmente durante los siglos XVI y XVII, y por cierto, no se limitó solo a manuscritos hebreos: cualquier pedazo de pergamino considerado inútil era reciclado sin piedad como cubierta para un nuevo libro. Otro dato importante: Italia es un caso muy particular.
Especialmente en los siglos XIV y XV, judíos de toda Europa y muy particularmente de tu querida España emigraron a Italia por razones que no necesito explicarte, y obviamente trajeron sus libros con ellos. Ya sabes lo importantes que son los libros para nosotros los judíos. Desafortunadamente,
la amistosa bienvenida que los judíos inmigrantes recibieron en los territorios que hoy componen Italia se desinfló en los siguientes siglos. Recuerda a Pablo IV y su bula Cum nimis absurdum con la que se creó el gueto romano, etc, etc, etc.
No te sorprenderá por ello saber que la Inquisición confiscó muchos manuscritos judíos durante la Contrarreforma, y que muchos de esos manuscritos terminaron en manos de encuadernadores cristianos, los cuales despedazaban los volúmenes y vendían sus páginas a notarios y otras instituciones públicas.
Y todo esto que te he contado explica por qué se pueden encontrar folios de un mismo manuscrito en diferentes libros repartidos por toda la geografía transalpina.”
“Es una historia fascinante. Entonces, déjame ver si lo he entendido bien: como la Chanson estaba hecha de pergamino, alguien vendió las páginas a un encuadernador profesional, el cual las reutilizó para realizar encuadernaciones de libros. Más tarde, nuestro difunto amigo Mendes lo descubrió,
dios sabe cómo, y buscó las páginas de la Chanson a través de todos los Archivos Estatales de Italia, reuniendo los folios que encontramos en la cueva del Monte Soratte y que tenemos ante nosotros. Finalmente,
el código que encontré en la tarjeta postal de Mendes nos estaría proporcionando la ubicación de la parte que falta.”
“Eso parece.”
“¿Pero por qué Mendes no obtuvo esas páginas?”
“Bueno, es posible que el Archivo Estatal no le permitiera desencuadernar los libros en cuestión. Imagínatelo, en los años cuarenta del siglo pasado un extranjero se acerca a un funcionario italiano en una administración local pidiendo desencuadernar un antiguo volumen administrativo porque hay un
texto medieval escondido en el interior de la encuadernación. Imagínate la cara que pondría el funcionario.”
“En efecto. Y, aun así, otra razón sería que Mendes quería mantener el resto del libro en secreto por el momento.”
“Esa podría ser otra razón, sí.”
“Bueno, lo que importa ahora es encontrar las páginas que faltan.”
“Sí, pero el tren no llega a Venecia hasta dentro de media hora por lo menos.”
“Ah, tentatrice...”