El testamento de Elías (Provenance 1) 3
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Nos dirigimos a la Via del Portico d'Ottavia, donde se situaba nuestro restaurante. En el camino pasamos por una puerta donde una docena de Stolpersteine brillaba entre los sucios adoquines.

“Me resulta imposible creer que no hace tanto tiempo, aquí en estas mismas calles”, le dije, “los nazis estaban apelotonando a los vecinos en camiones para enviarlos a Auschwitz.”

“Igual de imposible de creer es que esta parte de la ciudad fuera una prisión al aire libre custodiada por la Santa Iglesia Católica Romana y Apostólica, ¿no crees? Bueno, pues todo eso sucedió. Estas cosas le sucedieron a gente normal como tú y como yo.

Y no te dejes engañar por la apariencia de normalidad aquí en el gueto. Nuestros enemigos siguen vivitos y coleando. Sin ir más lejos, mira la situación política actual en este país. El fascismo está en alza,

y al otro lado del espectro político lo que llaman antisionismo es en muchas ocasiones pura y simplemente antisemitismo.”

“Y me temo que no es sólo el caso de Italia.”

“Sí.”, dijo con un suspiro. “De todos modos, no tengo ganas de hablar de política esta noche. ¡Sólo quiero comer!”

Caminamos unos pasos más hasta llegar al restaurante que Rebecca había elegido para nuestra cena.

A primera vista, nada en su interior se diferenciaba del estilo de cualquiera de los muchos restaurantes italianos típicos que se pueden encontrar en el centro de Roma.

Sin embargo, una mirada más atenta a la decoración revelaba el carácter judío del lugar: pinturas de la vida cotidiana en un shtetl, fotografías de la antigua Palestina, incluso una foto de soldados israelíes rezando en el Muro de las Lamentaciones.

Y abrir el menú era como emprender un exótico viaje al país de las maravillas culinarias.

Después de echarle un vistazo rápido, me percaté de que los nombres de los platos me eran completamente desconocidos.

Pasta e broccoli, Fiori di zucca pastellati, Aliciotti con l’indivia, Concia di zucchine.

¡incluso tenían una Pizza ebraica! No era el menú habitual de un restaurante italiano, o eso me pareció a mí.

Rebecca, perfecta guía turística del gueto romano, me explicó las razones históricas de esta singularidad culinaria.

“Los habitantes del gueto tenían que lidiar con muchas restricciones, y una de ellas era la variedad, cantidad y calidad de los ingredientes que podían obtener para cocinar. Precisamente el hecho de que la comida era escasa hizo que se las apañaran para encontrar algunas soluciones ingeniosas:

ciertos ingredientes se freían para mejorar su conservación, e incluso utilizaban los restos de pescado del mercado vecino para cocinar sopas. Añade a esto la tradición culinaria sefardí y tendrás como resultado la cucina giudaico-romanesca, la cocina judeo-romana.”

“Bueno, puedo decirte que todo tiene una pinta deliciosa. Ahora me siento con lo que los franceses llamarían l'embarras du choix, es decir, no saber qué escoger. ¿Cómo se dice en italiano?”

“De la misma manera: L'imbarazzo della scelta. Recuerda que los franceses y los italianos somos primos hermanos.”

“Claro. En cualquier caso, me vendría bien un consejo experto. ¿Qué me sugieres?”

“Ok… En primer lugar, tienes que empezar sí o sí con un carciofo alla giudia. Básicamente es una alcachofa frita que te recordará por su textura a las patatas fritas crujientes, pero te aseguro que sabe mucho mejor.”

“Adjudicado.”

“Después de eso, si te gusta el pescado...”

“Me encanta el pescado.”

.”..puedes continuar con un baccalà alla vecchia storia, que es un plato de bacalao de origen siciliano con un toque judío-romano. Tiene piñones, tomates y pasas.”

“Suena delicioso. Y tú, ¿qué vas a pedir?

“Un carciofo para empezar, por supuesto. Y luego tomaré el abbacchio alla giudia.”

“Que es...”

“Cordero cocinado en el horno con aceite, ajo y romero. ¡Riquísimo!”

“Tiene que estar estupendo, pero nunca he oído la palabra abbacchio. Creía que cordero se decía agnello en italiano.”

“Abbacchio viene del latín ad baculum, que significa...”

.”..junto a un palo.”

“¡Bravo! Se refiere a un cordero muy joven destinado al matadero.”

“¿Y el palo?”

“Hay diferentes opiniones sobre el origen de la palabra. Hay quienes dicen que los corderos lactantes eran atados a un palo para que no se perdieran. Otra versión es que se usaba un palo para sacrificar al cordero.”

“¡Qué cruel!” dije, riéndome. “Por cierto, supongo que todo es kosher aquí, ¿no?”

“El baccalà alla vecchia storia sí, seguro. El carciofo alla giudia es un asunto diferente.”

“¿Qué quieres decir?”

“Es una historia que tiene una cierta gracia. La alcachofa es un vegetal que puede contener insectos y gusanos entre sus brácteas, lo que la convierte en treif, es decir, no kosher, al menos según la decisión del Jefe de los Rabinos de Israel.

Ya te puedes imaginar la reacción de la comunidad judía en Roma cuando se enteraron de eso. ¡Nuestra adorada receta, que data del siglo XVI, declarada alimento non kosher por unos burócratas religiosos de Jerusalén! Hubo una petición en Facebook contra el Jefe Rabino, acusaciones de corrupción, etc.

”

“¡Vaya, aquí os tomáis los asuntos culinarios muy en serio!”

“¿Qué quieres? Somos tan italianos como judíos. La comida es nuestra vida. Y ya sabes lo que dicen: dos judíos, tres opiniones.”