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Nuestra reciente aventura nos había dejado hambrientos, así que Rebecca propuso ir a cenar en uno de los muchos restaurantes judíos a lo largo de la Via del Portico d'Ottavia.
Mientras yo conducía en dirección al Tempio Maggiore, Rebecca cogió el teléfono e hizo una llamada, pidiendo una reunión inmediata con sus superores para un asunto de máxima urgencia.
“¿Vas a decírselo a tu gente?”
“Creo que merecen saberlo ahora, y no cuando David Cohn decida hacerlo. Es propiedad nuestra después de todo.”
“No parece que confíes mucho en David.”
“Conoces el chiste, ¿no?”, dijo ella con seriedad. “En yiddish, si alguien te dice confía en mí, lo que realmente quiere decir es que te jodan.” Mientras decía esto, su expresión cambió por completo, terminando la broma con un estallido de su risa embriagadora.
Cada vez me gustaba más su risa.
Aparcamos el coche y entramos en el Tempio Maggiore. Rebecca se metió inmediatamente en una sala de reuniones, pidiéndome que la esperara fuera. Media hora después salió de la habitación con una expresión de alivio en su cara.
“Ahora, podemos ir y disfrutar de la cena.”