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Mientras estábamos absortos en el examen de la Chanson, David se acercó a nosotros.
“¿Encontrasteis algo de particular importancia?”
“Sí, en efecto.”
“Pues no parece hacerte muy feliz.”
“Sí y no. La cosa es...”
David me interrumpió. “Puedes contarme todo en el helicóptero. Ahora tenemos que salir corriendo de aquí.”
Miré mientras algunos de los chicos de David empujaban a los dos sabuesos fuera de la cueva. “¿Y qué vais a hacer con esos dos?”, pregunté.
“Oh, tengo algo especial para ellos.” David miró a los dos bastardos con desprecio. “Vamos a enviarlos al Sr. Mertens en un bonito paquete con un lacito. Y con una nota de agradecimiento.”