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“No me diga que no se lo advertí”, dijo el Sr. Mertens por teléfono. “Ahora vamos a tener un tipo diferente de conversación.”
“Ha descendido a un nivel todavía más bajo, Sr. Mertens. ¿Quiere juntarse con sus clientes en la cárcel?”
“No se preocupe por mí, Sr. Schmidt-Toledano, tiene otros problemas más acuciantes en este momento. Pero no tema. No le pasará nada ni a usted ni a su amiga si me dice de una vez por todas el propósito de su visita al Monte Soratte.”
“Es sólo una visita cultural. Debería probarlo alguna vez, es bueno para el espíritu.”
“Ahora en serio. Supongo que encontró usted información en los archivos de su padre sobre el almacén que mis clientes tenían allí.”
“Y supongo que usted no tiene ni idea de su paradero.”
“Por desgracia su abuelo mantuvo en secreto su ubicación. ¿Por qué cree que le hice una visita a su oficina?”
“¿Qué quiere decir?”
“No quería disuadirle de investigar el pasado de su padre. Quería precisamente que lo hiciera.”
Pedazo de hijo de la gran puta.
“Estaba seguro de que su abuelo le pasó todos sus archivos personales a su padre. Siempre lo negó, y como su padre siguió fielmente las instrucciones de su abuelo, nadie pensó que estaba ocultando ninguna información.
Luego Lukas Paul mencionó su nombre cuando vino a hablarme de los libros de su tío, y eso me dio la idea de provocarle a usted con su pasado familiar. Estaba seguro de que mordería el anzuelo.”
Maldito cabrón. Me había engañado completamente.
“Ahora, tenga la amabilidad de devolverle el teléfono a mi colega.”
El sabueso fiel recuperó el teléfono e intercambió algunas palabras con el Sr. Mertens. Luego colgó y comenzó a cachearme, mientras mudito hacía lo mismo con Rebecca. Ese bastardo parecía disfrutar metiéndole mano.
El sabueso fiel volvió a coger el teléfono.
“Sr. Mertens, tiene un bloc de notas con un mapa”, dijo al teléfono. Hubo un breve silencio y luego colgó.
“Vamos a dar un paseo por el bosque. ¡Muévete!”