El testamento de Elías (Provenance 1) 8
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Proseguí mi lectura:

La obra de Flavio Josefo “La guerra de los judíos” proporciona un relato de primera mano del asedio de los romanos a Jerusalén.

Josefo, judío romanizado, escribió en detalle cómo llegaron a Roma los objetos del Templo.

Según su narración, el botín del Templo de Jerusalén fue llevado al Templo de la Paz en Roma, el cual había sido construido bajo el emperador Vespasiano para conmemorar su victoria en la guerra contra los judíos.

Se puede afirmar con seguridad que los objetos sagrados del Templo permanecieron en Roma durante muchos siglos como lo atestiguan diferentes narraciones.

Luego fueron supuestamente llevados a Cartago después del saqueo de Roma por los vándalos en 455, y más tarde traídos a Constantinopla por el general bizantino Belisario después de tomar Cartago en 534.

Este episodio fue narrado por el historiador bizantino Procopio de Cesarea en su “Historia de las Guerras”, en la que explica un extraño suceso: cuando los objetos del Templo llegaron a Constantinopla,

un judío dijo que llevar los objetos sagrados del Templo de Jerusalén al Palacio Imperial de Constantinopla traería mala suerte al Emperador.

Justiniano, supersticioso, se asustó y decidió enviarlos a su lugar de origen, Jerusalén.

A Procopio le gustaría hacernos creer que Justiniano envió los objetos sagrados del Templo a Jerusalén por pura superstición, pero hay que saber que el de Cesarea no era un historiador de fiar.

Los lectores de su Historia Secreta entenderán por qué digo esto.

Yo mantengo una teoría diferente: Justiniano se guardó el tesoro, y los objetos del Templo permanecieron en Constantinopla hasta el saqueo de la ciudad durante la Cuarta Cruzada en 1204.

¿Por qué un emperador habría enviado algunas de las reliquias más importantes del cristianismo a Jerusalén, cuando Constantinopla estaba acumulando reliquias de esa misma ciudad para convertirse en una “nueva Jerusalén”?

He encontrado muchas pistas dispersas en diferentes documentos históricos que apuntan en esa dirección.

Por ejemplo, dos fuentes antiguas, “De ceremoniis aulae byzantinae”, del emperador Constantino VII Porfirogéneta, y “Scriptores originum Constantinopolitarum”, atribuida al escritor del siglo XIV Jorge Codinos,

mencionan un candelabro guardado en la Cúpula de Heptalychnos en el palacio imperial de Constantinopla.

De hecho, “Heptalychnos” es una palabra griega que significa “siete lámparas.”

Siete lámparas, exactamente como un candelabro de siete brazos, como una menorá.

Recordemos también el testimonio de Antonio de Novgorod en su “Libro del Peregrino” (1200), en el que afirmó que muchas reliquias del Antiguo Testamento se guardaban en Santa Sofía.

Y hay muchos otros testimonios históricos que apoyan esta teoría.