El testamento de Elías (Provenance 1) 5
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Ahí estaba yo, solo con la caja fuerte de Mendes abierta delante mía.

A solas con su contenido. A solas con sus secretos.

Ahora sólo me quedaba una cosa por hacer.

Miré dentro de manera casi reverencial. No sabía qué iba a encontrar allí, pero era consciente de que iba a cambiar mi vida por completo. Y así fue. Vaya si lo hizo.

Dentro de la caja fuerte había una carpeta roja sin ningún tipo de inscripción. La puse en el escritorio de Mendes y la abrí. Ante mí tenía un montón de papeles amarillentos escritos a máquina en alemán por una mano inestable o apurada.

D. ELÍAS MENDES

Professor an der Universität Zürich

Furtum Sacrum

in

KONSTANTINOPEL

Herrn Birnbaum

in Dankbarkeit zugeeignet

El título del informe era “Robo sagrado en Constantinopla”, dedicado con gratitud a un tal señor Birnbaum. Un breve prólogo explicaba el porqué de aquel misterioso título:

El latín es una lengua (muerta) fascinante.

Origen de las lenguas romances, es sin embargo incomprensible para la mayoría de los hablantes de esta familia lingüística.

Esa proximidad engañosa produce muy a menudo el fenómeno lingüístico que Koessler y Derocquigny describieron en su libro “Les faux amis; ou, Les trahisons du vocabulaire anglais (conseils aux traducteurs)”: los llamados “falsos amigos”,

que son palabras o expresiones similares a otras pertenecientes a un idioma extranjero (normalmente con el mismo origen) pero con un significado diferente.

Por ejemplo, “inventio.” En inglés, suena como “invention”, lo mismo que en francés (invention), español (invención, invento) o en italiano (invenzione).

Sin embargo, en latín, puede tener el significado de “descubrimiento.”

Otro ejemplo de falsa amistad: “translatio.”

La mayoría de la gente seguramente pensará en la palabra “traducción”, como en inglés “to translate (a book).”

Sin embargo, en latín, también significa “desplazamiento”, “transferencia.”

También se puede traducir como “recuperación.”

Según la tradición cristiana, la palabra “inventio” se utiliza para describir el descubrimiento de reliquias sagradas.

Por eso, por ejemplo, cada 3 de mayo los cristianos celebran el “Inventio Crucis”, el “descubrimiento” de la Santa Cruz por la Emperatriz Helena en lo que hoy es la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.

Asimismo, “translatio” significa para los cristianos el traslado de reliquias sagradas de un lugar a otro, normalmente de una tumba a una iglesia para su veneración pública.

La lista de traslaciones de reliquias es demasiado larga para ser descrita aquí.

Probablemente el caso más famoso sea el traslado de los restos mortales de San Marcos.

En el año 828, dos comerciantes venecianos, ayudados por dos monjes griegos, robaron las reliquias del apóstol en Alejandría (que en ese momento pertenecía al califato abasí) y las llevaron a Venecia.

Para sacar las reliquias de contrabando de la ciudad idearon una brillante estratagema: cubrieron las reliquias con carne de cerdo, considerada “haram” (prohibida) por los musulmanes,

para que los guardias portuarios se negaran a inspeccionar el cargamento del barco y pudieran navegar con seguridad fuera de la ciudad.

“No robarás”, dice el Señor. Y sin embargo, en el caso de las reliquias de San Marcos, como en muchos otros casos, la traslación se hizo robando las reliquias y sacándolas de contrabando.

Para salvar esta aparente contradicción, la tradición cristiana ha justificado tales actos de diferentes maneras: el santo en cuestión “quería” que las reliquias fueran retiradas de la tierra impía y llevadas a un lugar de culto cristiano; las reliquias estaban en peligro de destrucción;

la buena intención del ladrón lo liberó de la culpa, etc.

Pese a todas estas racionalizaciones, el robo es robo, no importa cuán sagradas fueran las reliquias. Es por eso por lo que tales actos se llaman “furta sacra” en latín.

Robos sagrados.