El Ter: una biografía Epílogo
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Epílogo

¿Qué es lo que hace que una biografía sea una biografía?

Durante la escritura de este libro, esta pregunta me ha perseguido de manera constante junto con otros interrogantes que de manera discreta han ido dibujando los meandros que se narran en estas páginas.

¿Qué diferencia una biografía de una historia?

¿Cómo se narra la vida de una existencia milenaria como es un río?

Empecé con un objetivo muy claro y con muy pocas referencias.

A lo largo del camino, he ido encontrándome interlocutores e interlocutoras de toda clase —chopos, sauces, mirlos, coipús, truchas, garzas reales, amigas, fantasmas, alumnos, familia, montañas, pensadoras, artistas, caminos, aguas y una hija— que me han hecho pensar más allá y me han despertado aún más dudas.

Necesité un hechizo para atreverme a imaginar y, pese a eso, la incertidumbre sobre qué estaba intentando hacer exactamente ha sobrevolado la elección de cada palabra y la formulación de cada frase.

¿Cómo se escribe la biografía de un río?

Yo conozco la vida como humana. Podría narrar incluso la vida de un perro, como hace Virginia Woolf en Flush: Biografía de un perro .

También podría narrar la vida de un dios o de un personaje imaginario.

Pero ¿la de Ter? Ter es real, es un río, existe como río y vive como río.

El miedo que he tenido todo el tiempo es el de convertirlo en humano.

En un principio, no quería que de ninguna manera la narración de su vida diese como resultado el aspecto de un río humanizado, de una experiencia de la vida similar a la nuestra.

De hecho, he estado mucho tiempo convencida de que su experiencia de la vida es totalmente diferente a la nuestra.

Pero ¿cómo es? ¿Y cómo puedo saberlo? ¿Cómo puedo vivir experiencias que me acerquen a las sensaciones de ser río para poder empatizar con él, ponerme en su lugar y narrar su biografía?

Según la lógica que Pasolini expresa en su artículo «Osservazioni sul piano-sequenza», solo se puede narrar la vida de otro una vez que este ha muerto.

Así pues, ¿escribir la biografía de un ser que nos sobrevive es un proyecto imposible?

Quiero pensar que, justo porque creo, como Pasolini, que es imposible, tenía que intentarlo.

Porque el lenguaje se expande y el pensamiento se ensancha cuando intentamos decir lo que parece imposible, cuando intentamos poner palabras a lo desconocido.

¿Lo he conseguido? ¿He logrado escribir una biografía de Ter?

Yo diría que no. Quizá este libro sea más bien una novela de aventuras, con momentos de fantasía y magia sobre el viaje de una persona que intenta entender qué es la experiencia de la vida para un río como el Ter.

Además de eso, a lo largo de todo el proceso de escritura ha habido, en mi narrar, una confusión muy grande entre los sujetos principales, así como una aparición, a ratos desbordante, de voces que hablan.

En la revisión, con la ayuda de Mireia, esperamos haber suavizado este caos que no era sino un reflejo de la incertidumbre implícita en eso que he estado haciendo.

Ahora, desde el final, siento que todas esas voces diferentes son, en el fondo, la misma: la voz de las aguas que alimentan la vida de toda la cuenca hidrográfica del Ter.

Una voz que fluye a través de cuerpos varios en momentos simultáneos.

Que ahora se expresa a través de los glaciares y más tarde lo hace a través de las nubes, luego se pronuncia mediante una piedra, una cabra, un ramillete de falsos narcisos, un aliento fétido, una persona, yo misma.

Así pues, ¿realmente es la vida de Ter tan distinta a la nuestra?

Si Ter también vive a través de nosotros, si las aguas están en nosotros y somos lo que perdemos al morir, ¿no es posible que en realidad podamos encontrar pistas sobre nuestra vida en ríos y aguas?

¿Es posible que vivamos confundidos por la apariencia y la creencia de que nuestra vida es muy distinta y que eso nos despiste de la realidad?

Y es que, en el fondo, ¿quizá seamos solo agua, y cuando más de verdad vivamos es cuando más cerca estamos de la experiencia de ser agua?

Es así como, a medio camino, me he reconocido como un cuerpo de agua, alineándome con la teoría hidrofeminista de pensadoras como Astrida Neimanis.

Si bien no me he podido convertir en Ter para poderlo entender, lo he reconocido a él en mí y lo he encontrado en todas las cosas y en todos los seres de este camino.

En los momentos más fuertes de duda, cuando el hechizo se tambaleaba, he recurrido al «Manifiesto Animista», de Graham Harvey, donde el autor defiende que todo lo que existe está vivo.

Finalmente, escribiendo las últimas páginas, he leído un texto de Virginia Woolf donde afirma que la imaginación es esencial en el proceso de búsqueda.

Gracias, Virginia, por aparecer cuando tengo que cerrar, cuando tengo que creerme más que nunca todo lo que he escrito, por ser las palabras mágicas que llevan el eco del hechizo inicial y lo reactivan justo cuando estaba empezando a perder su efecto.