Capítulo 13 #2
—Tienes suerte de que aún no te hayan metido en un calabozo, no deberías meter las narices en los asuntos de la policía.
—Tú siempre nos dices que seamos audaces en nuestras investigaciones.
Luis sonrió de medio lado.
—Ya, pero no olvides que somos estudiantes. Quiero que seas atrevida con aquello que puedas manejar, y un asesino en serie es algo que nos queda muy grande a los dos, aunque me de rabia reconocerlo.
—Entonces vas a echarme la bronca.
Él enarcó las cejas mientras extendía la mano para aceptar el móvil que ella le tendía. Antes de que pudiera rozarlo, Alicia se replegó con un movimiento brusco.
—Júrame que no vas a usar esto en ningún artículo.
El jefe de redacción de la gazeta puso dos dedos en alto.
—Tu nunca has sido boy scout . En serio, júramelo.
—Vale, coño, ¡te lo juro! palabrita del niño Jesús.
Alicia le pasó el móvil.
—Es una foto de la imagen original, la que se han negado a copiarme.
Luis observó la pantalla del teléfono.
—De verdad, vas a conseguir que te detengan.
Alicia se encogió de hombros.
—Me animé a seguir ese instinto que siempre me recuerdas que debo escuchar.
—Puede que, esta vez te esté llevando a un camino peligroso.
Ella no contestó, le arrebató el teléfono de las manos y lo guardó en su bolso.
—Si no vas a ayudarme, me buscaré la vida.
Luis chasqueó la lengua y se echó hacia atrás en la incómoda silla de la cafetería.
—¿Qué quieres que haga?
Alicia sonrió de oreja a oreja.
—Solo te pido que mejores la calidad todo lo que puedas. Hice la foto deprisa y yo no controlo como tú los programas de edición fotográfica.
—Vale, mándamela y veré lo que puedo hacer. Pero después no quiero saber nada.
—Gracias, eres el mejor —dijo ella inclinándose sobre la mesa para darle un beso en la mejilla.
—El más tonto, diría yo. Pero ya te digo que si viene la policía a preguntar cantaré como un cuervo.
—Será como un canario.
—Mi voz es de barítono, querida.
Luis apenas tardó quince minutos en optimizar la imagen. Nada más abrir el archivo y observar la instantánea mejorada, Alicia notó un extraño cosquilleo en el estómago. Al momento, supo cuál era el siguiente paso.
Carmen se sorprendió al recibir la llamada de su amiga, pero no se hizo de rogar y, sorteando la vigilancia de sus padres, apenas cincuenta minutos después llegó a casa de Alicia.
Durante casi una hora dedicaron el tiempo a ponerse al día, algo que no tuvieron la oportunidad de hacer con el resto del grupo.
Carmen no estaba demasiado afectada porque le hubieran retirado la beca, no le gustaba la carrera que había escogido y, según ella, los italianos eran demasiado intensos a la hora de ligar.
—A mí me encanta periodismo, podrías probar el año que viene.
—Tengo claro a estas alturas es que lo mío no es estudiar. Sabes que empecé Bellas Artes porque quería ser ilustradora, pero en la carrera todo es demasiado rígido. Además, creo que en Roma he encontrado mi verdadera vocación.
Alicia enarcó las cejas al ver que su amiga se levantaba al tiempo que se daba la vuelta. Carmen se subió el jersey, sobrepasando incluso la altura del sujetador, y exhibió ante sus ojos el enorme tatuaje de un dragón que comenzaba en uno de sus omóplatos y acababa en la parte baja de la espalda.
—¿Tu nuevo plan es tatuarte el cuerpo entero?
Carmen se echó a reír y volvió a colocarse la ropa.
—Bueno, puede que eso lo haga con el tiempo —dijo tomando asiento de nuevo—, pero lo que quiero es trabajar como tatuadora, ya me he informado sobre varios cursos para empezar el año que viene.
—¿Y tus padres que opinan?
—No se lo he dicho aún.
Alicia resopló con una sonrisa. Su amiga era de ideas cambiantes, siempre fue así, pero deseaba de veras que aquello no fuera otro de sus caprichos.
—Si eso es lo que te gusta, me parece muy interesante.
—Cuando aprenda tú serás la primera a la que tatúe.
Alicia puso las manos en alto y se echó hacia atrás.
—Prefiero esperar unos añitos, si no te importa, así al menos ya habrás destrozado el pellejo de otros antes de tocarme.
Carmen sonrió y se dejó caer sobre los mullidos almohadones que tenía a la espalda mientras se estiraba.
—Por cierto, ¿qué tal con mi hermana?
—¿A qué te refieres? —Alicia notó un intenso calor en las mejillas mientras su columna se volvía rígida.
—Bueno, por lo que sé os habéis estado viendo, tengo celos de que ya seas más amiga suya que mía —bromeó con media sonrisa.
Alicia reprimió una risa nerviosa y cogió aire tratando de relajar su repentino envaramiento.
—No digas tontunas, nos hemos visto por el caso que lleva, supongo que sabrás que tiene relación con el socio de mi padre, pero vamos, que su jefe me ha echado a patadas esta mañana, así que el tema está cerrado para mí.
Carmen miró a su amiga de soslayo.
—¿Pretendes que me crea esa patraña?
Alicia desvió la vista. A pesar de la distancia que las había separado Carmen continuaba leyendo en ella como en un libro abierto.
—Paula está rara —dijo cambiando de tema al notar la incomodidad de su amiga—, creo que ese caso la está trastornando. Nunca la había visto tan taciturna. Este asunto apesta, no te metas más de la cuenta.
—Ya es tarde.
Carmen lanzó una mirada interrogante, pero pronto la cambió por un gesto de prudencia.
—¿Qué has hecho?
—Nada.
Ambas se midieron con la mirada con una leve sonrisa dibujada en sus rostros.
—¿Qué tramas? —insistió Carmen.
Alicia no contestó de inmediato. Desplegó la pantalla de su portátil y lo puso frente al rostro de su amiga.
—Encontré esta foto en casa de Mercedes, la viuda del socio de mi padre. Dime si hay algo en ella que te resulte familiar.
—¿Sabe Paula que la guardas?
—Claro que no.
—Pero si piensas que es importante, ¿por qué no se la has enseñado?
—Ellos tienen la original, esto es solo una copia que saqué con el móvil.
—Alicia, no sé si me apetece meterme en el tema, bastantes líos tengo ya en casa, si Paula se entera me mata.
—No quiero que te mezcles en nada, solo te pido que la mires y me digas qué ves.
Carmen se lo pensó un buen rato. Acabó con su bebida y alargó la mano con cierta aprensión para colocar el portátil sobre sus rodillas. Alicia dejó que Carmen estudiara la imagen durante unos segundos. Al poco, vio cómo sus ojos de se abrían intentando salirse de las órbitas.
—¿De qué coño va esto?
Carmen dejó el portátil encima de la mesa como si quemara.
—Has visto lo mismo que yo.
—¡Me cago en la leche!
—Tranquilízate.
—¿Cómo me voy a tranquilizar?
Carmen se levantó del sillón, se volvió a sentar, cogió el vaso de Alicia y apuró su contenido.
—No le puedes ir a Paula con este cuento, te va a tomar por loca y a mí también. ¡Ni de coña!
—¿Y si, gracias a ello, consiguen solucionar el caso?
—No veo en qué podría ayudarles saber esto.
Alicia miró a su amiga con gesto duro y le cogió la mano.
—Creo que puede establecer el móvil de los asesinatos.