El susurro de las amapolas SÉPTIMA PARTE
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SÉPTIMA PARTE

EL HERMANO PERDIDO

Desde que nacemos, sabemos cuál es nuestro destino.

La cuna se mece sobre el abismo, dispuesto a tragarla.

Nuestra vida no es más que un fogonazo

entre dos negruras infinitas.

El final que nos aguarda nos resulta más amenazador

que la oscuridad anterior, ese instante en el que no sabíamos

cuál era nuestro rostro antes de nacer.

Quizá tenemos miedo a lo que viene después porque, en el fondo, una brizna de nuestro ser recuerda algo terrible.

Algo que olvidamos cuando llenamos por primera vez de aire

nuestros pulmones, y lloramos.

Y si nada nos libra de la muerte,

al menos que el amor nos salve de la vida.

JUAN GÓMEZ-JURADO, Loba negra

Todos tenemos secretos.

Todos somos culpables de algo.

Y los niños no son siempre tan inocentes.

C.J. TUDOR, El hombre de tiza