El susurro de las amapolas 84
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El infierno

Julia se despierta aturdida y con dolor en la nuca.

Le lleva un rato recuperar por completo la consciencia y levantarse lo suficientemente despacio para no marearse.

Cuando recupera un poco la lucidez, se da cuenta de que está en un lugar que no conoce.

Aunque, le lleva poco tiempo situarse espacialmente. Está en una especie de cueva, donde hay retablos, nichos y restos de una excavación arqueológica.

Ahora el lugar más asfixiante sobre la faz de la tierra se encuentra en el subsuelo de la iglesia de Praixze, donde se encontraron los restos romanos.

—Veo que ya te has despertado, temía haberte dejado inconsciente para siempre —le dice una misteriosa voz desde la lejanía.

—¿Quién eres? —pregunta Julia al aire.

—Soy un enviado del señor —aclara la voz.

—Muéstrate —ordena Julia—, da la cara.

Desde las sombras, una figura comienza a moverse. Es una persona alta. Poco a poco va avanzando hacia la zona en que está iluminada con unas antorchas.

Cuando la misteriosa figura se descubre por completo, Julia se queda con la boca abierta al ver quién es su misterioso captor.