Epílogo 2
Lo que espera en la tierra roja
Sofía llevaba dos horas revisando unos fondos secundarios del archivo que llevaban guardados años en una cajonera que el nuevo jefe de servicio había sacado de su despacho cuando llegó.
Hasta entonces, los había custodiado doña Pilar, pero por algún motivo, nunca se los dio para que los guardara con el resto.
Una carpeta llamó su atención.
Lo abrió.
Era una concesión rutinaria, el tipo de documento que la Aduana gestionaba por docenas cada año cuando Cádiz era el puerto único para el comercio americano y todo pasaba por sus mesas .
Fue pasando página tras página, hasta llegar a la última.
Y ahí se detuvo.
En la esquina inferior derecha del documento, casi imperceptible, dibujada con una tinta diferente a la del resto del texto, más oscura y más fina, había una estrella de ocho puntas.
No era muy grande. No llamaría la atención de quien no supiera lo que buscaba. Pero para ella era fácilmente reconocible: las ocho puntas perfectamente trazadas, el centro limpio, exactamente igual en proporción y forma a la que seguía grabada en la pared del trastero al fondo del pasillo.
Sofía se quedó quieta durante un momento.
Luego sacó el móvil y la fotografió.
Abrió el correo y escribió a Elena adjuntando la foto.
«Acabo de encontrar esto en una cajonera. Es un expediente de 1771 sobre concesiones mineras en Huelva. Mira el dibujo y dame tu opinión.»
Mandó el correo. Quizás hubiera encontrado algo. O quizás, nada. Pero no pudo dejar de pensar en la estrella que acababa de descubrir durante toda la mañana.
La respuesta de Elena llegó cuando estaba a punto de irse a casa. Ella también adjuntaba una nueva imagen, esta vez del manuscrito que ambas conocían, con un texto de apenas tres líneas:
«El segundo eco ya ha escuchado. El tercero lleva siglos esperando en la tierra roja. Hay alguien que trabaja sobre él sin saberlo.»
Debajo de la traducción, en el correo de Elena, tres líneas más:
«He encontrado el perfil de una geóloga en redes.
Se llama Lucía Holgado, es de Nerva y ha subido unos videos desde una mina de Riotinto diciendo que hay algo en una determinada galería que no sabe cómo explicar.
Todavía no le he escrito. Pero creo que puede ser interesante.
En cuanto lo haga, te informo. Un abrazo para ti y para Daniel. »
Sofía leyó el correo dos veces. Luego miró hacia el pasillo que llevaba al trastero, donde la estrella de ocho puntas seguía visible en la pared de piedra ostionera con la marca del cincel en uno de sus laterales. La voz de Álvaro Montemayor no había vuelto desde La Caleta.
Sofía cerró el correo y apagó el ordenador.
Había otros silencios esperando en otros lugares.
En la tierra roja de Huelva.
En las cuencas del Tinto donde alguien llevaba experimentando algo que no sabía cómo explicar.
Lucía Holgado estaba a punto de recibir un correo de una desconocida que le decía que no estaba sola.
Todavía no sabía lo que eso significaba.
Pero pronto lo averiguaría.FIN
FIN