Capítulo 53 — Últimas preguntas
La víspera de la partida hacia la misión de seguimiento, Ixchel reunió a todos para una última reunión de preparación.
Era una costumbre que tenía desde el inicio de su carrera: la reunión de la víspera no era para los detalles logísticos, que debían estar resueltos mucho antes.
Era para asegurarse de que cada uno supiera qué buscaba, por qué, y qué haría si lo que encontraba no correspondía a lo que esperaba.
—La diferencia entre esta misión y la anterior —dijo— es que llegamos con hipótesis.
Hipótesis sólidas, validadas por los datos de la primera misión.
Es una ventaja en términos de eficacia. Es un riesgo en términos de objetividad.
Quiero que cada uno de ustedes mantenga dos cosas al mismo tiempo: el rigor necesario para verificar lo que predice el modelo, y la apertura necesaria para ver lo que no predice.
Miró alrededor de la sala.
—Los hallazgos más importantes de la misión anterior no eran lo que buscábamos al principio. Vinieron de observar lo que no estábamos buscando. Esta vez vamos a tender a buscar confirmaciones. Es natural y es útil. Pero no dejen que la confirmación tape la observación.
Ixcoy intervino.
—El modelo tiene zonas de incertidumbre que les voy a recordar.
La naturaleza exacta del fenómeno medido —los infrasonidos geológicos— todavía no está confirmada directamente.
La geofísica va a tener los instrumentos para eso.
La estructura espacial de la medición —lo que las incisiones muestran en concreto— todavía no es legible.
Daniela y las fotografías del solsticio nos dieron una pista, pero todavía no descifraron nada.
Y la cuestión de la red de sitios sigue enteramente abierta hasta los resultados de Torres.
—Tres preguntas mayores —dijo Elías—. En tres meses de misión.
—Sí. Es mucho. Y algunas tal vez no tengan respuesta ni siquiera al final de esta misión. La investigación no termina en una sola misión.
La geofísica preguntó si podía hacer una observación preliminar. Ixchel le dijo que sí.
—Leí los datos disponibles y los análisis de Ixcoy.
Quiero agregar una precisión sobre los infrasonidos geológicos.
En mi campo distinguimos dos tipos de fuentes: las fuentes activas —terremotos, erupciones— que producen infrasonidos de corta duración y alta amplitud, y las fuentes pasivas —la interacción de la atmósfera con el relieve, las oscilaciones del océano, los gradientes térmicos— que producen infrasonidos continuos de baja amplitud.
Si este sitio mide infrasonidos geológicos, probablemente mide ambos.
Pero los objetos del nivel inferior, tal como los describieron, parecen estar más calibrados para las fuentes pasivas continuas.
Lo cual sugiere que la función principal del instrumento no era detectar terremotos —eso exige un instrumento distinto— sino medir algo mucho más sutil.
—¿Qué? —preguntó Marco.
—El estado de fondo. El nivel base del ruido geológico en la región. Las variaciones de ese nivel base preceden a ciertos tipos de actividad geológica por varias semanas o meses. No todos los tipos, pero sí algunos. Si se pudieran medir esas variaciones con confiabilidad...
—Tendríamos un sistema de alerta temprana —dijo Ixchel.
—Sí. No perfecto. No infalible. Pero real. Y con varios siglos de datos acumulados por los usuarios de este sitio —si esos datos existen en algún lado, de alguna forma— tendríamos algo único.
El silencio que siguió no era igual a los silencios habituales de esas reuniones. Era un silencio habitado por un pensamiento preciso: siglos de datos.
—¿Podría seguir funcionando hoy en día? —preguntó Torres, que era el menos familiarizado del grupo con estas discusiones.
Ixcoy respondió.
—Es una de las preguntas. Si la estructura está intacta —y todo indica que lo está— y si el sistema de calibración inferior no fue alterado, el instrumento debería seguir funcionando. Esperó varios siglos. No es la duración lo que está en duda.
—Lo que está en duda —dijo Elías— es si nosotros somos capaces de leerlo.
—Sí —dijo Ixcoy—. Y para eso hace falta tiempo en la sala. Buen tiempo, en buenas condiciones. Repetido.
—El currículo —dijo Elías.
Ixcoy lo miró.
—Es la palabra que uso desde que me hablaste de eso. Es la palabra correcta.
La reunión terminó una hora después. La gente se dispersó, algunos para verificaciones de último momento, otros para dormir temprano. Ixchel se quedó sola en la sala un momento.
Pensó en su abuela y en su cajón. Los muertos y los vivos en el mismo espacio. Las fotos de los antepasados junto a las herramientas de jardinería. La misma ausencia de frontera artificial entre lo que había sido y lo que era.
Pensó en los constructores del sitio. No como antepasados a honrar en un cajón. Como colegas. Gente que se había hecho las mismas preguntas que ella, con otras herramientas, en otras condiciones. Gente cuyo trabajo todavía esperaba a que alguien fuera lo bastante competente para continuarlo.
Pensó que continuar el trabajo de otra persona —atravesar los siglos para retomar donde ellos lo habían dejado, o tal vez donde habían querido que se retomara— era tal vez lo más cercano a la verdadera transmisión que había encontrado en su vida profesional.
No una deuda con los antepasados. Una conversación. Larga, difícil, a menudo incompleta. Pero real.
Apagó la luz y salió. Mañana por la mañana, la selva.