El Silencio del Sin Rostro (La Guerra de los Eternos 1) Calma entre Sombras y Luz
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Calma entre Sombras y Luz

El aire fresco de la noche acariciaba sus rostros mientras salían de la escalera y pisaban nuevamente la tierra firme, bañado por la tenue luz plateada de la luna. Un silencio cómodo los envolvía, un respiro necesario tras las sombras y ecos que aún palpitaban en sus corazones.

Lira se detuvo junto a un árbol solitario, cuyas raíces retorcidas parecían aferrarse con fuerza a la tierra.

Miró las estrellas, intentando encontrar en ellas respuestas que el pasado les había negado.

Thoren se acercó despacio y sin palabras colocó una mano suave sobre su hombro, un gesto que hablaba de apoyo, de paciencia, de un vínculo forjado en la adversidad.

Kael observaba a ambos desde unos pasos atrás, sintiendo el peso de la responsabilidad, pero también la calidez de esa hermandad que los mantenía firmes.

Sus ojos se perdieron en el reflejo de la luna sobre una pequeña charca cercana, como si buscara en ese espejo efímero la fuerza para lo que vendría.

—No sé si alguna vez podremos entender todo lo que hemos visto —murmuró Lira, apenas un suspiro—, pero sé que no quiero hacerlo sola.

Thoren sonrió con suavidad, apretando un poco más el hombro de ella. —No lo estás. Nunca lo estuviste.

Kael dio un paso adelante y se unió a ellos, formando un pequeño círculo donde las sombras se mezclaban con la luz lunar. —Lo que venga, lo enfrentaremos juntos. Sin miedo.

La noche parecía escucharlos, susurrando promesas de un futuro incierto, pero también esperanzas renovadas.

Era un instante de paz, un breve refugio antes de que los caminos se bifurcaran nuevamente y los llevaran hacia el siguiente misterio… la orilla del lago oscuro y sus secretos mecánicos.