Sombras Bajo el Puente
No hubo despedidas. Lira quiso ir. Insistió. Pero su cuerpo aún temblaba cuando intentaba levantarse. Kael le puso una mano en el hombro.
—No es porque no confíe en ti. Es porque te necesitamos viva.
Ella lo supo. No discutió más.
Horas después, Kael y Thoren montaban a Samvarg y Valgor, cabalgando hacia el oeste, hacia la zona donde el dron se estrelló. Edificios derrumbados, escombros, humo. Nada. Ni rastro del aparato.
—¿Se destruyó? —preguntó Thoren, frustrado.
—O alguien se lo llevó.
Caminaron durante un tiempo. Hasta llegar a lo que quedaba de un antiguo puente, colosal, oxidado y vencido por el tiempo. Solo las torres principales resistían aún. El resto yacía despedazado, como huesos partidos.
Al fondo, un lago de aguas oscuras. No era profundo, pero tenía un aura espesa, enfermiza.
—Aquí decían que las lluvias eran veneno —murmuró Kael, recordando las palabras de Elsha.
Al llegar, Samvarg lo supo, dio un paso adelante. Colocó su garra sobre la orilla. El hielo brotó al instante, extendiéndose como una alfombra pálida, congelando el lago con un rugido seco.
Algo comenzó a moverse bajo el hielo.
Todo salía a la superficie, objetos, estructuras, escombros… y luego, allí.
El dron.
Enterrado parcialmente, dañado pero entero. Todavía chispeando.
Se acercaron con precaución. Samvarg y Valgor se colocaron a los lados.
Thoren lo inspeccionó desde arriba. Su núcleo brillaba, titilando como una última exhalación.
Kael se arrodilló frente a él.
—¿Podremos abrirlo?
Entonces… la voz.
Mecánica. Distorsionada. Pero clara.
—“Ustedes no entienden lo que han hecho.” —“La observación ha terminado.” —“El siguiente paso… es purga.”
Un pitido agudo.
Ambos se apartaron al instante.
¡BOOM!
Una explosión controlada. No devastadora, pero sí calculada. El núcleo del dron se desintegró, dejando atrás solo metal retorcido y humo negro.
Kael se quedó mirando las cenizas.
—No quería que supiéramos nada más.
—Alguien los está preparando para algo —murmuró Thoren—. Estaban observando cómo respondíamos.
Kael asintió. Luego, algo le llamó la atención.
—¿Lo sientes?
—Sí… —dijo Thoren, girando el rostro.
El aire… se había calentado.
No era el sol.
Era distinto.
Como si alguien respirara fuego a la distancia.
Como si algo los vigilara, mucho más allá del lago.
El vapor se alzaba en hilos lentos sobre el hielo recién fundido.
Samvarg alzó el hocico.
Valgor pateó el suelo con fuerza.
La advertencia estaba dada.
Y no era un simple dron lo que enviaría la próxima vez.
Tomaron el dron y emprendieron el camino de regreso.